Así como la película “Siccità” de Paolo Virzi imagina el caos que se desataría por una Roma sin agua, en la realidad, en algunas semanas, es lo que podría suceder en Ciudad de México.

Según la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) el próximo 26 de junio el sistema Cutzamala quedará seco y con ello el Valle de México sufrirá por la falta de abastecimiento del vital líquido.

El presidente de la República y sus voceros desmienten al organismo público encargado de administrar y preservar las aguas del país. Para López no es así, reconoce que la escasa lluvia del año pasado en el centro del país, afectó el abasto pero niega que la zona metropolitana de Ciudad de México se quedará en pocas semanas sin agua.

Además, en su show mañanero, el Ejecutivo Federal propuso una posible solución si ello llegase a suceder: tras recitar la lista de ríos del sureste mexicano, afirmó que estos podrían abastecer de agua tanto al centro como al norte del país.

De nuevo López exhibe que vive en la mentira o en una realidad alterna: desacreditar el informe de Conagua es absurdo y peligroso. Si el gobierno federal, de la mano del capitalino no actúan rápidamente podrían dejarnos sin agua a quienes aquí vivimos.

Si bien la creación de ductos que transfieran el agua del sureste al resto del país es una medida que podría llegar a implementarse (1) no es la solución y (2) es imposible de ejecutar en menos de tres meses.

La solución al abasto de agua es combatir las causas que ocasionan el decremento de la lluvia y que afectan la calidad de los mantos acuíferos.

Es decir, para combatir el desabasto de agua el gobierno federal debe prevenir, perseguir y sancionar todos esos delitos que se cometen contra el medio ambiente que favorecen la tala clandestina, la contaminación del aire, la tierra y el agua. Delitos que favorecen el proceso de desertificación en nuestro país.

Por otra parte, el presidente sabe que ejecutar una obra de la magnitud que propuso -traer agua del Usumacinta o el Grijalva- llevaría años y miles de millones de pesos de inversión que no están presupuestados.

Además ¿cómo se pretende abastecer del vital líquido al Valle de México si por lo menos el 50% se pierde debido a la falta de reparaciones y mantenimiento? Un mantenimiento que los gobiernos capitalinos de los últimos 30 años no ha ejecutado por negligencia y corrupción.

La sequía que se avecina se pudo evitar. En el Observatorio Nacional Ciudadano (ONC) llevamos años insistiendo que urge contar con información pública que permita conocer cuántos delitos de tala clandestina; de tomas clandestinas de hidrocarburo; de contaminación de la tierra y los manantiales; de contaminación del aire; de minería ilegal -así como de pesca ilegal y de venta ilegal de especies protegidas- ocurren en nuestro país, para poder diseñar e implementar políticas públicas que eviten que los mexicanos nos quedemos sin agua, sin aire limpio, sin cultivos, sin alimentos, sin vida silvestre.

Si bien carecemos de datos precisos podemos deducir el tamaño del problema a partir de acciones ilegales que cometen tanto los ciudadanos, las comunidades, las empresas, los delincuentes, como los mismos gobiernos.

Hechos que han sido denunciados por activistas medioambientales que hoy viven el peor momento de la historia de homicidios y agresiones en su contra.

En noviembre de 2022 publicamos el estudio La Extorsión Bajo el Caleidoscopio: muchas modalidades y pocas políticas públicas, en el que documentamos que las comunidades y sector agrario deben pagar derecho de piso a la delincuencia tanto para poder sembrar y recolectar ciertos productos como para acceder al agua.

Asimismo, el estudio Mercado de Plaguicidas Ilegales en México, que también elaboramos en el ONC, exhibimos el alto porcentaje de mercado ilegal de dichos productos. Germicidas que envenenan los alimentos, el agua y la tierra y facilitan la desertificación. Un mercado controlado por la delincuencia en el cual el gobierno federal es absolutamente omiso.

Año a año hemos visto crecer el número de incendios dolosos provocados por comunidades -que buscan sembrar en áreas protegidas o que simplemente queman sus campos para recibir los apoyos de Sembrando Vida- o empresas.

En el ONC hemos denunciado cómo en este sexenio se rebasó el récord de tomas clandestinas de gas e hidrocarburo. Pese a que la autoridad federal asegura que este delito va a la baja, en el estudio Final de Sexenio, Se confirma el fracaso de cumplir las metas en seguridad, demostramos que éstas se encuentran en máximos históricos.

Más allá del daño al erario público y el enriquecimiento de los grupos delictivos, las tomas clandestinas representan un peligro para los mexicanos tanto por las frecuentes explosiones que ocurren, como por la contaminación del aire, la tierra, el agua que ocasionan.

Es bien sabido que la recolección y confinamiento de la basura es un gran negocio criminal en todo el mundo, que su mal manejo destruye al medio ambiente, en nuestro país ninguna autoridad parece haberse percatado.

Todos estos delitos son parte del por qué vivimos los efectos del desabasto de agua y desertificación del país

Indudablemente, una parte del problema es global. Sin embargo, en México ¡hasta el gobierno federal comete delitos contra el medio ambiente!

A la desaparición de fideicomisos para defender las áreas protegidas, del FONDEN y los recortes presupuestales que inhiben el buen mantenimiento de las presas, debemos agregar los efectos de construir sus obras insignia. Obras que carecen de estudios sobre impacto ambiental y que han afectado enormemente al medio ambiente.

La construcción de la refinería de Dos Bocas requirió de la tala de hectáreas de manglares; el trazado de las vías del Tren Maya ocasionó la destrucción de la selva y la contaminación de decenas de cenotes que contenían agua potable.

Entonces, para evitar el desabasto de agua se debe combatir todo delito que inhiba la precipitación pluvial, así como todo lo que afecte el medio ambiente.

También se puede planear un sistema que redistribuya el agua entre las áreas más desérticas hacia aquellas donde el agua abunda.

Lamentablemente, para que ello sea posible -y no resulte en un desastre medioambiental más- se requiere análisis, un plan detallado, mucho tiempo y dinero para una implementación impecable.

Es un hecho que en esta ocasión López no podrá resolver el desabasto de agua en el Valle de México por decreto.

Quien asuma la silla presidencial y quien sea electo como jefe del Gobierno capitalino heredarán un grave problema: el desabasto de agua.

Por ello, deberán trabajar de la mano para invertir en infraestructura, para combatir los delitos medioambientales, para educarnos a los mexicanos en el respeto al entorno natural, para garantizar el derecho humano al agua.

De lo contrario, así como en la película “Siccità” la ciudad vivirá el caos, la violencia y los delincuentes se abocarán en controlar la distribución del vital líquido.

Director del Observatorio Nacional Ciudadano

@frarivasCoL

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