Explotó el Pleno de la Suprema Corte. Lo soltó la ministra Loretta Ortiz, exaltada y preocupada: “Tendríamos que tener cuidado para ser realmente imparciales, independientes y resolver conforme a derecho”. ¡Sí! Una jueza constitucional portando la toga negra, reclamando a sus pares imparcialidad, independencia y ajustarse a la ley. Ver para creer: sesión 11 de agosto pasado.
El asunto que se discutía fue si acaso un servidor del propio Poder Judicial estaba autorizado para finiquitar un contrato. Incidente (dicen los que saben) de falta de personalidad 1/2026, derivado del juicio ordinario administrativo federal 13/2025, donde una sociedad anónima de capital variable (¿constructora?) alegaba que el director jurídico del poderoso Órgano de Administración Judicial no tenía poder para cancelar un trato que, en la versión pública y por la tachadura legal, se sugiere muy cuantioso; pero el poder de los jueces acaba con patrimonios de una empresa impunemente. No importa quién firmó, con qué carácter y el fundamento legal. Mucho menos los requisitos formales para el nombramiento del verdugo de esos contratos, esas exigencias de un funcionario público las “estamos haciendo pinole”, remató la ministra Ortiz Ahlf.
El asunto se resolvió a favor del propio Poder Judicial, ¡faltaba más!, con duda sobre el nombramiento del titular de Asuntos Jurídicos. Nadie aseguró que acreditó su personería. Algunos ministros dijeron que es un “hecho notorio” que era el director jurídico (se valen risas) del Órgano de Administración Judicial (que jamás fue votado por el pueblo), y lo mismo cancela contratos, remueve y sanciona jueces, premia funcionarios, firma licitaciones, etc.
Ese órgano ayer publicó medidas en el Diario Oficial de la Federación, para “mejorar el desempeño” del Poder Judicial. Por lo que dice ese acuerdo, menearán jueces por el país y traquetearán asuntos por los juzgados según les convenga. ¿Es correcto, están autorizados? Es un hecho notorio que hacen lo que les viene en gana. En esa sesión la ministra ponente lee lo que le mandan sus escribanos a su computadora (incluso el nombre reservado del funcionario impugnado), otra jueza cita, sabionda, el derecho romano; otra más el derecho francés; el presidente llama apasionada a Loretta. Espectáculo grotesco.
Recordé el comienzo de una vieja película norteamericana de abogados con Richard Gere y Laura Linney, “Primal Fear”, traducida al español como “La raíz del miedo”. Allí el abogado inicia su actuación con la siguiente proclama: “El día que comencé a estudiar leyes, mi profesor dijo dos cosas: ‘primero, a partir de ahora cuando tu madre diga que te ama, pide una segunda opinión, y si quieres justicia ve a un prostíbulo, si quieres que te jodan ve a Corte’”. La empresa aprendió que en la Corte la joden; y los abogados vemos la “raíz del miedo”, desde donde con analfabetismo jurídico, se afilan los cuchillos para pelear el sillón de la presidencia.
Diputado federal
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