La 4T en la perspectiva histórica de nuestras transformaciones y regresiones

Francisco Suárez Dávila

El Presidente López Obrador tiene un claro sentido de la historia y de su papel en la misma. La comparación con que la economía mexicana sufrió en 2020 la peor caída desde 1932, provoca a examinar cómo se ve la 4T en la perspectiva del desarrollo económico de México en términos de grandes tendencias de avance y transformación, o de regresión y crisis.

I. PRIMERA REGRESIÓN: LA GRAN DEPRESIÓN, 1929-1933. Ésta tuvo su origen en el “gran crack” de la Bolsa de Valores de E.U. de 1929. El Presidente Hoover la profundizó siguiendo políticas de “finanzas sanas” contraccionistas y proteccionistas, que agudizaron la brutal caída de la economía americana, del empleo y el comercio mundial. Un 25% de grave desplome en casi todos los indicadores.

En México, Montes de Oca, el Ministro de Hacienda de Calles, con un grupo de destacados economistas “liberales”, hizo exactamente lo mismo. Como caían los ingresos redujo el gasto público para equilibrar las finanzas públicas, como ahora. La economía comenzó a caer hasta alcanzar una contracción del 13% en el PIB en 1932. ¡Fue el primer gran retroceso económico!

II. PRIMERA GRAN TRANSFORMACIÓN POSITIVA, EL DESARROLLISMO: 1934-1970. El Presidente Roosevelt, como respuesta a la Depresión, introdujo un eficaz cambio de paradigma, su “Nuevo Trato”. En México, en forma similar, hubo un cambio de modelo estratégico, con la creación, iniciada por el Presidente Cárdenas, de un Estado desarrollador, comprometido con acelerar el crecimiento, aplicando políticas de expansión keynesiana, y profundas reformas sociales. Así, desde 1934, hasta 1970, se generó el periodo más exitoso de nuestra historia económica, con casi 40 años de un crecimiento anual de 6% sin crisis.

Los siguientes gobiernos afinarían la “estrategia desarrollista”, aprovechando la Segunda Guerra Mundial, para iniciar un agresivo proceso de industrialización, basada en la sustitución de importaciones, intensificando las inversiones en infraestructura, todo sustentado por una política financiera que giraba como eje en un Banco de México heterodoxo, comprometido con orientar el crédito público de la banca de desarrollo y de la banca privada a fines del crecimiento. Inicialmente hubo inflación moderada, pero a partir de 1958 se dieron las condiciones para estabilizar la economía, desembocando en el desarrollo estabilizador, hasta 1970.

III. LA SEGUNDA REGRESIÓN: EL POPULISMO FISCALMENTE IRRESPONSABLE: 1970-1982. Entre estas fechas sufriríamos la llamada “docena trágica” con 2 severas crisis: la de 1976 y la de 1982, generadas por 2 gobiernos considerados populistas, el de Echeverría y López Portillo. Ambos persiguieron objetivos sociales, bien intencionados, buscando “un desarrollo compartido”, pero a través de una expansión desbordada del gasto público, con crecimiento explosivo de empresas públicas, que propició inflación, alto déficit fiscal y de balanza de pagos y traumáticas devaluaciones. Después de un alivio proveniente de los descubrimientos petroleros, sobrevino una crisis internacional que provocó caída del precio del petróleo y alza de tasas de interés. López Portillo la enfrentó con una deuda desbordada e intentó contener la salida de capital, nacionalizando la banca. En el verano de 1982 se cerró la llave del crédito externo. México tuvo que declararse prácticamente en suspensión de pagos. Detonó la crisis mundial de la deuda y la década perdida para América Latina y México.

IV. EL PERIODO DE AJUSTE ESTRUCTURAL: 1982-1988. La crisis fiscal y de deuda hizo indispensable que el gobierno del Presidente de la Madrid ejecutara un severo proceso de ajuste fiscal contraccionista, apoyado por el FMI, iniciando el proceso de privatización o cierre en las más de 1,000 entidades públicas, con una compleja negociación de la deuda, para ajustarla a nuestra capacidad de pago. Se iniciaron las llamadas reformas estructurales.

V. LA TERCERA REGRESIÓN: EXPLOSIÓN DEL LIBERALISMO FINANCIERO Y LA CRISIS BANCARIA DEL “TEQUILA”: 1991-1994. Bajo el gobierno del Presidente Salinas, México se adecuó al nuevo cambio de paradigma, inspirado por los gobiernos de Reagan y Thatcher, el llamado “neoliberalismo” y el “Consenso de Washington”, que aquí se llamó “liberalismo social”, con reformas abocadas a preservar el equilibrio de las finanzas públicas, privilegiar la estabilidad y una apertura comercial, que en México adoptó la forma del Tratado de Libre Comercio.

