México necesitaba una buena noticia.
Después de la decepcionante eliminación de la Selección Mexicana en el Mundial de 2026, el futbol volvió a quedarse corto. Una vez más nos quedamos con la amarga sensación de que seguimos muy lejos de competir con las grandes potencias.
Por fortuna, el boxeo apareció para recordarnos que sigue siendo el deporte que mejor representa el carácter, la mentalidad y el espíritu competitivo de nuestro país.

Con una actuación simplemente extraordinaria, Edwin Zepeda, mejor conocido como "El Camarón", nos regaló una auténtica sinfonía digna de Beethoven o Mozart. Peleó una pelea prácticamente perfecta, con un ritmo impecable, una condición física sobresaliente y una inteligencia táctica que anuló por completo a Lamont Roach.
Roach jamás encontró la distancia ni el momento de la pelea. Desde el primer campanazo, el oriundo de San Mateo Atenco impuso condiciones, marcó el ritmo del combate y terminó conquistando el campeonato mundial ligero del Consejo Mundial de Boxeo con una autoridad que pocos imaginaban.
Dicho en palabras más sencillas: hubo mucho camarón para Roach.
El mexicano bailó al ritmo que él mismo impuso y terminó dándole una auténtica lección a uno de los peleadores más completos y peligrosos del boxeo estadounidense.
Tengo muchos años cubriendo la carrera de Edwin Zepeda y, desde nuestra primera conversación, supe que tarde o temprano se convertiría en campeón del mundo. Hace varios años le dije una frase que jamás olvidó: "No hueles... Apestas a campeón del mundo".
Al terminar la pelea en Las Vegas, bajó del ring, me buscó entre la gente, me abrazó y sonriendo, me dijo: “Tenías razón”. Confieso que ese momento me emocionó profundamente.
Al "Camarón" lo he visto noquear, lo he visto caer a la lona y también perder. Pero si algo distingue a los grandes campeones es su capacidad para transformar cada derrota en una lección. Edwin nunca permitió que la adversidad lo derrotara; por el contrario, convirtió cada tropiezo en combustible para seguir creciendo.
En cuestión de semanas, Jay Najar, Carlos Duarte y ahora Edwin Zepeda le han regalado a México nuevos campeones del mundo. Son logros que jamás debemos normalizar.
Y mucho menos cuando el rival era Lamont Roach.
En mi opinión, Roach derrotó a Gervonta Davis y empató con Isaac “Pitbull” Cruz. Es uno de los mejores exponentes del boxeo afroamericano en la actualidad y precisamente por eso la actuación del nuevo campeón mexicano adquiere una dimensión todavía mayor.
Hoy muchos preguntan qué sigue para Zepeda.
La respuesta es muy sencilla: por ahora, absolutamente nada.
Es tiempo de abrazar a sus hijos, de disfrutar a su familia y de celebrar el sueño por el que trabajó toda una vida. Durante más de cuatro meses vivió lejos de ellos para preparar la pelea más importante de su carrera y, como él mismo me confesó en Las Vegas, lo único que anhelaba era regresar a casa para recuperar el tiempo perdido con los suyos.
México sigue siendo una potencia mundial en el boxeo, pero precisamente por eso debemos valorar victorias como ésta.
No todos los días un mexicano domina de principio a fin a un peleador de la categoría de Lamont Roach.
Mientras el futbol mexicano sigue soñando con el quinto partido, el boxeador mexicano sueña con ser campeón del mundo. Quizá ahí radique la enorme diferencia entre uno y otro.
¡Felicidades, "Camarón"! Siempre lo supe: No olías, apestabas a campeón del mundo.
@ErnestoAmador