La Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol es la encargada de mantener el orden y aplicar el reglamento, pero sus recientes veredictos han revivido un debate histórico y doloroso: la supuesta inconsistencia y el favoritismo en la aplicación de sanciones. En el futbol mexicano la línea entre la corrección y la “corrupción” disfrazada parece ser muy delgada, pues las consecuencias de los actos a menudo dependen de quién los comete.

La percepción es que en Liga MX no existen “castigos a la altura” y queda en evidencia al comparar broncas masivas con actos aislados de conducta antideportiva.

La reciente bronca en el partido América contra Toluca, que incluyó empujones y un “segundo round” en los túneles, terminó con sanciones, que incluso, se podrían calificar de “mínimas”. La Disciplinaria optó por castigos que para muchos no van de acuerdo con lo que realmente sucedió, priorizando aparentemente que las figuras estuvieran listas para poder jugar la Liguilla.

• Helinho (Toluca): Recibió tres partidos de suspensión, más una multa económica.

• Henry Martín (América): Pese a encarar a un rival en los túneles, sin estar convocado, sólo fue sancionado con un partido de suspensión y multa.

• Alejandro Zendejas (América): Recibió únicamente una multa económica por su participación en los roces.

• Cuerpo técnico: El Turco Mohamed y Sahyr Mohamed fueron suspendidos un partido cada uno por conducta inapropiada o abandonar el área técnica.

Es claro que ante una gresca con múltiples implicados y altos riesgos de que el problema se extendiera a la afición, las sanciones fueron insuficientes.

El contraste es brutal cuando se analizan castigos considerados ejemplares o “sin precedentes” por la Disciplinaria.

El caso de Nahuel Guzmán es el más reciente y polémico. El portero fue suspendido 11 partidos y multado por apuntar un rayo láser desde un palco a su colega Esteban Andrada. La sanción se justificó en la desobediencia a la autoridad, el ingreso de objetos prohibidos y ser un “pésimo ejemplo”. De hecho, se trata de la primera vez en la historia del futbol mexicano que un jugador es castigado por un acto semejante.

Si bien el uso del láser es una conducta antideportiva, resulta desproporcionada al compararla con una acción que provoca daño físico grave. Por ejemplo:

• Germán Berterame (Rayados): Tras una barrida por la espalda que resultó en la fractura de la pierna de Avilés Hurtado, el delantero de Rayados sólo fue sancionado con dos partidos. Hurtado estuvo fuera de actividad por aproximadamente cuatro meses.

La Disciplinaria ha generado una ecuación absurda y peligrosa que define la justicia en la Liga MX: un rayo láser vale cinco veces más que una pierna fracturada.

Esta disparidad no sólo es una burla a la ética deportiva, sino que envía un mensaje institucional devastador: la salud de los jugadores es menos importante que el control de la imagen. La Comisión no está castigando las faltas, sino seleccionando castigos “a modo” para manejar el rating.

Mientras esta “doble vara” persista, la credibilidad del futbol mexicano seguirá en caída libre, y seguiremos sin un reglamento que castigue el acto y no el apellido.

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