Hace exactamente dos meses tuve la dicha de estar presente en la inauguración del Mundial de Futbol en el Estado Azteca. Lo de “dicha” no es una figura literaria, fue una mezcla de emoción futbolera, caos chilango y esa sensación de que, por unas semanas, el planeta decidió mudarse a la Ciudad de México.

Y debo decirlo como se debe. Estar en esa fiesta, y en otros partidos, no habría sido posible sin el apoyo de quienes todavía consideran que este humilde tecleador sirve para algo más que chorear. Mis valedores de Airbnb y Amazon México hicieron posible la experiencia, y aunque en su momento no tuve tiempo de agradecerles correctamente, ahora corresponde hacerlo. Muchas Gracias porque no tuve que vender un riñón para disfrutar del Mundial.

Pero más allá de los goles y las porras, el torneo dejó una radiografía de cómo funcionan hoy las relaciones humanas, los negocios y la tecnología. El Mundial no solo ayudó a encontrar nuevos amigos, también reforzó amistades viejas y, según parece, provocó grandes romances internacionales.

Datos de Tinder compartidos por US Media, representante exclusivo de la plataforma en América Latina, revelan que durante el Mundial 2026 la actividad de usuarios internacionales creció en promedio 47%.

Mientras algunos analizaban el fuera de lugar semiautomático, otros analizaban perfiles con banderas. Los números son todavía más reveladores. Los matches crecieron 96.5% en México, 66.1% en Canadá y 59.8% en Estados Unidos. En ciudades sede como Guadalajara y Monterrey, las interacciones aumentaron entre 32% y 57% durante los días de partido. El futbol confirmó que el idioma universal no es el inglés, es el pambol.

US Media interpreta estos datos como una demostración de que los grandes eventos presenciales no compiten con las plataformas digitales. Al contrario, se alimentan mutuamente. Las marcas, las que desde hace años interrumpen con anuncios justo cuando queríamos ver el gol deben entender que es mejor integrarse al momento cultural que invadirlo.

Pero también del lado económico, el balance para México resulta bastante favorable. Deloitte calculaba hace unas semanas un impacto económico directo de 2,543 millones de dólares, equivalente aproximadamente a 0.12% del PIB nacional.

La Ciudad de México encabezaba la captación con más de 548 millones de dólares aportados a su PIB local. Jalisco sumó alrededor de 290 millones y Nuevo León unos 270 millones.

Los chilangos lo vimos intentado conseguir mesa en la Roma, la Condesa o el Centro Histórico, el gran ganador fue el sector gastronómico. Restaurantes, bares deportivos y zonas de aficionados captaron alrededor de 584 millones de dólares.

El flujo turístico también fue considerable con cerca de 494 mil visitantes vinculados directamente al torneo, entre extranjeros y viajeros nacionales. Hospedaje y transporte generaron conjuntamente más de 550 millones de dólares.

Hasta aquí todo parece una postal perfecta del éxito mundialista. Sin embargo, existe una víctima silenciosa de la fiesta futbolera: el viaje corporativo.

Mientras el país entero se emocionaba con las historias de Morita y Don Memo, muchas empresas simplemente dejaron de viajar. Y siendo honestos, era previsible. Tratar de programar una junta estratégica durante un partido importante equivalía a competir contra el mundo.

Los datos de Onfly, plataforma tecnológica especializada en gestión de viajes corporativos, confirman la sospecha. Durante el Mundial las ventas del segmento cayeron 21% en México. Lo interesante es que el rebote fue inmediato. Julio y agosto ya muestran una recuperación de 34% en el segmento, lo que sugiere que las empresas simplemente pospusieron viajes en lugar de cancelarlos definitivamente.

Estos datos son relevantes pues México es el segundo mercado de viajes corporativos más grande de América Latina, sólo detrás de Brasil. Según Juan Camilo Valencia, Country Manager para México de Onfly, este segmento representa aproximadamente una cuarta parte del gasto turístico total del país, y las proyecciones apuntan a que podría superar los 30 mil millones de dólares hacia 2033.

La empresa cerró el año pasado con ventas de 89.9 millones de pesos mexicanos y apunta a alcanzar los 200 millones de pesos mexicanos este año, lo que representa un crecimiento del doble.

Onfly quiere capturar justamente el espacio que suele quedar abandonado entre las agencias tradicionales y las grandes firmas corporativas internacionales. De un lado hay más de ocho mil agencias pequeñas que todavía operan con llamadas telefónicas y hojas de cálculo y del otro, gigantes corporativos que cobran tarifas mensuales capaces de provocar taquicardia.

Valencia dice que su empresa intenta colocarse en medio con una propuesta bastante pragmática con mucha tecnología, poca burocracia y un modelo de tarifa plana mensual en lugar de comisiones por cada reserva. Ellos se definen como una agencia de viajes con una robusta capa tecnológica (80% tecnología, 20% agencia).

Onfly nació en Brasil hace 6 años, buscando ser líder en el mercado de viajes corporativos de la región. Hace más de un año y medio ingresó a México como parte de su proyecto de expansión en LATAM y asegura que puede resultar hasta 60% más económica que algunos esquemas tradicionales. Su argumento central es que, si más de 90% de las reservas puede automatizarse mediante inteligencia artificial y reglas predefinidas, no tiene sentido mantener estructuras operativas enormes para tareas repetitivas.

Lo verdaderamente interesante no es la reserva del vuelo, sino la capa de información que genera. Las empresas pueden saber quién viaja más, qué hoteles utiliza, cuánto gasta cada área y dónde existen oportunidades reales de negociación con proveedores. Así el Travel Manager deja de ser la persona que persigue facturas y se convierte en alguien que analiza patrones de gasto.

La plataforma también se integra con sistemas ERP como SAP, Microsoft Dynamics u Oracle mediante APIs, permitiendo que la información de viajes fluya directamente hacia contabilidad y finanzas.

Y hay un dato que me parece especialmente revelador de hacia dónde va la industria. Onfly promete atención humana en menos de dos minutos para el pequeño porcentaje de casos que la automatización no resuelve, y actualmente presume tiempos cercanos a 36 segundos. Usar tecnología para eliminar fricción y humanos para resolver problemas auténticos.

Al final, el Mundial dejó varias enseñanzas simultáneas. Confirmó que México puede atraer turismo y consumo a gran escala. Demostró que las aplicaciones de ligue prosperan cuando millones de personas comparten una emoción colectiva. Y evidenció que incluso el implacable mundo corporativo puede poner en pausa sus juntas cuando rueda el balón. ¿Todavía piensas que el futbol es solo un deporte?

*Columnista y comentarista

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios