Fernanda Isabel Lara Manríquez

La historia del boxeo profesional mexicano sólo puede concebirse a través de la historia del boxeo infantil y juvenil, regularmente amateur. Incontables son las funciones, torneos, campeonatos y competencias que se disputan en estas categorías cada fin de semana en la Ciudad de México. Es una práctica tan arraigada en nuestra ciudad que llega a definir la propia cultura de la urbe e incluso, parte de la historia de sus barrios.

Y es que el boxeo infantil y juvenil mexicano se construye desde el barrio, por el barrio y para el barrio. Los espectadores de estas funciones son, en su mayoría, familias que acuden a apoyar a sus hijos y nietos, a compartir el sueño. Y son sus propios hijos por quienes se organizan estas funciones, mismas que se van alimentando y construyendo generación tras generación colectivamente, adaptándose al performance cultural de la época. Actualmente, la música que domina los eventos boxísticos es regional mexicana (encabezado por Luis Conríquez y sus “corridos bélicos”), salsa, banda, hip hop y las canciones clásicas que remiten a las gloriosas peleas de Rocky.

El boxeo, así como el boxeo infantil y juvenil, está históricamente arraigado en la cultura mexicana, al menos durante todo el siglo XX y lo que va del XXI. Comparte el lugar de deporte nacional con el fútbol, de ese que es de barrio y llanero, como aquel que recuerdan los habitantes de La Piedad Ahuehuetlán (ahora conocido como Colonia Narvarte) cuando jugaban en un gran pedazo de terreno baldío conocido como “Nahualandia”, lugar que construía los lazos comunitarios por allá en los años cincuenta cuando Buñuel se encontraba filmando en ese mismo sitio su película “Los Olvidados”.

Ese espacio les fue despojado conforme la urbanización se fue expandiendo, mismo caso que su Estadio de Béisbol “El Parque Franco Inglés” popularmente conocido como Parque Delta, el que cuentan sus habitantes como Olga Herrera (mayordoma del mole de la Fiesta Patronal de la Virgen de La Piedad por más de 50 años) que era un estadio de madera, antes que fuera comprado por el Seguro Social y luego por el centro comercial. Pero cuando el estadio era de madera, cuentan los habitantes del antiguo pueblo que su importancia era tal que transformaba la vida del lugar cada vez que había partido, algo similar al proceso que vivimos hoy en Ciudad de México por el Mundial de Fútbol 2026. El antiguo estadio construía toda una organización social y económica local que de cierta manera llegaba a representar gran parte del ingreso de las familias del lugar.

Pero el boxeo comenzaba a cobrar importancia en los barrios y en las escuelas décadas antes. Para 1889, un documento localizado en la Hemeroteca Nacional de la UNAM refiere lo siguiente: “El boxeo, muy en boga en Inglaterra y los Estados Unidos, es un ejercicio que desarrolla todas las partes del cuerpo. Además, como es preciso estudiar los golpes y prevenir el ataque del adversario, el cerebro trabaja mucho, por lo que puede considerarse el boxeo como ejercicio mixto, es decir, del cuerpo y de la inteligencia. El boxeo se hace también con los pies: este ejercicio se practica en Francia, donde es conocido con el nombre de chausson”. Este documento es una publicación sobre la educación primaria en Mérida, Yucatán, el párrafo citado aparece en su página 4.

En la misma Hemeroteca se tiene registro de un primer combate de boxeo en Pachuca para el 24 de noviembre de 1895 en el Diario El Demócrata, en el marco de ofrecer un espectáculo por parte de la Compañía del Ferrocarril Hidalgo, se preparaba que fueran saliendo varios trenes en intervalos al mismo tiempo que el combate entre Clark y Smith. Se trata de uno de los episodios más interesante en los orígenes del boxeo moderno en México, durante el Porfiriato. En esos entonces las carreras de estos dos pugilistas estaban vinculadas al ambiente minero ferroviario de Hidalgo siendo la mayoría de las mineras inglesas y estadounidenses. Se dice que dicho combate fue el primer encuentro de boxeo “formal” o “científico” registrado oficialmente en México. Como en Argentina, la historia del boxeo moderno mexicano parece vincularse a la llegada de mineros ingleses y estadounidenses.

