El infierno de Laurie Ann

Héctor De Mauleón

Vino la oleada de calumnias, descalificaciones y ataques brutales ataques con que hoy se paga en México el precio de disentir, de criticar, de no estar de acuerdo

“Sucia extranjera”, “mereces una bala en tu cabeza”, “eres una vividora, vienes a este país a robar y a aprovecharte de la ignorancia y la estupidez (…) del mexicano”, “Ratera”, “Cerda, puerca”, “Inválida”, “mereces que te metan una escopeta en el ano y luego tiren del gatillo, mal parida hija de p…”.

No son todos, pero sí algunos, los insultos más recurrentes que la doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie ha recibido en los últimos meses.

Se trata de una avalancha, una catarata que no se detiene y que llega de manera constante durante horas, a veces durante semanas.

“¿De dónde sale tu lana?”, “mezquina, miserable”, “la nueva prostituta del sistema”.

La cascada comenzó hace diez meses, tras la publicación de un artículo titulado “El fiasco del siglo”, en el periódico Reforma. En este, Ximénez-Fyvie, titular del laboratorio de genética molecular de la UNAM y doctorada en Harvard en Ciencias Médicas, criticó –a solo dos meses de que el Covid fuera declarado pandemia– la frivolidad, las medidas insuficientes, la inacción, el discurso condescendiente, la resignación con que el gobierno de México estaba enfrentando la mayor tragedia sanitaria, el peor azote de la humanidad a lo largo de un siglo.

El artículo le dio a la doctora una visibilidad extraordinaria: comenzaron a buscarla los medios, se le solicitaron entrevistas, sus declaraciones fueron replicadas.

Ximénez-Fyvie anunciaba desde mayo de 2020 la estela de sufrimiento y devastación económica que el día de hoy se ha vuelto una realidad.

Desde aquel primer momento la científica advirtió que la estrategia federal, con Hugo López-Gatell al frente, había tomado un rumbo equivocado: llamó la atención sobre las declaraciones perjudiciales para la contención de la pandemia que frecuentemente lanzaba el subsecretario; alertó sobre la continua descalificación de medidas preventivas, como el uso del cubrebocas; denunció “la reiterada desinformación al sugerir que los portadores asintomáticos no pueden contagiar a otros” y el error garrafal de insistir en que la realización de pruebas diagnósticas masivas carecía de utilidad alguna.

Ximénez-Fyvie se atrevió a calificar de “ignominioso ejercicio de la estulticia científica” esta declaración de López-Gatell: “La fuerza del presidente es moral y no es una fuerza de contagio”.

A finales de diciembre, la doctora publicó el libro “Un daño irreparable. La criminal gestión de la pandemia en México” (editado por Planeta), que vendió miles de copias y se convirtió en un éxito de ventas incluso antes de aparecer.

Para entonces el número de muertes admitidas rondaba 140 mil y el paisaje cotidiano se había vuelto desolador: familias rotas, vidas quebradas, dramáticas caravanas de enfermos que deambulaban por los hospitales en busca de una cama y un tanque de oxígeno.

El libro de Ximénez-Fyvie narraba con estricto apego a los datos la ruta que nos había llevado hasta ese punto: ocupar, entre otras cosas, los primeros lugares del mundo en muertos, contagios y muertes de personal médico.

La autora aseguraba que tarde o temprano vendría la rendición de cuentas, que la historia no trata con amabilidad a los científicos que faltan a la ética y sacrifican y arriesgan la vida de las personas.

Lo que había ocurrido antes se volvió entonces un juego de niños. Las “benditas” redes, las voces más serviles, supuestos periodistas “independientes” y medios encargados de defender hasta la abyección los peores errores del gobierno, iniciaron el bombardeo.

Vino la oleada de calumnias, descalificaciones y ataques brutales ataques con que hoy se paga en México el precio de disentir, de criticar, de no estar de acuerdo.

“Te vas a morir, te vas a morir”. “Perra inválida”…

La científica fue acusada de estar al servicio de las farmacéuticas, de la industria de la chatarra, de Felipe Calderón… Fue acusada de “odontóloga”, de “mentir y propagar información imprecisa”, de haber sido “elegida por la prensa anti Amlo” para atacar “al doctor López-Gatell”, de querer “sacar dinero de nuestro país por medio del chayote”, de hacerse pasar por epidemióloga “para polarizar”. Llegaron a acusarla de no haber escrito su libro. Alguien afirmó que como en el país no había académicos dispuestos a ser tan ruines, los enemigos del pueblo se habían “decantado” por una odontóloga.

El linchamiento se prolongó durante horas, días, semanas.

“Cuídate, te vas a morir”.

La vida de alguien que vivía en un laboratorio se ha vuelto hoy un delirio de acoso, difamación y amenazas personales.

“¿Con cuánta seriedad se debe tomar esto? ¿Cómo estar seguros de que no va a pasar nada?”, preguntó la doctora hace unos días.

Reseñar la tragedia de México trajo a su vida preocupación, insomnio, ansiedad, alejamiento temporal de sus seres queridos.

Agradezco su valentía: a pesar de todo, acaba de anunciar que la tercera ola se nos vendrá encima en unas semanas, y que seguimos igual de desprotegidos.

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