Las no serían las mismas sin pozole, sin grito y sin boxeo. Desde que tengo uso de memoria recuerdo celebrar la Independencia de México gritando, comiendo y disfrutando de buen boxeo. Claramente podía gritar más de dos veces y pecaminosamente, reconozco que llegué a servirme pozole en más de dos ocasiones. Sin embargo, en cuanto al boxeo, normalmente solo teníamos una gran velada.

Afortunadamente, este próximo fin de semana patrio podría permitirme repetir pozole, gritar en varias ocasiones y disfrutar de dos magníficas funciones. Claro, esto si los dioses del boxeo elucubran para que el próximo 12 de septiembre tengamos desde Arabia Saudita a Canelo Álvarez vs. Christian Mbilli y aquí, en Las Vegas, a Ryan García vs. Conor Benn.

Seguramente, ustedes estarán pensando que es muy temprano para hablar de septiembre, pero la verdad es que traigo ganas de pozole, ganas de gritar y ciertamente estaré sediento de ver boxeo del bueno, luego de meses de hablar de futbol y de que mis ojos tengan forma de balón después de las charlas premundialistas, las pláticas durante el Mundial y la inevitable cruda postmundialista, misma que espero no sea tan dolorosa para la Selección Mexicana.

Canelo retaría a Christian Mbilli por el cinturón supermediano del CMB, buscando recuperar uno de los campeonatos que en buena lid le arrebató Terence Crawford el pasado 13 de septiembre. Este combate tiene algo muy especial, pues se habla de que será México contra el resto del mundo. Además, podría convertirse en una de las peleas más importantes y estresantes de la carrera del múltiple campeón tapatío, pues una derrota lo acercaría más al retiro que a una nueva oportunidad de volver a reinar en las 168 libras.

Mbilli no es un flan. Es un peleador invicto, fuerte, joven y en pleno ascenso. Saldrá a noquear o ser noqueado, fiel a su estilo. Al nacido en Camerún ya lo vimos robarse la noche de Canelo vs. Crawford ante el sorprendente guatemalteco Lester Martínez en un auténtico peleón. Debo acotar que el CMB elevó a Mbilli a campeón y mandó a Lester a disputar un cetro interino, algo que a todas luces me pareció injusto, aunque al final ellos sabrán por qué tomaron esa impopular decisión.

Veo una pelea durísima para Canelo. Quizá la más peligrosa desde Crawford. Será una oportunidad para descubrir nuevamente de qué está hecho el tapatío y cuánta gasolina le queda en el tanque antes de colgar los guantes e irse, sin escalas, al Salón Internacional de la Fama. Insisto: es una pelea muy peligrosa.

Ryan vs. Benn, ¡guerra sin cuartel!

Tan sólo imaginarme una guerra entre Ryan García y Conor Benn me invita a comerme las uñas, preparar las palomitas y juntar santos y veladoras para que se confirme esta histórica reyerta boxística. Chocarían dos de los mayores talentos de su generación, dos peleadores polémicos que dividen opiniones. A García y Benn los quieres o los odias, pero todos sabemos que ninguno de los dos escatimará absolutamente nada para demostrar quién manda sobre el encordado.

Y si arriba del ring prometen dinamita, abajo tampoco faltará la pólvora. La verborrea previa forma parte del espectáculo cuando chocan los Estados Unidos y el Reino Unido.

Veo favorito al actual monarca del CMB. En mi opinión, Ryan es más rápido, fuerte y más inteligente dentro del ring. Sin embargo, a pesar de no aparecer como favorito en mis cuentas, el pundonor, la garra y las recientes actuaciones de Benn ante Chris Eubank Jr. y Regis Prograis le dan argumentos suficientes para pensar en una sorpresa. La veo 60-40 a favor de Ryan y presiento que esta pelea termina por la vía del cloroformo.

Espero fervientemente comer mucho pozole, gritar mucho y llenarme los ojos de boxeo este próximo 12 de septiembre. Porque hay muchas maneras de celebrar a México, pero pocas tan nuestras como hacerlo con un plato de pozole, un grito de Independencia y una gran noche de boxeo.

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