Dr. Héctor L. Zarauz López.
Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora
I.
En días recientes se anunció, por parte del gobierno federal, fuertes inversiones de recursos económicos a la industria petroquímica. Ello se da como parte de un plan de recuperación de la industria energética que se inició a finales del año 2018, ante el evidente abandono y contracción que sufrió esta área productiva, fundamental para el desarrollo y autonomía económica nacional.
Para ello se diseñó una política de resguardo de los recursos energéticos, de privilegiar su consumo interno y disminuir la dependencia del exterior. La recuperación, ante el desastre perpetrado durante 36 años de los gobiernos neoliberales, ha sido lenta y costosa, sin embargo, los últimos reportes de PEMEX muestran -como parte de este plan- la disminución de la exportación de petróleo crudo y el aumento en producción y consumo de refinados como gasolina y diesel, con ello la consecuente disminución en su importación. En ese marco el sistema de 7 refinerías nacionales, incluida la recién construida en Dos Bocas, Tabasco, y la de Deer Park en Texas, conjuntamente aumentó su capacidad de producción que por ahora se sitúa alrededor del 58%. Una prueba irrefutable de la estabilidad alcanzada por PEMEX es la ratificación de calificadoras como Moody’s, pero sobre todo la reducción de 20 mil millones de dólares de la deuda de PEMEX según informó la propia presidente Sheinbaum en discurso pronunciado en el monumento a la Revolución el 30 de mayo pasado.
Además de notarse la continuidad en tal línea de trabajo, se observa la decisión de, una vez lograda la autosuficiencia petrolera, renovar el apoyo al desarrollo de la industria petroquímica, que consiste en la transformación química de los subproductos petroleros. Es decir que se forman nuevos productos, de características y usos diversos, tales como polímeros, plásticos o fertilizantes, entre varios más, que inciden en industrias como la médica, alimentaria, de la construcción, automotriz, informática, etcétera. Como se podrá observar es difícil de imaginar la vida productiva y cotidiana actual, sin la acción de la petroquímica.
II.
En nuestro país la petroquímica, se desarrolló de manera formal, años después de que se diera la Expropiación petrolera y la constitución de la empresa pública Petróleos Mexicanos (PEMEX), en el año de 1938. Primero de una manera pragmática al realizarse de facto la transformación de productos petroleros, claramente hacia finales de los años 50’s en las refinerías de Azcapotzalco y Minatitlán (en donde se había construido una planta catalítica). Estas actividades se formalizarían con la construcción de varios complejos y empresas de petroquímica de carácter estatal. De tal forma, se determinó dividir la producción petroquímica en “básica” que sería de la exclusividad productiva de PEMEX y la “secundaria” que podría ser explotada por el capital privado, tanto nacional como extranjero, ello mediante un Decreto emitido por el presidente López Mateos en 1959.
Por otra parte, se dio la creación del Instituto Mexicano del Petróleo (1965), en donde existía un Área de Procesos de refinación y Petroquímica, creada hacia los años 70’s del siglo pasado, coadyubando a la investigación en este campo energético.
Así se construyeron los complejos petroquímicos en Cosoleacaque (1962), en Pajaritos (1967), en Cangrejera (1981) y el complejo Morelos (1988), todos en el sur veracruzano, y empresas como Fertimex (1970 mientras fue estatal antes de ser rematada por el presidente Salinas de Gortari en 1996). Esta creación de infraestructura petroquímica, que se clasificó como “básica”, alentarían la aparición o desarrollo de empresas privadas en el campo de la petroquímica “secundaria”, tales como: Celanese, Tereftalatos Mexicanos (Alpek), Fenoquimia, Albamex, Cydsa-Bayer, IQUISA, entre muchas otras, sumando a la industrialización y desarrollo de la petroquímica en el país.
III.
El inicio del neoliberalismo, con el presidente De la Madrid, significó revertir estas políticas al reducir el área productiva de la petroquímica básica y aumentando la secundaria, pasando de 60 productos a sólo 8 en el año de 1992 con Salinas, quien profundizó estas medidas privatizadoras. Así el Estado perdió la exclusividad de productos como el amoniaco, esencial para la creación de fertilizantes, o del etileno, del cual deriva la producción de plásticos, por mencionar sólo algunos que, como se imaginará, tienen un alto valor agregado.
Por si fuera poco, privó una enorme corrupción a lo largo de este periodo, por mencionar sólo un par de casos emblemáticos y recientes, recordemos el de Odebrecht y el de Agronitrogenados, que comprobadamente generaron gran daño a la nación por el pago de sobornos y el abandono de la petroquímica en nuestro país.
Es en ese escenario en el que se ha hecho urgente recuperar esta rama productiva contra la cual existió una deliberada política para desaparecerla. De tal forma a las altas importaciones de gas natural, debe sumarse la dependencia en algunos productos químicos y petroquímicos, como urea (sintetizado a partir del amoniaco), fosfatos y otros que, debido al conflicto armado en Irán, han detonado sus precios, así como los del gas y otros insumos imprescindibles en la producción de fertilizantes. De hecho, los fertilizantes son de los productos cuyos precios más han subido en el planeta, según informe del Banco Mundial. Todo ello ha repercutido en nuestro país, al punto que actualmente el 70% de los fertilizantes que consume México, son importados, lo cual incide, al final, en el precio de los productos agrícolas.
En ese marco se da el anuncio, por parte de la presidenta, de un plan de reactivación de la Petroquímica y de producción de fertilizantes, con una inversión de 93 mil millones de pesos, en esquemas de inversión mixta para aumentar a 849 mil toneladas de petroquímicos y 4 millones de toneladas de fertilizantes. Esta inversión se piensa aplicar en la rehabilitación (particularmente en Cosoleacaque, Cangrejera y Morelos) y construcción de nuevas plantas (en el Complejo Escolín, en Poza Rica), con lo cual se pretende profundizar la recuperación de la autonomía energética apuntando a la soberanía alimentaria en el país, además de la creación de miles de empleos.
IV.
La solución, de acuerdo a los cánones nacionalistas enarbolados en los últimos gobiernos, conducen directo al fortalecimiento de la industria petroquímica, con un modelo económico que incluye la participación de la iniciativa privada. Es importante considerar que el plan de recuperación de la petroquímica incide en otras industrias: la médica, la automotriz y muy centralmente en la alimentaria, lo cual se manifestará en una mayor soberanía nacional.
No obstante los afanes de recuperación de esta industria, debe cuidarse su efecto en el medio ambiente que actualmente es un tema central como se ha mostrado en los meses recientes. Por ejemplo cuando se dio el derrame de petróleo en el municipio de Pajapan en el sur de Veracruz en el mes de febrero provocando protestas de comunidades nahuas, igual consideración aplica para la propuesta de utilizar el sistema de fractura hidráulica o fracking a fin de obtener gas natural (justificado a partir del hecho de que actualmente el 75 % de lo consumido en el país es importado de Estados Unidos), dicha propuesta ha provocado la reacción de grupos de especialista y de comunidades huastecas en San Luis Potosí, o bien las protestas de comunidades mayoyoreme que exigen cancelar la construcción de una planta de amoniaco a cargo de la compañía Gas y Petroquímica del Occidente de capital alemán.
Sin duda que las voces de las comunidades indígenas y de especialistas, así como el resguardo de la naturaleza, también debe tomarse en cuenta en la ineludible reactivación de la petroquímica.