Ciudad de México, 1918. Fotografía: Archivo General de la Nación.
Ciudad de México, 1918. Fotografía: Archivo General de la Nación.

En específico sobre el boxeo infantil, la Fototeca del Archivo General de la Nación resguarda un acervo de este deporte del que recupero esta imagen de lo que parece una practica de boxeo entre dos niños portando uniforme y probablemente se encuentran en horario escolar. La documentación encontrada parece indicar que desde finales del siglo antepasado el boxeo continuó popularizándose, incluso siendo practicado desde sus infancias. La mayoría de los boxeadores y de las boxeadoras destacados de nuestro país comenzaron sus carreras desde por lo menos los 14 años, muchos otros desde los 7 años.

Actualmente, en Ciudad de México se organizan torneos infantiles gubernamentales, algunos son federados, por ejemplo, juegos deportivos infantiles y juveniles que dependen del Instituto del Deporte estatal, alcaldías y algunas asociaciones afiliadas. Otros torneos de este tipo son ya a nivel nacional, como aquellas que dependen de CONADE y de la Federación Mexicana de Boxeo, además de los festivales olímpicos.

Hay otros torneos que han estado ligados históricamente con algunos gimnasios o zonas, por ejemplo, el torneo Guantes de Oro Amateur muy relacionado con Tepito, Peralvillo, Guerrero y Doctores en gimnasios como Pancho Rosales, Nuevo Jordán, Lupita, Romanza, y otros gimnasios de Tepito, como el Cloroformo; entre otros. También hay otros torneos infantiles y juveniles organizados directamente por gimnasios y circuitos “de barrio” o interclubes. Las alcaldías que más concentran talentos boxísticos en estas categorías son Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Miguel Hidalgo y Tlalpan.

Bajo el contexto histórico y contemporáneo actual puede dimensionarse la importancia del boxeo infantil y juvenil, tanto amateur como profesional para la Ciudad de México y para nuestro país. Los significados del boxeo en las infancias conllevan la reconstrucción de lazos sociales, cooperación, disciplina, implica una alternativa a los riesgosos futuros que les plantea el barrio a las infancias, al tiempo que teje sueños familiares y colectivos en torno al apoyo de sus hijos (y lo hijos de su barrio).

El pasado 15 de mayo, el equipo de Juan “El güerito de Tepito” Pérez organizó un evento muy grande en torno a su pelea estelar. Se trató de una función con más de 10 peleas profesionales tanto femeniles como varoniles, y una antesala con 10 combates amateurs de niños y adolescentes menores de 16 años. Entre ellos, Alessandro “Drago” Torres cuya carrera amateur en Iztapalapa y en Ciudad de México ya está llamando la atención. Son dos ocasiones en las que ha hecho sparring con “el güerito de Tepito” y son dos funciones ya a las que invita a Drago como apoyo para continuar forjando y visibilizando su carrera.

Alessandro “Drago” Torres
Alessandro “Drago” Torres

En entrevista, después de su pelea del 15 de mayo “Drago” señaló que “El güerito de Tepito” es un ejemplo que seguir por su técnica de boxeo y por cómo lo apoya su barrio. “Drago” sueña con que, así como “el güerito de Tepito” es reconocido como el hijo del barrio, él mismo se posicione así en Iztapalapa.

Alessandro “Drago” Torres, entrenado por el excampeón mundial de peso super gallo Mario “El Urakán” Macías, tiene ya una carrera amateur muy sólida pero que continúa en ascenso con 40 peleas ganadas y sólo 5 perdidas. A sus 14 años ya ha peleado en escenarios como la Arena Neza y la Arena Coliseo. “Drago” es bicampeón infantil de la Liga Amateur del Ring Central en Iztapalapa.

