El sábado 6 de enero, a las 8:30 de la noche, un comando irrumpió en el palenque municipal de Petatlán, Guerrero, en donde se concentraban unas cien personas. El grupo armado ubicó a cinco individuos, según relato de testigos. Los hincaron y les dispararon en la cabeza. Luego salieron del lugar, disparando sobre la multitud armas de alto poder.

Ocho personas perdieron la vida a consecuencia de la agresión y por lo menos 20 quedaron heridas.

En julio de 2016, Edilberto Bravo Barragán, El Gavilán, líder de la llamada Guardia Guerrerense –una escisión de los Caballeros Templarios–, fue detenido por la División de Inteligencia de la entonces Policía Federal en una casa que pertenecía al exalcalde perredista de Petatlán, Esteban Cárdenas Santana.

Se le acusó de secuestro. Tenía abiertas, además, cuatro carpetas de investigación por delincuencia organizada.

Fue sentenciado a 50 años.

A finales de 2021, sin embargo, el magistrado Benjamín Gallegos Segura ordenó su inmediata y absoluta liberación, por la supuesta falta de “pruebas fehacientes” y por supuestas inconsistencias en el proceso.

En reportes de inteligencia se afirma que El Gavilán tiene nexos familiares con quien fuera jefe de oficina del exgobernador priista Héctor Astudillo, Alejandro Bravo Abarca.

En todo caso, El Gavilán salió de la cárcel con la idea de retomar el control de Petatlán.

En los años de su reclusión, este municipio, al lado de los de Tecpan, Zihuatanejo y la Unión (desde donde se opera el envío de heroína, droga colombiana y precursores hacia los Estados Unidos) había quedado bajo el mando de un sujeto apodado El Ruso Coria: Oliver Coria Hernández, cuyo jefe de sicarios, Uriel Valencia García, El Chivo Loco, fue acusado de ordenar la emboscada en la que seis policías estatales perdieron la vida en 2018.

Coria se había enfrentado con otro líder criminal de la región: Crescenciano Arreola, El Chano Arreola, líder de supuestas autodefensas que en realidad operan al servicio del narco.

El Ruso Coria se negó a entregar el mando. De acuerdo con reportes consultados, Chano Arreola y El Gavilán se aliaron para desplazarlo y pactaron asimismo con los jefes de la Familia Michoacana, Johnny Hurtado Olascoaga, conocido como El Pez, y su hermano José Alfredo, al que apodan El Fresa.

“Vamos por ti, Ruso”, se escuchaba en un video que los grupos criminales subieron a las redes.

Las masacres y los enfrentamientos ocurridos en la zona serrana de la Costa Grande se dispararon. En el resto del municipio repuntaron los secuestros. En julio de 2019 pobladores de la zona marcharon para exigir al gobierno de López Obrador que se pusiera fin a la violencia.

La ruptura entre los viejos líderes de la Guardia Guerrerense llenó de muertos la región.

Con apoyo de comisarios ejidales y presidentes municipales, El Gavilán tomó de nueva cuenta el control de Petatlán y de otros municipios. Se dice que es en esos municipios donde los hermanos Hurtado Olascoaga encontraron protección luego de la persecución que se desató en su contra hace más de un año, cuando El Fresa ordenó la ejecución de 22 personas en San Miguel Totolapan.

Curiosamente, dos días antes de que el comando irrumpiera en el palenque de Petatlán para acribillar a la cuarta parte de los asistentes a una pelea de gallos, el alcalde Perfecto Javier Aguilar Silva (quien se pasó a Morena en octubre), tuvo la precaución de pedir licencia por tiempo indefinido.

Petatlán, otro de los municipios del estado gobernado por Evelyn Salgado, en donde la única ley es la que dicta el crimen organizado, volvió a entregar su cuota de sangre en un inicio de año en donde más de 300 personas fueron asesinadas en solo cinco días.

De ese modo comienza el último año de un sexenio sembrado de tumbas.

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