“Sin la incertidumbre, Keynes es algo así como Hamlet sin el príncipe” (Hyman Minsky, 1987, Las razones de Keynes, FCE, México; p. 67).
PRESENTACIÓN.
Durante el presente año, 2026, se celebran los 90 años de la primera edición de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero y se conmemoran, no se celebran, los 80 años del fallecimiento de John Maynard Keynes, juzgado por Robert Skidelsky, Ha-Joon Chang, un largo etcétera de grandes autores y por la misma historia, como el economista más influyente de nuestro tiempo.
Si nos atenemos a la reflexión keynesiana sobre algunas de sus más relevantes aportaciones, contenidas en sus Ensayos de Persuasión -casi todas previas a la publicación de la Teoría general- ( La excepción es “Cómo pagar la guerra”, de 1940, incluida por los editores en 1988), es muy probable que él pusiera en tela de juicio su propia influencia: “He aquí coleccionado algo así como los graznidos de un cuervo o los cantos de una rana a lo largo de doce años: graznidos o cantos de una Casandra que nunca pudo influir en el curso de los acontecimientos a lo largo del tiempo. El volumen podría haberse titulado “Ensayos de profecía y persuasión”, porque la <<profecía>>, por desgracia, ha tenido más éxito que la persuasión” (John M. Keynes, 1931, Ensayos de persuasión. Prefacio, SÍNTESIS, Madrid; p. 179). En realidad, Keynes ya había adquirido un enorme prestigio desde la publicación, en 1919, de su extraordinario libro Las consecuencias económicas de la paz, en el que critica duramente a las condiciones impuestas a Alemania en El Tratado de Versalles, durante el que las pretensiones institucionalistas del presidente Woodrow Wilson y, secundariamente, del primer ministro Lloyd George, se vieron rebasadas por el ánimo revanchista del Tigre Clemenceau; en ese texto, Keynes profetiza el malestar del pueblo alemán con el propio tratado y la emergencia del autoritarismo nacional socialista. Lo que es un hecho es que, incluso en ese caso, la profecía tuvo más éxito que la persuasión.
La verdadera influencia de Keynes, en buena medida propiciada por el contexto en que se desarrolló (La Gran Depresión), habría de llegar con la publicación, difusión y, muy especialmente, aplicación de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, a partir de 1936; o antes (1934), si consideramos la discusión previa a la publicación con discípulos y colegas. La tradición económica clásica y neoclásica (para Keynes eran lo mismo) recibió esta obra con desgano, afirmando que, en ella, <<lo bueno no era nuevo y lo nuevo no era bueno>>. Como siempre, hubo un espacioso sitio para ciertas envidias personales e intelectuales:
Entre muchos <<críticos>> de Keynes, destaca el caso de Joseph Schumpeter: “El keynesianismo es una semilla que no puede ser trasplantada a suelo extraño: cuando así se hace, muere, y antes de morir se vuelve venenosa” (J. Schumpeter, 1983, Diez grandes economistas. De Marx a Keynes, Alianza Editorial, Madrid; p. 373). Por su parte, Ha-Joon Chang plantea lo siguiente: “Nacido en el mismo año que Schumpeter y compartiendo con este el honor de que una escuela de pensamiento económico lleve su nombre, tenemos a John Maynard Keynes (1983-1946). En cuanto a influencia intelectual, no existe comparación entre ambos. Keynes fue, sin lugar a dudas, el economista más importante del siglo XX. Redefinió la disciplina inventando la macroeconomía, la rama de las ciencias económicas que analiza la economía en su conjunto, como una entidad diferente de la suma total de sus partes” (Ha-Joon Chang, 2015, Economía para el 99 % de la población, Debate, México; p. 138).
Con la teoría y, más concretamente, con la política derivada de esta, Keynes, <<creador de los hombros de un gigante>> (Minsky, 1986, E legado de Keynes, en Investigación Económica # 177, FEUNAM, México; pp. 29-30) pudo salvar al mundo capitalista, paradójicamente y, en primer lugar, de sí mismo, transformándolo radicalmente: “La teoría general del empleo, el interés y el dinero es una obra de una fascinación imperecedera. Es simple y sutil, oscura y profunda. Ofreció una forma sistemática de pensar, no solo sobre el comportamiento de las economías contemporáneas, sino sobre los obstáculos que se interponen en la búsqueda de una mayor riqueza en todos los tiempos. Combinó una visión de futuro con una rigorosa demostración de la posibilidad de un equilibrio con desempleo. A pesar de que los economistas jóvenes con inclinaciones especulativas se sentían atraídos hacia ella como un almacén de ideas sugerentes, era su utilidad práctica la que principalmente les atrajo en un mundo suspendido entre la democracia en estado de putrefacción y la dictadura que estaba acabando con todo […] Keynes fue el primer economista que visualizó la economía como una cantidad agregada de producción resultado de un flujo agregado de gasto. Esta nueva forma de ver la arquitectura de una economía es el legado más duradero de La teoría general” (Robert Skidelsky, 2013, John Maynard Keynes. La biografía definitiva del economista más influyente de nuestro tiempo, RBA, Barcelona: p. 725).
Convocadas y convocados están quienes se interesen en conocer la evolución de un pensamiento singular sobre el dinero, de la Teoría Cuantitativa de la Moneda a la Preferencia por la Liquidez, sobre la inextirpable incertidumbre y sobre el trabajo: “Hoy en día, observamos la preferencia por la liquidez en acción. Explica la crisis financiera mundial de 2008, la búsqueda desesperada de efectivo al inicio de la pandemia de COVID-19, las drásticas fluctuaciones de los precios y las acciones conocidas como caídas repentinas y otras crisis recientes del mercado” (Robert Skidelsky (+), junio 2026, Keynes para nuestros tiempos, en Revista F & D; p. 5). La UNAM y la UAM Xochimilco les invitan para el próximo septiembre. ¡ESTÉN AL PENDIENTE!

