Somos testigos de una histórica elección en los ahora Estados “Desunidos”. La elección fue decidida con el mayor voto popular, cerca de 150 millones, el ganador Biden con el mayor número histórico y, el perdedor, Trump, el segundo. Kamala Harris, la primera vicepresidenta mujer, negra, hija de inmigrantes. El presidente electo de mayor edad, 77 años. ¡Causa de celebración mundial! ¡Se fue una alma gemela populista!

La elección representa retos y oportunidades. Un “borrón y cuenta nueva” en dos direcciones: para Biden, hacia el interior de Estados Unidos, reconstruir la unidad en un país profundamente polarizado; pero también, “borrón y cuenta nueva” para México, para reconformar la relación bilateral sobre la base de una nueva, eficaz y respetuosa cooperación.

Trump pasará a la historia como uno de los presidentes más destructivos e incompetentes. Dividió a la sociedad, atizó el racismo sistémico, deja como legado una pandemia descontrolada, más de 120 mil casos diarios. Su deleznable discurso, el martes de la elección, anticipando victoria y denunciando el robo de la elección por fraude y corrupción, desprestigió ante el mundo la democracia de su país por intereses personales, propicia la violencia y desató un irresponsable e inútil proceso de lucha legal, desestabilizadora.

Biden, en su elegante discurso, proclamando su victoria, se centró en la convocatoria a la unidad, gobernar para todos, poner fin a la “era de la demonización”, restablecer la decencia y reconoció un mandato para controlar el virus, precondición para la recuperación económica; luchar contra el racismo sistémico, crear un buen sistema de salud, fortalecer la democracia y salvar al planeta. Triunfó el candidato de la moderación, formando “una gran coalición” de distintos grupos.

Tiene enormes retos: un partido Republicano faccioso, con resultados favorables, con el temible Mitch McConnell probablemente controlen el Senado y, una abrumadora mayoría conservadora en la Suprema Corte, generando un gobierno dividido que puede impedir no sólo la reformas, sino hasta designaciones de funcionarios y dificultar la gobernabilidad. Todo resultado de un sistema electoral anacrónico.

“Borrón y cuenta nueva para México”. ¡Literalmente! Después del grave error del gobierno de apostar por un candidato perdedor, sumándonos abyectamente a su campaña, empieza con el pie izquierdo. No felicitar a Biden, cuando lo han hecho la gran mayoría de líderes mundiales, como Trudeau, Macron, Merkel… y hasta Maduro. Otro grave error diplomático, otro ridículo internacional por ignorancia, con el grotesco argumento “trumpista” de esperar la “resolución legal… y respetar la autodeterminación de los pueblos”.

El triunfo es malo para el Presidente, bueno para México. Biden impulsará una agenda que nos debe favorecer: defensa del medio ambiente; impulso a las energías limpias, no las contaminantes, acuerdo migratorio, seguridad compartida, cooperación en CV-19. Si bien el T-MEC le ofrece la oportunidad de competir mejor con China, Sanders y Kamala, los legisladores demócratas que no son “ni nuestros fans”, ni librecambistas, usarán el tema laboral y ambiental para defender intereses de sectores. Harán cumplir contratos energéticos.

Nos urge “operación cicatriz”. Afortunadamente tenemos una gran embajadora en Martha Bárcena. Deberemos reconstruir la relación a partir de la formulación de una política exterior bilateral, de la que ahora carecemos, con una agenda amplia, no monotemática; propositiva, no reactiva; más institucionalizada; digna, no sumisa.

Exembajador en Canadá

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