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Sheinbaum y la Edad Media

Guillermo Fadanelli

Dejar atrás los modos medievales de pensar conceptos por parte de la clase política es imposible

“Creer para comprender”, esta aseveración no fue lanzada por ningún enfebrecido político mexicano queriendo convencer a los inocentes de su bondad e idealismo. Se trata de una frase de San Agustín, en el siglo IV, y en obvia rebelión contra la filosofía de Aristóteles. El pensar que nuestro conocimiento procede de una iluminación, más que de la razón o de nuestros sentidos, no es la declaración de ningún funcionario mexicano explicándonos porque sus acciones parecen inútiles e interesadas; es creencia de San Anselmo, nacido en Aosta en el siglo XI de nuestra era. “No quiero ser filósofo para contradecir a San Pablo. Ni quiero hacer como Aristóteles para separarme de Cristo”. No es la explicación rebuscada de algún prosélito partidista que no desea realizar críticas ni llevar a cabo argumentaciones racionales si todo esto lo empuja a traicionar a su líder; es una frase célebre de San Abelardo —nacido también en el siglo XI— un poco para despistar a sus inquisidores. La idea de que la bondad y la sabiduría son formalmente distintas —aunque se reúnen en la simplicidad de Dios— no es el argumento de un policía corrupto a la hora de extorsionarnos en plena autopista federal, es un concepto de Duns Scoto, nacido en el siglo XIII y predecesor de Santo Tomás.

Luego de revisar la Breve historia de la filosofía medieval, de Julius Weinberg (Cátedra 1987), me convenzo de que los conceptos de los filósofos medievales continúan vigentes y que diariamente tenemos, cuando exigimos nuestros derechos o nuestra necesidad legal de réplica, que enfrentarnos a seres que si hubieran nacido hace quince siglos serían sabios y padres de la Iglesia, pero que hoy en día resultan algo anacrónicos, nocivos e insultantes.

Debo decir, una vez más (y aunque pierda otra decena de amistades) que Claudia Sheinbaum merece mi simpatía —es una persona respetable— y que le ha tocado el mal hado de ser la funcionaria mayor de una gran urbe (ahora sin metro) en tiempos del cólera. Sin embargo, y con el respeto que me despierta su preparación académica, su buena voluntad y su pasado de luchadora estudiantil, me parece, al menos desde mi opinión, poco eficaz que no se siente a negociar con todos los propietarios (o representaciones) de bares y restaurantes que desean abrir sus puertas (sé que está en eso). El deber de un político moderno es negociar, es decir dialogar para encontrar acuerdos que hagan bien a la comunidad. Escuchar las opiniones más disímiles puede ser doloroso, pero hacerlo es la obligación de un funcionario. Preferible a lanzar a los discrepantes a esos cancerberos medievales del INVEA (es la percepción que advierto de ellos) para obligar a los disolutos a cumplir la ley. Es probable que si una considerable cantidad de comerciantes —aun con fines políticos— desean abrir sus puertas es porque poseen otra concepción, otra idea, otra forma de sobre llevar la contingencia sanitaria. Hay que escucharlos. Es injusto someter a toda la población a un viacrucis si una porción de ella no está de acuerdo. Algo así se aleja de la negociación democrática y se aproxima a la determinación autoritaria. ¿No hemos aprendido esta mínima enseñanza en tantos años de pelear para que el concepto de democracia no sea vacío e irrisorio? El misticismo contemplativo de Escoto Erígena (siglo IX d.C) ya no tiene lugar en los asuntos públicos. Mantener la ciudad amordazada con el fin de ocupar en el futuro un cargo político resultaría interesado, y en ese caso, yo, humilde escritor, pondría en dudas mi simpatía hacia Scheinbaum. Mas creo, y me debo a mi ingenuidad, que no será así. Dejar atrás los modos medievales de pensar conceptos por parte de la clase política es imposible. Resulta más razonable criticar, debatir, charlar desde nuestros medios con los escasos buenos gobernantes y funcionarios (creo que Sheinbaum lo es) y ponerlos al tanto de la época abierta en que vivimos. Los fascismos de toda índole acechan y hay que prepararse para pelear. “La agitación pública activa, los informes periodísticos y las discusiones abiertas se encuentran entre los medios de promoción de la democracia global”. Amartya Sen.

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