En los últimos meses “el estado de la salud” de nuestro país ha sido objeto de atención en distintos ámbitos, con signos de preocupación por diversos síntomas y padecimientos. Es cierto que una crisis financiera en el sentido tradicional: devaluación del tipo de cambio, salidas de capital, incapacidad de pago, no se ve como inminente, aunque sí hay riesgos a futuro, salvo que cometamos errores políticos graves o embestidas irracionales de Trump.

Lo que cada vez es más evidente es que México ya sufre una crisis más profunda, que puede tardar años en corregirse. Esto se asemeja a padecer cáncer. Éste propiamente se ha gestado a lo largo de los 7 años de la 4T, con algunos síntomas embrionarios anteriores. Afecta a los órganos vitales de la economía, la política, lo social, lo internacional. Se ha venido extendiendo paulatinamente por metástasis, aunque todavía no aflora en la superficie, pero está produciendo graves trastornos.

En lo político, el cáncer se manifiesta a través de una tendencia paulatina hacia un debilitamiento de la democracia y una deriva autoritaria, evidenciada por acciones reiteradas contra la libertad de expresión; un gravísimo deterioro del Estado de Derecho. Se han debilitado los “anticuerpos” del organismo, sus mecanismos de defensa, como la división de poderes y el poder judicial erosionado por la “deforma” que sustituye jueces de carrera profesional por la elección de improvisados, y militarización desbordada hacia actividades empresariales. La corrupción se extiende por todo el cuerpo social, junto con el crimen organizado que va penetrando todas las células del poder político, de la economía, etc. Se destruyen instituciones fundamentales como los organismos autónomos. La unidad nacional se destruye por una brutal polarización, un mal mundial.

En lo económico, el cáncer se manifiesta en que el paciente no puede correr, camina con trabajo, lo rebasan todos los países competidores. Es víctima de un estancamiento endémico, con crecimiento inferior al 1%, que se extiende en una cadena perversa de empleo precario y de baja productividad; baja recaudación de impuestos, bajas participaciones de estados y municipios, la falta de pago a proveedores, la creciente deuda que amenaza baja de grado de inversión. La inversión históricamente baja desastrosamente canalizada a los proyectos emblemáticos, todos con sobrecostos, mal diseñados, generadores de pérdidas, carcome las finanzas del Estado. En cambio, la infraestructura básica sufre de arterias atrofiadas por falta de mantenimiento, saturadas. En suma, ¡el Estado carece de recursos para atender funciones básicas!

En lo social, el cáncer se manifiesta en que los recursos, las vitaminas, van a programas sociales que sirven para mitigar la pobreza y comprar votos, pero no dan los medios para salir de ella. Hay el serio problema de la educación básica, capturada por los sindicatos e ideólogos retrógrados, con un sesgo anticientífico que no prepara a los jóvenes para la era digital y la inteligencia artificial, caída de la matrícula, deterioro de la calidad y los recursos a todos los niveles. ¿Cuánto tiempo tardaremos en recuperarnos de este criminal deterioro? Igual sucede con la salud, la caída de acceso a servicios y medicinas.

En lo internacional, el cáncer significa que se ha destruido una política exterior de gran prestigio. Se ha sustituido por un aislacionismo autoimpuesto en los foros multilaterales y con países hermanos de Iberoamérica, defensora de dictaduras. En las principales embajadas se han sustituido funcionarios de carrera por embajadores “floreros” o aún narcopolíticos.

Las opciones de acción contra ese cáncer son cuando no se provoca su agravamiento, meros paliativos o calmantes, “aspirinitas”; después tendremos que pasar a dolorosos tratamientos de quimioterapia, finalmente a cirugía mayor, como lo requiere Pemex, severo tumor que pone en serio peligro la salud económica del Estado. El gobierno requiere cambio de médicos (secretarios, asesores) en distintas especialidades, ya que muchos son incapaces de curar al enfermo. Se ha deteriorado la capacidad administrativa del Estado.

¿Cuánto tardaremos en atacar eficazmente y recuperarnos del cáncer? Desde luego, es necesario actuar para prevenir que su agravamiento desemboque en una fase crítica en que se ponga en peligro al gobierno como en 1976, 1982, 1994, o aún peor, con severos efectos para el bienestar que se busca proteger.

Exembajador de México en Canadá

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