Hipotenusa

Guillermo Fadanelli

Jorge Cuesta escribió en EL UNIVERSAL, en 1934, que “la acción política debe ser admirable, para no ser despreciable”. Leí sus artículos y me asombré de su actualidad. ¿Y tú, votaste?

Cateto mayor: Me gusta soñar hoy más que antes; la vida está en otra parte. ¿Recuerdas que Jaromil, el joven poeta de la novela de Kundera soñaba con perros y sus días mejoraron; la realidad se volvió extraordinaria. Yo no quiero morir odiando demasiado. Los cadáveres que culminaron la vida hundidos en la amargura tienen un olor especial; como si se hubieran comenzado a pudrir antes de tiempo.

Cateto menor: Sí, El sueño es una segunda vida. ¿Nerval? No sé, no me importa. Si varias voces coinciden en una frase entonces esta pierde su origen y le pertenece, a todos. Así nacen los lugares comunes. Cuando Dedalus, el personaje de Joyce denostó y rehusó servir al hogar, a la Iglesia y a la patria se inclinó por tres acciones que yo ahora te recomiendo: silencio, exilio y astucia.

Cateto mayor: Demasiado pedirme; no logro callarme, ni abordar la sabiduría. El exilio se acerca, inevitablemente, y la astucia para sobrevivir, siempre la he tenido. Cada opinión es como un perro enloquecido; y hoy escucho a esa multitud de perros despedazándose entre sí. Apenas si logro dormir, agobiado por el ruido, y más en esta época de elecciones cuando la broma se acentúa y pone un ladrillo más en el muro que cierra el horizonte.

Cateto menor: Puedo tolerar las opiniones, después de todo la carne parlante es constitución de la humanidad. Lo que me incomoda a grados extremos es la simplificación; ya no hay suficiente cultura, civilización, gusto por la conversación ni humildad ante la complejidad de la cosas, para que los debates sociales posean algo de interés. Son palabras de Finkielkraut acerca de Francia, pero se pueden extender a cualquier país.

Cateto mayor: Un país es una utopía que quiere dejar de serlo y para ello requieres depositarla en un terreno adecuado; no en un territorio donde se mata sin castigo ante los ojos expectantes de una población indefensa y ensimismada en la comunicación. ¿Para qué desean estar comunicados permanentemente? Para no pensar; quizás. ¿Les ha servido la comunicación para atrapar a los criminales? Me pregunto si Europa es una utopía realizada. Claro que no: es el paradigma de la decepción; logró finalmente convertir a los adultos en niños, en muecas de lo que alguna vez fue una idea de ilustración y progreso. Lo que aprendieron de las grandes guerras del siglo XX fue una especie de simplismo civilizatorio y tecnológico. Llevaron lo políticamente correcto y el estado de bienestar a grados detestables y anti libertarios; pero al menos allí no se asesina hoy a manos llenas. Ellos ya mataron lo suficiente.

Cateto menor: Deja de pensar en eso, o morirás amargado. Me enteré de que ayer fueron las elecciones. Me imagino, conociéndote, que participaste. Si
lo hiciste no me molestaré; soy defensor de la democracia, aunque ahora esta sea un perro herido de muerte.

Cateto mayor: Sí, voté, no por un partido, esas organizaciones ya no existen (cuando escucho hablar de oposición me entran deseos de llorar), pero sí por alguien que me simpatiza, averigüé su trayectoria a fondo, fui a uno de sus mítines y si bien no me convenció; pensé que era el menos simplón de los que se presentaban al concurso. Jorge Cuesta escribió en EL UNIVER SAL, en 1934, que “la acción política debe ser admirable, para no ser despreciable”. Leí sus artículos y me asombré de su actualidad. ¿Y tú, votaste?

Cateto menor: No, ¿cómo crees? Siempre que hay ley seca aprovecho para ratificar mi libertad y me quedo en casa
bebiendo.

Cateto mayor: Tal como están las cosas yo no podría culparte. ¿No crees que de alguna manera puedes contagiar a las generaciones que vienen de nihilismo y ayudar a que el fascismo avance? Se me ha ocurrido esto ahora.

Cateto menor: ¿Vienen más generaciones? Carajo; pensé que eso había terminado; más vehículos para el gran estacionamiento; más operadores para las máquinas; más tropas comunicadas sin saber cuál es la guerra. No te preocupes, yo no influyo en nadie. Digamos que soy... una lacra.

Cateto mayor: Te gusta el martirio, pero no voy a juzgarte. Yo mismo no sé por qué insisto en pensar y participar. La vida está en otra parte, ¿recuerdas cuando leímos esa novela? Un mundo se abrió para nosotros.

Cateto menor: Sí, el mismo que ahora parece cerrarse.

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