La envidiable terquedad de Checo Pérez

Gerardo Velázquez de Léon

No necesitaron de directivos fanfarrones, solamente de su envidiable terquedad para triunfar, porque nada de lo logrado es producto de la casualidad

En 2009, Lorena Ochoa obtuvo su último título de la LPGA; en 1978, había sido la última vez que un golfista de este país se adjudicó un torneo de la PGA: Víctor Regalado, en el Quad Cities Open en Illinois, certamen que actualmente se llama John Deere Classic; en 1970, el piloto Pedro Rodríguez se adjudicó el Gran Premio de Bélgica. Deportistas profesionales destacados en la historia de México, que hoy ya tienen a herederos en sus éxitos.

Lo realizado por Sergio Checo Pérez, ayer en el Gran Premio de Sakhir en Bahrein, significó romper una larga racha de 50 años en los que no existía un mexicano capaz de ganar en la Fórmula 1. Durante este tiempo, también pasaron por la categoría Héctor Alonso Rebaque y Esteban Gutiérrez; ni uno ni otro pudieron hacer lo que realizó Checo.

En un año en el que se supondría que el deporte amateur daría las grandes satisfacciones, pasó todo lo contrario. El profesionalismo, y en disciplinas complejas de destacar, es donde han estado presentes los mexicanos. Automovilismo, donde la máquina es un factor y hace que un piloto como Checo Pérez llame la atención del mundo, porque —según los expertos— nunca será igual manejar un Mercedes que un Racing Point.

Aquí entra la capacidad, destreza, inteligencia y preparación del piloto, como él lo demostró. Tokio 2020 no se celebró, la postergación le dejó un vacío al deporte mexicano, que fue llenado por atletas inesperados, quienes han destacado y maravillado. Cuando Gaby López ganó, en enero, el Diamond Resorts Tournament of Champions en Lake Buena Vista, Florida, inició todo lo bueno del año.

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Superó a las mejores golfistas del mundo, un rotundo éxito y —sobre todo— la consolidación de una carrera, lo que —en este deporte— siempre resulta complejo. De la mano de su entrenador, Horacio Morales, Gaby López regresó a México a donde Lorena Ochoa lo dejó. Igualmente Carlos Ortiz, al ganar en el Memorial de Houston, un torneo de la PGA, algo que tuvo que esperar un golfista nacional por 42 años, desde aquella tarde de 1978, cuando Regalado lo hizo.

Es decir, clavadistas dormidos por una federación incapaz de activarlos, taekwondoínes que vieron paralizada su actividad, boxeadores amateurs que se quedaron con el sueño olímpico nada más, tiradoras de arco que no pudieron participar en casi nada, deportistas que dejaron un espacio para el profesional, donde el atleta es distinto, la lucha es intensa y los resultados positivos son extraños para mexicanos.

Así, Checo Pérez cierra 2020, el año del deportista profesional mexicano. Se une a esta selecta lista de golfistas y hacen ver mal a las federaciones, que nada hacen por sus atletas, y lo único que buscan es brillar, porque quieren el poder por el poder y la ambición. Checo, como Gaby y Carlos, son deportistas hechos por ellos mismos, entendiendo perfectamente que —para salir adelante— la constancia, disciplina, tenacidad, preparación y mentalidad son parte esencial.

No necesitaron de directivos fanfarrones, solamente de su envidiable terquedad para triunfar, porque nada de lo logrado es producto de la casualidad. Profesionales destacados, deportistas admirados. Dos disciplinas en las que ganar tiene un altísimo grado de dificultad. Bienvenidos, muy bienvenidos sean. 

@gvlo2008 - [email protected]

 

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