En honor a John Maynard Keynes, nacido el 5 de junio de 1883. Año en que falleció Carlos Marx.
“La esperanza requiere confianza. El miedo no: sólo requiere un enemigo” (Martin Wolf, 2023, La crisis del capitalismo democrático. Por qué el matrimonio entre democracia y capitalismo se está diluyendo y qué debemos hacer para solucionarlo, Ariel, México, p. 257).
Después de haber sido juzgado, condenado, ejecutado y sepultado, el conflicto entre la derecha y la izquierda, ahora en modo de populismos, ha retornado como protagonista central al escenario político internacional. El repliegue latinoamericano de las izquierdas -además de sus desatinos, contubernios, encubrimientos e ineficiencias- ha recibido algo más que un empujoncito del operador de jefe de lo que Shawn Rosenberg califica de fascismo light, el ínclito Donald Trump y halcones que lo encampanan.
El éxito de la nueva derecha, más primitiva y autoritaria que la tradicional (lo que es mucho decir), guarda una estrecha relación con una suerte de pereza mental colectiva: “… la llamada del populismo de derechas a la devoción a una nación idealizada y a un “gran líder” proporciona a una gran masa del pueblo lo que la democracia no puede: el alivio de la carga de pensar por sí mismos a cambio de una lealtad absoluta al líder. Esta actitud es evidentemente incompatible con la democracia liberal” (Shawn W. Rosenberg, 2019, Democracy Devourin Itself: Tha Rise of the Incompetent Citizen and the Appeal of Right Wing Populism, p. 14).
Como la prematura muerte del libre comercio, a manos de la neo mercantilista práctica arancelaria, como la calumniosa conversión en “comunistas” de los demócratas estadounidenses, a quienes en el extremo Roosevelt bautizó como “liberales”, el retorno de la confrontación de los extremos de izquierda y derecha, como en la Guerra Fría, es resultado de las ocurrencias del ocupante de la Casa Blanca, ahora adornado con un estúpido corolario a la Doctrina Monroe.
De esa combinación resulta que la América latina y El Caribe, especialmente en aquellos países que celebren comicios antes de 2028, la presión a favor de personeros de la ultra derecha no será poca ni barata y, eventualmente, cuenta con serias posibilidades de convertirse en exitosa. Hoy, es en Colombia; muy pronto en Brasil y el próximo año, nada más ni nada menos que en la soberana patria mexicana. Pese a su pusilánime política internacional, sumisa con autócratas de Eurasia, Asia Oriental e Israel, Trump percibe a la subregión latinoamericana, ¿cómo decirlo?, como su campo de golf y se siente con el derecho de pasar por encima de cuanto derecho iguale, es un decir, a las naciones.
Algo, verdaderamente urgente y lúcido, deberá hacerse para evitar la injerencia gringa en las políticas nacionales o, en su muy probable caso, para denunciarla y derrotarla. Es una cuestión existencial para lo que nos queda de orden democrático.