Dos de los aspectos que más llaman la atención en torno al boxeo infantil son, por un lado, la rigurosidad en el entrenamiento (por ende, la disciplina que muchas ocasiones ni como adulto se tiene), y la función social de este deporte de combate en barrios riesgosos como el que habita “Drago” en la Colonia Quetzalcóatl en Iztapalapa.

Su entrenador, Mario “Urakán” Macías inició el gimnasio en el que ahora entrenan hace ya varios años, “Drago” se inició ahí en el boxeo a sus 9 años (“El güerito de Tepito” lo hizo a sus 10). Es un gimnasio en un camellón cercano a un “punto rojo” del barrio, su gimnasio particularmente ofrece una alternativa a la que ofrecen estos entornos, a tal punto que dicho recinto deportivo ya cuenta con alrededor de 40 niños, niñas y adolescentes inscritos y asistentes regulares mensualmente.

Martes de Café. Coordinado por Víctor Silva, subdirector de WBC. Algunos boxeadores de la función del 15 de mayo presentes, entre ellos, Alessandro “Drago” Tores con playera blanca y Juan “El güerito de Tepito” Pérez.
Martes de Café. Coordinado por Víctor Silva, subdirector de WBC. Algunos boxeadores de la función del 15 de mayo presentes, entre ellos, Alessandro “Drago” Tores con playera blanca y Juan “El güerito de Tepito” Pérez.

Además del excelente entrenamiento recibido por “El Urakán”, el cual es notable en sus esquivas, juegos de cintura, juegos de piernas, agilidad y baile, igual de importante ha sido el papel de la madre y padre de Alessandro Torres para su desempeño, sobre todo, su disfrute de este deporte. Sus padres expresan que para ellos lo importante es que se divierta, que tenga disciplina y que haga ejercicio.

Pero no para todas las infancias y adolescencias de esa colonia, de Iztapalapa y de toda la Ciudad de México corre con la misma suerte cuando cumplir su sueño de poder entrenar boxeo se ve frenado por los entornos marginales que habitan. Algunos niños han dejado de entrenar porque no cuentan con apoyo familiar o incluso tienen que trabajar a edades muy tempranas, otros tantos abandonan el boxeo, tentados por diversos vicios teniendo menos de 15 años, o simplemente porque el ingreso familiar no es suficiente para cubrir las cuotas de entreno.

En muchas ocasiones, las carencias económicas y afectivas familiares son compensadas por los entrenadores, la mayoría de las ocasiones empáticos a las realidades de sus barrios, pero no siempre es suficiente. A pesar de los recientes programas y acciones federales de fomento al boxeo, aún hay muchos retos y espacios de acciones gubernamentales, privadas y colectivas de rescate a las infancias y adolescencias frente a un contexto nacional de violencias, desapariciones forzadas, y escasas oportunidades laborales.

En estos entornos, el boxeo se ha convertido en una razón por la cual salir adelante, es un estilo de vida y es un espacio que fomenta la construcción de relaciones sociales sanas, representa también una posición social de reconocimiento y refuerza una cultura popular mexicana de la Ciudad de México que es profunda y que ha desarrollado mecanismos para sobrevivir a la modernidad; el boxeo siempre ha encontrado la forma de moldear a la cultura popular mexicana. Alessandro “Drago” Torres y todas las infancias y adolescencias que construyen el futuro del boxeo mexicano y la gloria del presente del boxeo amateur son un ejemplo para sus coetáneos al tiempo que representan un modelo de vida.

Fernanda Isabel Lara Manríquez es doctora en Estudios del Desarrollo. Problemas y Perspectivas Latinoamericanas por el Instituto Mora, maestra en Estudios Regionales y socióloga. Escribe con el corazón, abajo y a la izquierda. Ha acompañado algunas luchas de pueblos originarios, es aficionada a la práctica del boxeo y a los movimientos sociales

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