Sin afán de echarle limón a la herida, luego de la dolorosa eliminación de la Selección Nacional frente a Inglaterra, únicamente quiero recordar dos hechos que me parecen irrefutables. Primero: México jugó en casa. Segundo: Disputó más de media hora con un hombre de más. Con esos dos elementos, cualquier equipo que aspire a convertirse en potencia mundial tendría que haber encontrado la manera de imponerse. No ocurrió.
Y ahí es donde, en mi opinión, aparece la enorme diferencia entre el futbol y el boxeo mexicanos.
Desde hace décadas, el futbol mexicano se conforma con metas pequeñas. Durante años, escuchamos hablar del famoso “quinto partido”, como si llegar a esa instancia fuera el objetivo máximo de una Selección que representa a un país de más de 130 millones de habitantes. Cuando una Selección piensa en llegar al quinto partido, normalmente llega... al quinto partido. Porque las metas pequeñas producen resultados pequeños.

En el boxeo, sucede exactamente lo contrario. El mexicano no sube al ring pensando en dar una buena pelea. Sube pensando en ganar, aunque enfrente tenga mayor estatura, mejor alcance, la localía, al público en contra o incluso un sistema que históricamente ha favorecido al peleador de casa.
Mauricio Bronco Lara viajó hasta Inglaterra para noquear a Josh Warrington y Leigh Wood en su propio territorio. Luis Alberto Venado López hizo lo mismo frente a Warrington y Michael Conlan, derrotando a dos peleadores que parecían intocables en Reino Unido. Y, por supuesto, aparece el mejor ejemplo de todos.
Canelo Álvarez construyó un histórico 8-0 frente a peleadores británicos. Matthew Hatton, Ryan Rhodes, Amir Khan, Liam Smith, Rocky Fielding, Callum Smith, Billy Joe Saunders y John Ryder, las víctimas. Todos tenían ventajas físicas evidentes sobre el mexicano. Callum, por ejemplo, le llevaba cerca de 20 centímetros de estatura.
Pero —seguramente— en orgullo, Saúl era mucho más grande. Ahí está la diferencia.
El boxeador mexicano está acostumbrado a viajar para quitarle el campeonato al monarca, a silenciar arenas completas y a ganar cuando todo parece estar en su contra.
No escribo esto para golpear gratuitamente a los muchachos de Javier Aguirre. Lo hago porque creo que el futbol mexicano tiene talento suficiente para competir contra cualquiera. Lo que todavía no termina de desarrollar es esa mentalidad que durante décadas ha convertido al boxeo en el deporte que más gloria le ha dado a nuestro país.
Resulta paradójico que el boxeo reciba mucho menos apoyo económico que el futbol y, aun así, produzca muchos más campeones del mundo y muchas más alegrías para México. Quizás el problema nunca ha sido de talento. Quizá ha sido de mentalidad.
El día que el futbol mexicano piense como piensan nuestros grandes boxeadores, dejaremos de celebrar quintos partidos y empezaremos a pelear por campeonatos del mundo.
@ErnestoAmador