Hay quien jura que su clase de yoga le cambió la vida, otros que el pilates les alineó los chakras. Otros prefieren discutir novelas en un club de lectura o preparar pastas en clubes de cocina. Unos más presumen su disciplina de gym como si fuera estrategia de vida y hay quienes defienden la cascarita de los martes a las 10 de la noche como si de ahí fueran a salir convocados a la selección.

Bien por ellos. Cada uno combate el estrés como puede. Lo curioso es que, en medio de ese menú de escapes, pocos voltearían a ver a la inteligencia artificial como una actividad casi recreativa. Error.

Mientras medio país se estira, el otro medio está entrenando… pero algoritmos. En un carril menos sudoroso y bastante más rentable hay gente entrenando inteligencias artificiales, pero no para relajarse, sino para cobrar. Porque mientras tú decides entre pilates o spinning, el mercado laboral decidió pagarle a quien les enseñe a las máquinas a no decir estupideces.

Ahí aparece México colocándose como proveedor de entrenadores de IA para empresas extranjeras. El Reporte de Contratación Global 2025 de Deel coloca a México como uno de los mercados más dinámicos en la contratación de entrenadores de inteligencia artificial en América Latina con un crecimiento de 408% en solo un año.

No es casualidad, es hambre de talento pues, del otro lado de la ecuación, empresas extranjeras (que no contratan por caridad); apuestan por los mexicanos porque les resulta más eficiente, más cercano en husos horarios y, sí, más competitivo.

En 2025, la contratación de profesionales mexicanos por empresas del exterior creció 53%. Cada vez más talento trabaja para mercados globales sin moverse de su silla y sin salir en trocas a las 4 de la mañana. La exportación ya no es de manufactura, es de “mentefactura” y en ese paquete los entrenadores de IA son la nueva joya de la corona.

¿Y qué hacen estos personajes? Los entrenadores de IA no salen en series, no dan conferencias motivacionales y difícilmente alguien presume que se dedica a etiquetar datos. Pero son los que evitan que los sistemas digan tonterías monumentales. Validan respuestas, corrigen sesgos, etiquetan datos, adaptan modelos a contextos culturales. Básicamente, hacen el trabajo sucio para que la máquina parezca inteligente. Sin ellos, la IA sería ese amigo que opina de todo sin saber nada.

Y como en todo mercado, hay niveles. Aunque hay entrenadores generalistas también hay especialistas en medicina, economía, traducción o matemáticas. La IA no se entrena sola, se educa con criterio humano. Y ese detalle, que parece obvio, es el que está generando una nueva capa de empleos que no existían hace cinco años.

Y hablando en plata (literal) ¿sabemos cuánto se paga como entrenador? De acuerdo con la empresa Deel, a escala global un 30% de estos entrenadores gana entre 15 y 20 dólares por hora. Otro 19% se mueve entre 50 y 75 dólares, y un selecto 6% supera los 100 dólares por hora. En México, el promedio ronda los 15 dólares. No son salarios tipo Silicon Valley o Wall Street, pero tampoco está mal. Es, digamos, una nueva clase media digital en construcción.

Y cuando Emiratos Árabes Unidos o Dinamarca empiezan a contratar talento mexicano para entrenar a sus máquinas, queda claro que el mapa laboral ya no respeta geografías tradicionales.

Pero no todo es contratar individuos, también hay quienes apuestan por construir comunidad, que suena menos sexy, pero resulta más estratégico.

En un contexto donde la disponibilidad de talento especializado es clave para escalar la adopción de inteligencia artificial en América Latina, Oracle presentó Oracle Innovators Club durante el evento Data Deep Dive. Se tata de una iniciativa que intenta cambiar el modelo clásico de capacitación por algo más cercano a un club. Otro tipo de club (sin balón, yoga, sartenes o macramé) donde desarrolladores, estudiantes y líderes tecnológicos colaboran en soluciones reales.

El dato relevante aquí no es el nombre, sino el enfoque. Más de 55 comunidades, 70 líderes y 80 encuentros en la región. En Buenos Aires pasaron de cero a siete grupos en un mes como una señal de que el talento ya no quiere cursos, quiere ecosistemas.

Según PwC, las habilidades requeridas para trabajos expuestos a la IA cambian 66% más rápido que en otros roles. En México, las vacantes relacionadas con Inteligencia Artificial pasaron de 2.2% en 2021 a más de 3.6% en 2024 y los empleos vinculados con IA crecen 3.5 veces más rápido que otros roles tecnológicos. O sea, el que no se suba, se queda.

Es claro que el yoga relaja, el gimnasio distrae y la cascarita entretiene. Pero mientras haces la postura del guerrero, hay alguien entrenando un algoritmo que probablemente termine tomando decisiones por ti, por tu empresa o por tu mercado. No es que uno esté mal y el otro bien. Es que uno relaja y la otra paga. Quizá el verdadero club al que conviene inscribirse no tiene pesas o sartenes, pero sí datos, código y una buena dosis de sentido común con varios dólares para transferirte.

Guerra de infraestructura

En el negocio de las telecomunicaciones mexicanas Megacable y Totalplay siguen jugando a ver quién conecta más casas y quién sobrevive mejor al costo de hacerlo.

Megacable llegó al primer trimestre de 2026 con números que le permiten presumir ingresos por 9 mil 357 millones de pesos, un crecimiento de 8.7%. Su motor es el segmento masivo, que subió 11.3% lo que significa tener más hogares pagando por internet, televisión y lo que se acumule. Su base de suscriptores de internet alcanzó casi 5.9 millones, con 101 mil nuevos usuarios en solo tres meses. Nada mal para un mercado donde cambiar de proveedor suele ser más complicado que una mudanza.

El dato que Megacable quiere tatuarse en la frente es que 86% de sus clientes ya están en fibra óptica. O sea, dejar atrás el cobre y vender la idea de un operador “full fiber”. Suena sofisticado, aunque para el usuario promedio solo signifique que Netflix se traba menos.

Del otro lado Totalplay juega un partido más extraño. Sumó 115 mil usuarios en el trimestre y llevó su base a más de 5.5 millones. Sus ingresos crecieron 3% hasta 11 mil 177 millones de pesos. Hasta ahí, todo en orden; pero el detalle incómodo fue que reportó una pérdida neta de mil 327 millones de pesos. Sí, vende más, pero todavía le cuesta ganar dinero.

No todo es drama porque Totalplay recortó 30% su pasivo por arrendamiento y 22% su cuenta de proveedores. En otras palabras, está poniendo la casa en orden mientras sigue creciendo.

Al final, el sector no está en guerra por precios, sino por infraestructura. Fibra, cobertura y clientes cautivos pues en México elegir un proveedor no es decisión técnica, es un acto de fe. Tanto Megacable como Totalplay saben que el verdadero negocio no es conectar… sino que no te desconecten.

Columnista y comentarista

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