El término obsesión viene del latín, de la palabra obsessio que significa asedio, y se entiende que es tener una idea fija o pensamiento repetitivo que constituye una molestia para quien lo vive y que necesita exteriorizarlo. Cuando una persona tiene una obsesión es, por supuesto, molesto en lo personal, y para quienes conviven con quien lo padece. Sin embargo cuando una obsesión se manifiesta de manera pública es grave para la sociedad.
Este comentario viene en función de que estamos padeciendo en nuestro gran país obsesiones de gobierno desde el sexenio pasado. Una de ellas evidente, es la absurda solicitud de exigirle al gobierno español y al Vaticano, que se disculparan por los abusos que se cometieron durante la conquista. La carta que sobre ese tema fue enviada al Rey de España ha seguido siendo mencionada por nuestra Presidenta recalcando que debe reconocerse la grandeza de las culturas indígenas, lo que no se ha desconocido nunca y que no requiere ser reconocida para afirmar su existencia.
Con ese pensamiento realmente obsesivo se ha atentado contra hechos históricos trascendentes en la cultura nacional. Fue así como se retiró en octubre del 2020 la estatua de Cristóbal Colón de Paseo de la Reforma en la Ciudad de México; en agosto de 2021 a la calle de Puente de Alvarado se le cambió de nombre, y recientemente al llamado “Paso de Cortés” sugirió la Dra. Sheinbaum se le cambie por el nombre de “Paso de los Pueblos Indígenas”, y expresó que quienes consideraron que no era adecuado cambiar el nombre es porque “veneran a Cortés”. De ninguna manera es veneración al conquistador, es simplemente reconocer que nuestra historia arranca por supuesto de los pueblos indígenas, y de un mestizaje que no podemos ignorar.
Ese pensamiento obsesivo está presente en las expresiones reiteradas que pretenden borrar el pasado, y hacer reformas trascendentes que se habían logrado a lo largo de la vida pública. No podemos aceptar que se pretenda, en nombre del “nuevo régimen” que es aceptado y reconocido a su padre como su forjador, que los hechos delictivos que ahora se cometen en las esferas públicas, como recientemente lo afirmó Andy López Beltrán, estén siendo magnificados por quienes están en contra del actual gobierno.
Con ese propósito de borrar el pasado y hacer sentir que con la 4T comenzó la vida de México, tendrán que hacerse muchos cambios que de nada servirán, sino solamente pretendan que las nuevas generaciones no tengan memoria más de lo que se ha hecho a raíz del triunfo del partido Morena.
De esa forma es como también se han combatido los exámenes de admisión para cursar estudios superiores por considerarlos elitistas, sin advertir que no es igual la preparación de todos los aspirantes. Parece que es la mediocridad otra obsesión pública, lo que es muy entendible, a menor preparación y cultura públicas, es más fácil imponer criterios oficiales por negativos que estos sean.
Tenemos entre ese reconocimiento a la mediocridad las declaraciones de la ministra de la Corte, Lenia Batres, criticando los exámenes de control practicados por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Lamentablemente ese pensamiento invade a la ostentosamente llamada “Nueva Escuela Mexicana “ para determinar en la “Guía Operativa para la Organización y Funcionamiento de los Servicios de Educación Básica” que las escoltas de la bandera no se integren por los alumnos con mejores promedios y comportamiento académico. Es triste que las obsesiones gubernamentales no inciten al progreso y la excelencia.
Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

