En el marco del Día Internacional de las Comunidades Originarias la presidenta manda renombrar el histórico Paso de Cortés, que atraviesa las faldas del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl: el lugar desde el que, acompañado por los aliados indígenas que poco después le ayudarían a tomar la capital del imperio mexica, Hernán Cortés vislumbró por primera vez Tenochtitlan.
Para valorar la memoria de los pueblos que atravesaron por ese camino antes que Cortés, la presidenta manda que se le llame Paso de los Pueblos Indígenas.
Dice Claudia Sheinbaum que los comentócratas que han criticado la necesarísima e impostergable decisión, tendiente sobre todo a desviar la atención de los graves problemas y el tremendo desgaste que enfrenta su administración, “veneran a Hernán Cortés”.
Alega, en cambio, que “nosotros estamos en un momento distinto en la historia de México, de reconocer a los pueblos indígenas, ya reconocidos en la Constitución como sujetos de derecho pleno”, y que ahora “hay que reconocer en la historia”.
La presidenta omite mencionar que en el último reporte trimestral de la Secretaría de Hacienda se le redujeron casi 3 mil millones de pesos al presupuesto aprobado para el desarrollo de estos pueblos que la presidenta quiere honrar, aunque sea solo de palabra.
De acuerdo con datos del Inegi, las comunidades originarias registran los mayores rezagos en infraestructura básica en el país. Pero pueden sentirse contentas, porque Sheinbaum ha ordenado que el célebre paso sea bautizado con su nombre.
A casi dos años de su llegada al cargo, la presidenta actúa como propietaria. Decide qué nombres deben estar en los mapas y manda a su inefable consejera jurídica a que explore posibilidades para que esto se lleva a cabo.
Hace unos días, con aire que pretendía ser juguetón y divertido, el secretario de Educación Mario Delgado grabó un video para decir que “ya cayó el dinerito”, 2,500 pesos, que la presidenta les manda a 10 millones de niños “como apoyo para útiles, uniformes o, por qué no, un buen libro”.
Así que el presupuesto público, el dinero de los impuestos, es propiedad también de la presidenta, y es ella quien se lo manda a los niños.
No solo eso, ella misma ha admitido en una reciente “mañanera” que el dinero público se usa de manera patrimonialista.
Dijo la presidenta que hay medios que no quieren a su gobierno, “pues porque no les damos ‘chayote’, así, tan sencillo como eso”.
Agregó que hay medios a los sí se les distribuye dinero “a partir de sus audiencias, es el esquema que tomamos”.
Y luego confesó: “Hay algunos a los que no les damos: TV Azteca no recibe, Reforma tampoco, EL UNIVERSAL tampoco. Abiertamente lo digo (…) Pero todos los demás medios reciben a partir de sus audiencias”.
Se trata de una de las declaraciones más desafortunadas que la mandataria ha emitido en sus “mañaneras”. Sheinbaum sostiene que las críticas a su gobierno provienen de quienes dejaron de recibir recursos, y luego enumera a tres medios que le resultan incómodos y a pesar de sus constantes embestidas han mantenido un carácter crítico.
Estos no reciben publicidad “a partir de sus audiencias”, muy superiores a las de algunos medios que incluso son groseramente obsecuentes. Sheinbaum lo dijo “abiertamente”: no reciben porque “no nos quieren”.
El problema para la presidenta es que, por ley, la publicidad no puede repartirse según el número de aplausos. No puede entregarse a partir de criterios oscuros, sino transparentes y susceptibles de ser verificados. El presupuesto no es patrimonio de la presidenta: ella no puede decir a quién sí y a quién no se le entrega, aunque ya dijo “abiertamente” que sí lo hace.
Hace casi medio siglo que José López Portillo acuñó la frase “No pago para que me peguen”, cuando le cortó la publicidad oficial a la revista Proceso. La frase no ha sido olvidada en casi 50 años: se volvió emblema de uno de los momentos más oscuros de la relación entre prensa y poder en México. Al intentar responder a una pregunta sembrada por un conocido palero de la 4T, puso de manifiesto su verdadero talante “democrático” y la manera en la que, a casi dos años de su llegada al cargo, ha comenzado a actuar como si fuera dueña de México.
Todavía está fresco el debate que desataron sus lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias, que dejan abierta la puerta para que una comisión reguladora integrada por gente elegida por su gobierno decida qué se puede decir y qué no, nos diga qué información es falsa y cuál ha sido sacada de contexto.
Justo cuando Sheinbaum intentaba convencernos de las bondades de sus lineamientos, ingenuamente nos muestra su verdadero rostro. El rostro de la dueña de México.
@hdemauleon
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