Dentro de este proceso, el gobierno realizó la necesaria privatización bancaria, acompañado de reformas financieras importantes, como la autonomía del Banco de México. Pero se impulsó una liberalización o desregulación financiera extrema, que resultó un “patente de corso” para los nuevos banqueros. Entre 1991 y 1994 se dio una “orgía de crédito”, que significó aumentarlo de menos de 20 a 40% del PIB. Ello significó un severo desequilibrio de la balanza de pagos, financiado en parte por la emisión de tesobonos, que explotó en 1994. La nueva administración de Zedillo devaluó mal, “quitó los alfileres”. El país tuvo que ser rescatado por un megapaquete financiero internacional, apoyado por el Presidente Clinton. Se produjo la mayor crisis bancaria de nuestra historia, que significó rescatar bancos y banqueros a un alto costo fiscal de 20% del PIB (el Fobaproa). Una de la soluciones fue la venta de los bancos sobrevivientes, produciéndose lamentablemente la extranjerización de nuestra banca. El gobierno nuevamente tuvo que hacer otro ajuste fiscal draconiano. El PIB cayó casi 7% en 1995. Esto significó la tercera gran regresión, ésta provocada por políticas “liberales”.

VI. LA CUARTA REGRESIÓN: LA GRAN RECESIÓN DE 2008-2009 Y EL ESTANCAMIENTO ESTABILIZADOR. Se originó otra seria crisis financiera mundial, esta vez originada en los E.U. y los países avanzados. La dogmática desregulación financiera había provocado otra burbuja financiera, originada en un exceso de créditos hipotecarios “chatarra”. La crisis se detonó con la quiebra de Lehman Bros. Se desencadenó la llamada Gran Recesión de 2008. El Secretario de Hacienda de México, Carstens, afirmó que era un “catarrito” y que la economía mexicana estaba “blindada”. Implementó un programa contracíclico, criticado como muy insuficiente, como ahora. El PIB se cayó en 6%. Auxiliados por un gran programa de expansión internacional, retomamos una lenta recuperación. Todo este periodo, hasta 2018, se caracterizó por un periodo de políticas “conservadoras” con crecimiento mediocre de alrededor de 2% anual, el “estancamiento estabilizador”, desaprovechando los descubrimientos de Cantarell y el alza de precios de las materias primas.

En el somero análisis realizado, en casi un siglo, México ha experimentado un sólo periodo de transformación y avance, con crecimiento acelerado y sostenido, y sin crisis, de 1934 a 1970, bajo la llamada estrategia keynesiana-desarrollista. Cuatro periodos de regresiones (Rs): uno de origen populista, ‘76-’82, con irresponsabilidad fiscal para atacar problemas sociales. Otras 3 de inspiración “liberal”, la Gran Depresión, con sus políticas fiscales contraccionistas, y otras 2, por una excesiva liberalización del mercado financiero y, severas y costosas crisis bancarias, las de ‘94 y 2008-2009, seguidas de muy mediocre crecimiento.

Estos periodos de “regresión” no significan que no hubiera algunos avances importantes: la creación del INFONAVIT y Cancún (Echeverría); los grandes polos de desarrollo industrial (López Portillo); el TLCAN (Salinas); el Sistema de Ahorro para el Retiro (Zedillo) y, recientemente, las controvertidas reformas, energética y educativa (Peña).

La pregunta que se desprende de esta perspectiva histórica es ¿si esta nueva etapa económica del gobierno del Presidente López Obrador, representará una verdadera etapa de cambios, una 4T, o representa otra “R” (regresión histórica)? Hasta ahora, más bien es un híbrido que combina algunos de las más negativas políticas de las cuatro Regresiones. Una política macroeconómica fiscalmente muy conservadora, sin aplicar políticas eficaces que compensaran la severa crisis social, más bien de orientación “liberal”, con resultados similares: la mayor caída del PIB, desde la Gran Depresión, gasto disparatado con muy baja inversión, aumentos en la pobreza y una tragedia en salud pública. ¡Todo indicaría que vamos hacia, no una 4T, sino una 5R!

Esta disyuntiva entre “transformación” o “regresión” y “status quo” con “estabilidad” es la que se presenta ante el nuevo Secretario de Hacienda, Ramírez de la O, de extracción académica keynesiana, como la que inspira el “New Deal” de Roosevelt y el de Biden. ¡Ojalá pueda también impulsar necesarios cambios de “paradigma” y nuevas “políticas”, como los que ahora prevalecen en los países más progresistas para enfrentar el “covid” y el “postcovid”!

Nota: Suscribo plenamente la carta que articulistas y columnistas del Universal dirigieron al Presidente de la República, en defensa de la libertad de prensa y de la filosofía plural e independiente, que este medio representa. Por estar fuera del país, no me enteré con oportunidad para firmarla.

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