Los principales medios han dedicado artículos editoriales a la conmemoración de la gran Conferencia de Bretton Woods, convocada hace 75 años por el Presidente Roosevelt, de donde surge el orden económico multilateral de la posguerra y se crean el FMI y el Banco Mundial. Hay 3 razones para evocar la historia. Los países anglosajones que impulsaron dicho orden lo están destruyendo, el Presidente Trump y el Primer Ministro Johnson que, con Brexit, socava la Unión Europea. Sin embargo, esta Europa debilitada reclama su privilegio obsoleto de designar a la nueva Directora del FMI.

Es a su vez interesante que en un artículo reciente publicado en El País por el Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina, Trotsenburg, señala “el papel desapercibido que América Latina jugó en Bretton Woods” con 19 países de los 44 asistentes. Allí subraya el papel destacado que jugó el Secretario de Hacienda de México, Eduardo Suárez.

En efecto, el Secretario del Tesoro de Roosevelt, Morgenthau, distingue a Suárez para que sea él quien lo proponga como Presidente de la Conferencia, secundado nada menos que por los delegados de Rusia, Canadá y Brasil. Habría 3 Comisiones: la primera sobre el FMI, presidida por el americano White; la segunda sobre el Banco Mundial, por Lord Keynes. Morgenthau a su vez propone a Suárez para presidir la tercera sobre temas de Cooperación Internacional, “destacando que han enfrentado problemas comunes” y que “¡México disfruta una de las mejores reputaciones financieras de cualquier república en el mundo!” Ello dicho después de negociar las secuelas de la expropiación petrolera y la vieja deuda externa mexicana.

México formuló con gran visión la propuesta, confrontando a los europeos que querían que el Banco Mundial se avocara primordialmente a la “reconstrucción europea”, que debía, en un plano de igualdad, apoyarse el “desarrollo”. Tesis que triunfó. En materia institucional, las potencias triunfadoras en la guerra: EU, Francia e Inglaterra, se reservaron en permanencia asientos en el Consejo Directivo de la Institución. México lideró a las repúblicas latinoamericanas para que se les reservarán también 2 asientos. Con típica arrogancia, Brasil dijo que eso no era políticamente posible. ¡Cuando se gana, Brasil pide que una de las sillas se le reserve! También México ganó la batalla para que la plata jugara un papel en el sistema monetario y computarse, como el oro, en las reservas internacionales. Así, puede argumentarse que después de los Estados Unidos y Gran Bretaña, es el país que más aportaciones realiza. Ello fue fruto de una brillante delegación con Rodrigo Gómez, Cosío Villegas, Víctor Urquidi.

Vale la pena destacar la tradición activista y exitosa de México en la historia del sistema económico internacional. En la nueva ola de reformas monetarias, a la caída del patrón oro-dólar en 1971, México planteó crear un grupo de 24 países emergentes (8 por continente) para negociar en los foros internacionales y balancear al grupo de los 10 países industriales. De allí propuso que, además de la creación del Comité Ministerial para los temas Monetarios Internacionales, se creara el Comité para los de Desarrollo, que México presidió. México ocupa actualmente la dirigencia de la OCDE y el Banco de Pagos Internacionales, 2 de los principales organismos.

Ahora resulta objetable que Europa, en un proceso muy desaseado pretenda nombrar —un cheque en blanco— como Directora del FMI a una búlgara, la Sra. Georgieva, producto de la burocracia internacional intermedia, sin ningún antecedente intelectual relevante, que además excede la edad legal. ¿No pueden hacer nada los países emergentes, incluyendo China y la India para proponer un candidato por méritos? ¡México, lamentablemente, a diferencia de su ilustre historial de gran actor internacional, está ahora refugiado en un inocuo papel localista!


Exembajador de México en Canadá.
@ suarezdavila

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