Es una lesión no mortal, además, no será eterna; tiene una agravante grave: el puñal lo empuñan desde el poder público, y una agravante más, la auspicia, mira con simpatía, y hasta la defiende, quien debería, por su formación profesional y su personal trayectoria política, ser un opositor vehemente y decidido, Ricardo Monreal.
Me refiero a las iniciativas presentadas por el Ejecutivo a la Cámara de Diputados para una reforma constitucional más. Debería tenerse el respeto que merece la historia larga y con muchos obstáculos que han tenido que vencerse para tener un orden jurídico más acercado a la democracia, y no al autoritarismo que está empeñado en consolidar la funesta 4T.
Concretamente menciono la reforma que le impone al incondicional, más que instituto electoral, la supervisión de que los candidatos propuestos por los partidos políticos no tengan vínculos con integrantes de la delincuencia organizada. Es una decisión acertada, sin embargo eso debe ser una tarea de los partidos políticos al seleccionar a quienes deben ser sus candidatos. No se le puede dar esta tarea investigadora al organismo que tiene otras funciones.
Esa reforma está diseñada para cerrarle el paso a aquellos candidatos que la 4T considere no es conveniente obtengan el triunfo por su marcada identificación con la oposición. Finamente, es de una gran subjetividad el poder probar esa vinculación antisocial con presuntos delincuentes. Se necesitarán pruebas, y me pregunto, ¿habrá de ser tan exigente la autoridad, como lo ha hecho en el caso de los presuntos narcopolíticos sinaloenses exigiendo pruebas y estar violando con eso la Ley de Extradición Internacional, y el Tratado sobre esa materia firmado con Estados Unidos? Si no lo es, por cualquier indicio que se juzgue suficiente, dejará de ser candidato quien no desean lo sea.
Otra reforma más preocupante todavía es la que permite la nulidad de una elección si se considera “injerencia extranjera”, término ambiguo y sujeto a diferentes interpretaciones. Pero de una gran utilidad, para que Morena no pierda, aunque haya perdido. Y lo mismo se puede aplicar para diputados, senadores, gobernadores o presidente del país.
No se precisa qué clase de injerencia extranjera amerita esa sanción.
Puede ser que en un periódico o medio de comunicación no nacional apareciera una noticia a favor o en contra de un candidato, lo que se podría considerar que es “injerencia” si se conoce en México. Entonces hasta la libertad de expresión estaría censurada. Incluso, considerando que actualmente a través de las plataformas sociales se puede tener acceso a noticias provenientes de cualquier lugar del mundo, si hay una opinión a favor o en contra, se estará en posibilidades de anular la elección. Es por eso justificado el título de esta colaboración.
Los argumentos de Ricardo Monreal son mentirosos, solo encaminados a hacer invencible a su partido, cuando dice que lo que se busca es “blindar los procesos democráticos”. Podrá en nuestra Facultad, a sus alumnos de la División de Estudios Superiores, convencerlos de sus falaces y antidemocráticas afirmaciones.
De ahí la importancia del 2027: no permitamos que la Cámara de Diputados sea como hasta ahora lo está siendo, una copia de la “Asamblea Nacional del Poder Popular”, de Cuba; desde su creación, todas las iniciativas las han aprobado por unanimidad de sus 470 integrantes.
Como ciudadano contemplo con preocupación el proceder oficial. Confiemos con optimismo nuestro voto sea respetado.
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