¿Vivimos en el Juego del calamar?

Esteban Illades

Ciento once millones de personas han visto la serie. Es la número uno en 90 países dentro de la plataforma más popular de “streaming”. Si mantiene el paso, dice la plataforma, será la serie más vista en su historia.

Lo más interesante del asunto es que la serie está en coreano. No en inglés, como la mayoría de los éxitos taquilleros. Cierto, la plataforma da opción de escucharla en el lenguaje local de muchos países, pero la versión original requiere, a diferencia de las series hechas para poner de fondo, cual ruido blanco, mientras uno revisa el celular —el ejemplo que la mayoría de los críticos cita es “Emily in Paris”, de la misma plataforma—, ésta requiere atención irrestricta.

Se trata de “El juego del calamar”. Para todo aquel que esté en línea, los memes abundan. De hecho, quien esto escribe confiesa que empezó a ver la serie para poder entenderlos y no perderse de la conversación en redes. La publicidad de la nueva serie de “streaming” la alinea con el éxito coreano previo, “Parasite”, que llegó a ganar el premio a mejor película en la edición 2020 de los Premios de la Academia.

La trama de “El juego del calamar” es sencilla. Un grupo de 456 personas con deudas de diverso monto –impagables, en todos los casos– es secuestrado por una organización que le ofrece jugar una serie de juegos. La participación es opcional, y si la mayoría de los 456 vota por no participar, los juegos no se llevan a cabo. Hasta ahí todo bien. El problema ocurre con las otras dos condiciones. La primera, el premio: 45.6 mil millones de wones, o 38 millones de dólares. Algo así como 760 millones de pesos.

La segunda, quien pierda muere. El premio es mayor, el castigo también. Y eso mueve la balanza.

Lo que sigue, a lo largo de nueve capítulos, es violencia mezclada con juegos de niños. Esto es literal: los participantes deben de jugar y completar juegos de primaria para poder avanzar. (Pensemos en “stop”, por ejemplo.)

Quizás no suene atrayente a primera vista, y éste texto no es una recomendación. Pero vale la pena explicar el por qué del éxito de la serie.

En efecto, “El juego del calamar” puede verse como una obra emanada de “Parasite”. En el cine y la televisión coreana, la división de clases, la diferencia entre ricos y pobres, la desigualdad rampante, están en el centro de las tramas. Esto a pesar de que el coeficiente de Gini del país –un número entre 0 y 1 que mide la desigualdad social; mientras más cerca del cero mejor– es de 0.31. En México, como referencia, según el Banco Mundial estábamos en 0.45 antes de la pandemia. Entiéndase, si bien es desigual, hay países en mucho peor situación que Corea del Sur.

La serie resuena, por lo tanto, con los temas de interés en su país de origen. Pero también con el interés mundial: durante la última década, en el resto del mundo –pensemos en las protestas masivas en Europa y Estados Unidos, por ejemplo– la desigualdad se ha vuelto uno de los principales motivos de participación política entre los jóvenes. Ahí está la elección de Alexandria Ocasio-Cortez al congreso de Estados Unidos. La agenda de “AOC” es principalmente la disminución de la pobreza y de la desigualdad, y la representante goza de una popularidad inusitada justo por ello.

En México, de igual manera, el discurso resuena. Con independencia de lo que uno piense de nuestras figuras gobernantes, lo cierto es que el discurso de “Primero los pobres” hizo que un candidato obtuviera más de la mitad del voto para presidente hace tres años, cosa no vista en varias décadas.

Seamos aún más minuciosos: la propuesta de “El juego del calamar” da en el clavo del interés de los usuarios de la plataforma. Según los datos más recientes de la compañía detrás de la serie, el 65% de los grupos demográficos de 18 a 29 años y de 30 a 44 tiene una cuenta en el servicio.
Esto quiere decir que ambos grupos etarios consumen el “streaming” que se les ofrece, y si éste pasa por lo que les atrae a ambos, es un éxito seguro.

Las encuestas, tanto en México como en el resto del mundo, nos dicen que una de las principales preocupaciones de los jóvenes, si no es que la más importante, es su economía. Asimismo, las generaciones de hoy también aseguran que viven peor que las generaciones previas. Si bien es un extremo lo representado en la serie, es posible identificarse con lo que ahí ocurre.

Para la juventud de hoy, “El juego del calamar” es su día a día.

 


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