La campaña de Chicharito Hernández en tiempo electoral

Gerardo Velázquez de Léon

La comodidad de las preguntas en una entrevista reciente solamente muestra la urgencia, necesidad imperante, de su regreso al equipo mexicano para intentar volver a sacar provecho, como lo ha hecho durante toda su carrera

Absurdo y estéril debate el que el propio Javier Hernández ha abierto sobre si debe ser o no seleccionado nacional. La comodidad de las preguntas en una entrevista reciente solamente muestra la urgencia, necesidad imperante, de su regreso al equipo mexicano para intentar volver a sacar provecho, como lo ha hecho durante toda su carrera.

No es nuevo que Hernández levante la voz, siempre acompañado por la comodidad que brinda quien lo entrevista. En esta ocasión, el entrevistador sin ningún tipo de oficio periodístico y solamente convirtiéndose en un agente de relaciones públicas. Y no es nuevo que reclame, ya lo ha hecho varias veces en el entorno de la Selección, en el interior, retando a directivos y rompiendo grupos, en lo que es especialista. Ya hace varios años, en plena Copa Oro, puso en entredicho la palabra del entonces presidente de la Federación Mexicana de Futbol, cuando exigió que los premios negociados y  aceptados por los jugadores mexicanos —en caso de ganar el torneo— fueran mayores, sólo porque se enteró que Estados Unidos recibiría más dinero en caso de campeonar. Grilla y amenazas de no jugar el torneo si no le cumplían el capricho, aunque muchos futbolistas no estuvieron de acuerdo con su postura.

Ni hablar de los permisos especiales que tuvo como seleccionado —claro, eso no fue su culpa—, como dejarle que su novia fuera parte de la concentración, hospedándose en los mismos hoteles que el equipo, ofreciendo entrevistas en exclusiva para ella y disfrutando de todo lo que hoy le enfurece. 

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Antes de su último papelón como seleccionado, en Morristown, concentración en Nueva Jersey donde se pasó las reglas por el “arco del triunfo”, había alzado otra vez la voz cuestionando a dónde va el dinero que la Femexfut generaba por producto del equipo mexicano, como si él fuera el propietario del equipo. Reclamo que muy rápido fue silenciado al enterarse de que la FMF debe sostener, mantener y proveer de todo lo necesario a equipos con límite de edad (femeniles y varoniles), el Centro de Alto Rendimiento, la propia estructura administrativa del futbol mexicano y, por supuesto, repartir a los clubes dinero excedente.

Estructura que cuesta millones de dólares y, por si fuera poco, a cada viaje de Selección Nacional le entregan a cada jugador dos mil dólares, más 350 dólares diarios para viáticos. Claro, ahí no se dice nada, porque financiar la champaña de sus brunch en Nueva York no es barato.

Hernández dejó una mala imagen en el interior de la Selección Nacional. De prepotencia y fuera de lo que alguna vez fue. Gente dentro de las últimas concentraciones confirma las actitudes y el liderazgo mal encaminado, cosas que no necesita más el proceso de Gerardo Martino, porque —además— ni siquiera hablamos de un delantero que pase por un gran momento goleador, ya que solamente ha marcado dos goles (oficiales) en 12 partidos desde 2020, cuando llegó al Galaxy de Los Ángeles. Por eso, es absurdo que Hernández salga en algunos medios a pedir su regreso a la Selección, cuando no tiene el nivel ni ritmo futbolístico, como es igual de absurdo que haya medios que se presten para hacerle su campaña.

@gvlo2008

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