El entonces príncipe Felipe de Asturias se reunió con estudiantes mexicanos en 1997, que acudieron de todo Europa a Madrid. Parecía prepararse para entender a las nuevas generaciones del país hermano. El futuro jefe de Estado no sabía que el México profundo era más complicado y que le tocaría lidiar con un pariente lleno de tensiones. Esta imagen recuerda a la del presidente mexicano Lázaro Cárdenas abrazando a “los niños de Morelia” en 1937, dando paternidad a los huérfanos españoles de la guerra civil y cuando tampoco era muy fácil entender a España.

En fechas recientes se revivió un resentimiento mucho más viejo, el de la dominación española, llámese conquista, colonia o virreinato. Y no debe ser pequeño, si después de dos siglos de independencia, una parte de los mexicanos sigue asociando la explotación extranjera y el racismo a los españoles.

En España el reclamo generó reacciones encontradas, sobre todo entre los que visitan México con frecuencia. Algunos de sus actores políticos se polarizaron, unos sustentando la necesidad de disculpas y otros replicando que los mexicanos deberían agradecer por la influencia española. El rey Felipe VI respondió a esa antigua herida con una disculpa (marzo de 2026) y reconoció los "abusos” durante la colonización de América.

La relación actual de México con España mezcla lazos profundos, nuevos y viejos prejuicios. Pero como en la época de Cárdenas, los conflictos mundiales hacen ver sus diferencias pequeñas. La crisis energética global afecta a los españoles y la Unión Europea. Se recuerdan pocos episodios, desde la anexión de Florida y la independencia de Cuba, donde Estados Unidos reprochara a España un tema de seguridad, como ahora lo hace con la OTAN. Al tiempo, México, con una economía altamente dependiente de Norteamérica, perdió la relación tersa con su vecino del norte. Por eso, adquiere un significado mayor que hoy ambos sean economías globales y miembros del G20. Al jugar uno en Europa, principalmente, y el otro en América del Norte, pueden ser más que familiares lejanos.

Es bien sabida la presencia económica española en México con sus 6 mil empresas. Las tierras mexicanas han sido muy atractivas, sea para migrar o hacer negocios. Ahora los mexicanos pagan el favor: desde fechas recientes, más mexicanos se mudan a suelo español y asientan pequeños y grandes negocios. Sólo en 2025, más de 28 mil mexicanos obtuvieron residencia legal en España, un incremento del 41% y lo que posiciona a México como la cuarta nacionalidad con más residencias concedidas.

La hispanidad y el idioma español son plataformas de influencia tan españolas como mexicanas. A nivel global, son la mejor herramienta de poder suave, pues proyectan ambas culturas de la mano. El idioma español “mexicano”, mayoritario en Estados Unidos, es usado por un tercio de los hispanohablantes del planeta. Un ejemplo de ese poder de atracción conjunto es el Instituto Cervantes, perteneciente a España y que es uno de los mayores promotores de cultura mexicana, en sus 90 sedes internacionales. Sólo sobre Sor Juana difunde cerca de 5 mil obras (4,988), sumadas a 282 de Nezahualcóyotl.

Cambian los cánones entre los dos países y ello debería incluir la alineación de intereses nacionales y la mitigación de resentimientos. México ha sido un imán natural para los españoles y ahora el magneto para los mexicanos está también cruzando el Atlántico.

Especialista en geopolítica y miembro de COMEXI

Comentarios