Crítico es el momento que viven los Pumas, a cuatro fechas de terminar el torneo en su fase regular.

Es vergonzoso para el club y sus aficionados estar fuera hasta de la zona de Play-In, humillante que los universitarios no aparezcan entre los 10 equipos que van a pelear por el título.

Lo que ocurre es el resultado de elegir, otra vez, a un técnico primerizo e inexperto.

Una cosa es ser el asistente del entrenador y otra el máximo responsable del equipo.

El desastre actual es por ahorrarse unos pesos, las cosas como son.

Gustavo Lema hace evidente que no puede con el cargo, no está todavía para tomar a una de las instituciones más importantes del futbol mexicano.

Son paupérrimos sus números en los últimos cinco partidos: Tres derrotas y dos empates, dos puntos de 15 posibles, con 12 goles en contra, por tan sólo cuatro anotados.

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Se esperaban muy buenas cosas de Universidad Nacional al inicio de la Liga, pero el rendimiento anda muy por debajo de las expectativas.

Si no se salvan el técnico y la directiva, tampoco los jugadores: Escaso funcionamiento, malas decisiones, poca emotividad en los partidos.

Es molesto escuchar a Rogelio Funes Mori quitarse el compromiso de ser el delantero estelar del equipo; frustra ver errores como los de Julio González; desespera el limitado accionar de los mediocampistas; desquicia que todo gire en las capacidades de César Chino Huerta; irrita que Guillermo Martínez, muchas veces, sea un aficionado más en el campo.

Es el triste y penoso estado en el que subsisten los Pumas.

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