El litio ha estado en las noticias. Cómo todos ya sabemos, AMLO “nacionalizó” el litio mediante una Ley aprobada por el Congreso en abril de este año y posteriormente se creó un organismo público descentralizado “LitioMX” cuyo objetivo será "la exploración, explotación, beneficio y aprovechamiento del litio, ubicado en territorio nacional, así como la administración y control de las cadenas de valor económico de dicho mineral".
El litio es un recurso fundamental para la fabricación de baterías de Litio-Ion que representa la tecnología dominante para baterías que se usan para vehículos eléctricos, pero también para el almacenamiento de energía derivada de su producción doméstica e industrial mediante paneles solares.
La nacionalización y creación de una empresa estatal de litio puede haber hecho felices a muchos que fetichizan la propiedad estatal de recursos naturales llamados estratégicos. Pero lo que muchos no han visto es que, en el desarrollo futuro de las industrias de almacenamiento de energía, el litio no es en donde está el dinero.
El verdadero valor agregado está en la cadena productiva que lleva del litio y otros insumos, a las baterías fabricadas e instaladas. El mercado del litio se estimó en 2021 en 6.83 mil millones de dólares y crecerá 12% al año entre 2022 y 2030 mientras que el mercado de baterías basadas en litio era de 42 mil millones de dólares en 2021 con un crecimiento esperado de 18.1 % anual compuesto entre 2022 y 2030 para alcanzar 182 mil millones de dólares de valor en el 2030[1].
Es absolutamente cierto que el futuro del mercado automotriz impulsado por electricidad depende del suministro de baterías cada vez más baratas, de más alto rendimiento, mayor duración y que sean más fáciles de reciclar. La demanda de baterías NCA (litio-níquel-cobalto-aluminio-oxido) está creciendo rápidamente en la medida en que crece la producción de vehículos eléctricos. En 2021 las baterías para vehículos eléctricos representaron el 74.4% del mercado, con un incremento de 90.2% con respecto a 2020.
Pero aún más importante puede llegar a ser otro mercado: el del almacenamiento estacionario de electricidad producida mediante energías renovables intermitentes, léase solar y eólico.
Este mercado actualmente está dominado por la tecnología conocida como PSH por sus siglas en inglés (Pumped Storage Hydropower), que consiste en bombear el agua utilizada por las hidroeléctricas mediante energía renovable intermitente en los momentos de alta producción y bajo consumo para reutilizarla en otro momento. Sin embargo, ésta no es la única forma de almacenar energía renovable, pues se puede almacenar a través de baterías de Litio-Ion industriales. La demanda para ese tipo de almacenamiento alternativo al PSH, se proyecta que alcanzará los 300GWh a nivel global para 2030. Esto representa un crecimiento anual compuesto (CAGR) de 27% para el almacenamiento relacionado con la red eléctrica, y 8% anual para aplicaciones industriales como centros de logística y centros de datos. Los mercados más importantes están, sin sorpresa alguna, en Norte América (41.1. GWh), China (32.6 Gwh) y Europa (31.2 GWh)[2]
La importancia de este mercado radica en que la promesa del almacenamiento estacionario está en resolver el problema, tan frecuente y falsamente utilizado en México por la presente administración para justificar su política energética, de la intermitencia de las energías renovables. En efecto, por sus características propias ni la energía solar ni la eólica puede garantizar una producción estable día con día, semana con semana. Sin embargo, debido a la ley de los grandes números que establece que entre más grande es el número, digamos de generadores, menor es la variación en la generación, está ya demostrado tanto teórica como prácticamente que una red eléctrica puede funcionar muy bien con un muy elevado porcentaje de generación de fuentes renovables aunque sean intermitentes. Sin embargo, sí es necesario un mínimo de fuentes adicionales para compensar las variaciones en el suministro. La red del sur de Australia, de más de 1GWh por ejemplo, ha logrado funcionar días y días sin carbón, sin energía hidroeléctrica, sin energía nuclear, y sólo con un 4.4% de suministro de generación por gas natural.[3] Este remanente se puede compensar con diversas tecnologías de almacenamiento estático de electricidad, entre las que predominan, hasta ahora, las baterías Litio-Ion.
El futuro pues, no está en la explotación del litio (aunque no deja de ser un asunto importante), sino en todas las demás actividades de la cadena de producción de baterías. Esta es una cadena compleja que pasa por varios pasos. La extracción del litio es sólo el primer eslabón. Le sigue su refinación, así como de otros metales raros que está actualmente concentrada en China, pero por la cual otros países pueden competir sin grandes barreras tecnológicas; lo que importa es tener un mercado de producción cercano. El tercer peldaño es la fabricación de los componentes de las baterías propiamente: las láminas de electrodos, cátodos y ánodos, separadores, electrolitos, entre otros componentes. En seguida se combinan estos elementos para fabricar las celdas con diseños innovadores que generen baterías de alto rendimiento. El último peldaño es la fabricación de las baterías propiamente que se componen de múltiples celdas. Existe también un interesante mercado post venta en el reciclado de las baterías cuando llegan al fin de su vida útil.
En cada una de estas etapas existen oportunidades para generar capacidad de producción en México. Ninguno de esos procesos está fuera de alcance para la planta manufacturera mexicana, ni para los inversionistas que buscan oportunidades en México. Otro aspecto importante es la investigación y desarrollo que son necesarios para generar métodos de producción e innovaciones que permitan producir baterías más baratas, más potentes, más durables y que se reciclen mejor.
En eso debería tener puesto el lente el gobierno. Debería, lejos de nacionalizar lo que ya está nacionalizado, y crear otro monopolio estatal mal capitalizado y seguramente mal administrado, que generará barreras de acceso infranqueables para los privados, dar concesiones de explotación bien reguladas, recuperar cuantiosas regalías e invertir lo recaudado en crear las condiciones para que se desarrollen las industrias transformadoras que generan mayor valor agregado y derrama económica y tecnológica. Con esos recursos se podría ofrecer todo tipo de incentivos, establecer fondos para la investigación pura y aplicada, apoyos a la exportación, y programas de capacitación para nuestros técnicos para que Mexico, que ya se quedó lejos en la competencia por ser líder mundial en la producción de paneles solares, pueda esta vez, convertirse en un líder en la producción de baterías en toda la cadena de valor. No nos vayamos una vez más con el espejismo de la extracción de minerales. La prosperidad no está ahí: está en el desarrollo tecnológico y en la producción de bienes de alto valor agregado.
Presidente y Director General de The Ergo Group
Profesor de asignatura de la Goldman School of Public Policy de la Universidad de California Berkeley
Miembro de la Junta de Gobierno del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales
[1] Lithium Market Size, Share & Trends Analysis Report By Product (Carbonate, Hydroxide), By Application (Automotive, Consumer Goods, Grid Storage), By Region (APAC, EU, North America), And Segment Forecasts, 2022 - 2030
[2] Girnaschi, E, Dominguez Bennett, J.L., Jhaveri, K. Lessons from California on Utility-Scale Energy Storage. Goldman School of Public Policy, University of California. 2022. x.Intro&ExecSummary.GoldmanREP-f (squarespace.com)
[3] Lovins, A.B y Ramana, M.V. 2021. “Three Myths about Renewable Energy and the Grid, Debunked”. Yale School of the Environment, Yale University. Three Myths About Renewable Energy and the Grid, Debunked - Yale E360
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