Quebrarse por dentro

Héctor De Mauleón

Se revelaron los perfiles siniestros de otra pandemia, para la que no existen conferencias ni mecanismos de contención

Cuando llegó el tsunami, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México recibía cada mes un promedio de 800 llamadas y mensajes de auxilio. En marzo de 2020 comenzó el confinamiento a consecuencia de la Covid-19 y entonces se revelaron los perfiles siniestros de otra pandemia, una pandemia silenciosa para la que no existen conferencias “mañaneras” ni vespertinas: tampoco mecanismos de contención.

A partir de esa fecha comenzaron a llover llamadas a las líneas de seguridad y los chats de confianza del Consejo.

Una:

“Me quiero matar, me estoy cortando”.

Otra:

“¿Podrían ayudarme? Necesito apoyo emocional. Tengo ataques de pánico, tengo pensamientos suicidas”.

Otra:

Siento una gran depresión. Dejé la uni por el covid, trabajo en un lugar donde no gano lo suficiente y no es lo que me gusta, con mi familia no hablo mucho”.

Y otra más:

“Soy camillero, trabajo en un hospital Covid y tengo ataques de ansiedad desde que me dio Covid. No me puedo controlar, ya me desahogué, ya lloré, tengo mucho miedo y no se me quita. Ayer tenía la presión un poco alta, no he comido bien, estoy fumando y la verdad no sé qué hacer.

Siento que me oprimen el pecho, me tiembla la cara, me da taquicardia. Mi primer ataque de ansiedad fue en enero, cuando me detectaron Covid. Estoy ojeroso, anímicamente estoy por los suelos y si me levanto es por mi hija. Antes era una persona muy sociable. Ahora ya no puedo, todo esto siento por causa de la enfermedad que nos afecta a todos”.

Las solicitudes de auxilio o de apoyo que reproducían climas mentales como los arriba descritos fueron escalando de manera impresionante.

En marzo esas 800 llamadas se habían convertido en 1,401. En abril, en 2,234. En mayo en 2,492, y en junio: 2,564.

A partir de octubre de 2020, en los registros de este organismo se podía sentir, en toda su magnitud, la herida interior, los estragos que la pesadilla iba dejando a su paso.

Octubre: 3,890 llamadas. Diciembre: 3,225.

Enero de 2021: 3,958. Febrero: 4012...

En el año transcurrido desde el inicio del confinamiento y el aislamiento social, el equipo del Consejo Ciudadano (formado por 89 sicólogos) brindó 39 mil 878 atenciones. De estas, una cifra altísima, 22,486, se dieron entre octubre y marzo de 2021, cuando la incertidumbre, la depresión, los problemas económicos, los cuadros de ansiedad, la sensación de frustración, la irritabilidad, el empeoramiento en la calidad del sueño y múltiples situaciones estresantes golpeaban bestialmente a la población.

En esos meses, la mayor parte de quienes solicitaron auxilio (65 por ciento) fueron mujeres. El 32.7 por ciento tenía entre 12 y 25 años:

“Mi familia me trata mal, me odia. A veces pienso que nunca debí haber nacido. Quiero colgarme con una cuerda, quiero colgarme hasta no poder más”.

“Me da pánico que mi mamá y mi padrastro puedan llegar a ahorcarme… Mi mamá constantemente me insulta, me pega y me dice cosas que me duelen y mi padrastro me grita y creo que manipula a mi mamá, ya que mi mamá nunca había sido mala”.

Los problemas de pareja, los conflictos familiares, la ansiedad, la fatiga pandémica y la depresión fueron las situaciones más reportadas.

El confinamiento obligado, la falta de contacto social, la desazón, el agotamiento provocado por las nuevas rutinas, las interacciones entre miembros de familias tóxicas, así como la “sensación subjetiva de soledad”, han introducido los problemas de salud mental como una nueva “pandemia silenciosa” que, según la Organización Panamericana de la Salud, golpea con dureza sobre todo a menores de 30 años.

Como se sabe, en Japón el suicidio mató seis veces más personas que el coronavirus a lo largo de 2020 –lo que provocó la creación de un ministerio de la soledad. La Organización Mundial de la Salud reporta que en el mundo entero la gente está siendo quebrada por un sacudimiento interior.

Estos meses de horror, de pérdida de conocidos, de cercanos y seres queridos; este año de desesperanza, agotamiento y miedo generalizado está dejando en nosotros una herida que no se curará con vacunas ni discursos sobre camas disponibles en los hospitales…

Una herida que gritan los números del Consejo Ciudadano, que acaso no estamos atendiendo, y que no tardará mucho tiempo en revelarse en su verdadera dimensión de vidas humanas rotas y destruidas.

@hdemauleon
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