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¿Donde se esconde la privacidad en la era digital?

20/01/2020
04:46
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Debió correr mucha historia para que en el mundo se comenzara a comprender que la privacidad es un espacio vital para vivir en armonía interior y exterior, por tanto, es un derecho fundamental. Algo mucho más elaborado y extenso que las primeras referencias de la privacidad que fueron durante siglos: la correspondencia de cartas impresas enviadas por correo (que se enunció como jurídicamente "inviolable") y el diario que solía escribirse por las noches y guardarse en el buró junto a los libros de cabecera, sobre el que sin embargo, en caso de ser burlado no había consecuencias legales.

Lentamente se ha ido reconociendo el derecho a la vida privada. Un derecho polifacético de compleja tutela por sus extensiones o manifestaciones en el campo real como en el virtual. En los dominios la era digital, en la que vivimos unos más conscientes que otros de sus impactantes efectos.

 El derecho a la vida privada abarca múltiples facetas o modalidades en las que se desenvuelve la vida privada de cada uno para interactuar con la vida privada de otros. Así, las cosas que ocurren entre quienes se acercan "en modo confidencial" se alojan (o esconden) dentro de la vida privada de los involucrados y esa "zona de privacidad común" debe pertenecer o ser exclusiva de quienes la crearon, salvo que decidan de mutuo acuerdo (o aisladamente) compartirla con alguien o con todo el mundo, esa revelación de aspectos de vida privada en común o de vida privada exclusiva de alguien suele compartirse voluntariamente o por descuido o error inconscientemente. También se puede filtrar o trascender por un tercero que hubiera hurgado y encontrado esas evidencias.

Vivimos tiempos rápidos, las tecnologías nos han convertido en amantes o esclavos de la instantaneidad, la vida más que un paso por el mundo, pareciera una fuga y nuestros datos personales corren a velocidad de la luz. Nunca mejor dicho.

La vida privada contiene elementos subjetivos (por excelencia) digamos intangibles o invisibles y otros componentes ciertos e identificables, concretos, visibles que requieren previa autorización para ser difundidos.

Los datos personales son fragmentos de la personalidad, signos y las señales de la intimidad documentada de alguien o de algunos entre sí ligados. Los datos personales son la vía objetiva para proteger aspectos de la personalidad y episodios de la vida privada de cualquier persona real.

Sin temor a exagerar, la privacidad es un preciado tesoro humano, una mina portátil que en el pasado (antes de la era digital) que viaja consigo mismo.

La privacidad es el refugio exclusivo de cada persona, un oasis en el que acomoda sus sentimientos: revive sus recuerdos, reconcilia sus sueños, los recrea con los ojos abiertos para incluso aniquilar sus pesadillas.

En la zona de privacidad individual, la persona se ve frente al espejo de la realidad sin ropa ni caretas o se viste de otra persona, se conoce mejor y se reconoce. Lo que solo está en la mente y en el corazón de cada persona es la intimidad y ese caudal de vivencias se muere con la memoria de la persona salvo que las hubiera descrito en su diario o concedido en confesión a un biógrafo.

La vida privada La privacidad en el que solo ingresa, -así debería de ser- quienes contaran con las autorizaciones precisas y suficientes. El problema con la era digital radica en la incesante transmisión de datos personales al grado de ser –prácticamente- imposible interrumpir el curso que siguen a sus destinos. La privacidad hoy viaja sin la consciencia plena de sus titulares a veces ellos mismos la depositan en el carrusel de la Internet a través de las redes sociales. Otras veces involuntariamente; la privacidad viaja escondida, ni sus titulares saben cuando y porqué se subió a esa montaña rusa en la que se pasea sin cesar. Solo el auto-cuidado (la auto-protección) puede evitar que la privacidad se escurra como el agua entre las manos y vaya a caer a las manos de cualquier desconocido o conocido, más que en la mano en las pantallas o dispositivos de cualquiera. La "aldea global" de Macluhan es hoy en día la aldea digital. En ella debemos aprender a convivir con mayor cautela y responsabilidad.