1. Soy armero.

Luis Buñuel no solo era ese realizador tan polémico y profundo que desde siempre celebramos, sino un hombre de múltiples aficiones. De hecho, en sus memorias Mi último suspiro constató: “Me gustan las manías. Las manías pueden ayudar a vivir. Compadezco a los hombres que no las tienen”.

Una de las manías que más cultivó fue su gran fascinación con las armas de fuego. “Tengo muchas armas en mi casa y yo mismo me preparo las balas. Soy armero”.

2. El empistolado.

“Confesaré de paso que siempre me han gustado las armas, desde mi infancia. Hasta estos últimos años, en México siempre llevaba una encima. Pero debo precisar que nunca la utilicé contra mi prójimo.”

3. A cazar hombres.

“Un asesino mexicano es evaluado por el número de vidas que debe. Se dice que debe tantas vidas. Se han conocido asesinos que debían hasta cien vidas. En tales casos, cuando les echa mano el jefe de Policía, no se para en formalismos.

“Durante el rodaje de La mort en ce jardin, a orillas del Lago Catemaco, el jefe de la Policiía local, que había limpiado vigorisamente la región, viendo que al actor francés George Marchal le gustaban las armas y el tiro, le invitó, como si de la cosa más natural se tratase, a una caza del hombre. Había que perseguir a un asesino muy conocido. Marchal rechazó, horrorizado, la invitación.”

4. El “Indio” matón.

“Al regreso del Festival de Cannes en que se había otorgado a una de sus películas el premio a la mejor fotografía (su operador jefe era Gabriel Figueroa, con el que yo he trabajado a menudo), Emilio “Indio” Fernández recibe a cuatro periodistas en la inverosímil casa-castillo que se ha hecho construir en la ciudad de México. Se charla, los periodistas hablar del premio a la fotografía, y él responde que se trata, en realidad, de un premio a la dirección, o de un gran premio. Como los periodistas se resisten a creerle, Emilio insiste y, finalmente, les dice: -Un instante, voy a buscar los documentos.

En cuanto sale de la habitación, un periodista avisado dice a los otros que, sin duda alguna, Fernández ha ido a buscar, no su diploma, sino su revólver. Se levantan y huyen precipitadamente, pero no con la suficiente rapidez, pues el director dispara desde una ventana del primer piso y hiere a uno de ellos en el pecho.”

5. Vasconcelos cargaba fusca.

“La historia de la ruleta mexicana me fue contada por uno de los más grandes escritores mexicanos, Alfonso Reyes, a quien veía con frecuencia en París y España. Me dijo también que, un día, a principio de los años 20, fue al despacho de Vasconcelos, a la sazón Secretario de Estado para la Instrucción Pública, y charló con él unos minutos -siempre sobre las costumbres mexicanas. Antes de concluir, Reyes le dijo: -Creo que, menos tú y yo, todo el mundo lleva aquí un revólver. -Habla por ti, le respondió Vasconcelos, mostrándole un “45” que llevaba oculto bajo la chaqueta.”

6. Tres balazos.

“Se puede matar por un sí, por un no, por una mala mirada o, simplemente, “porque tenía ganas.

Por ejemplo, un hombre espera tranquilamente el autobús. “Llega a Chapultepec” “Sí”, responde el primero. “Y para tal sitio?” “Sí”, responde el otro. “¿Y para ir a San Ángel?” “Ah, no”, reponde el hombre interrogado. “Bueno -le dice el otro-, pues ahí tienes por los tres.” Y le mete tres balazos en el cuerpo, dejándole seco, como habría dicho Breton, un acto surrealista puro.”

7. México.

México y su irremediable cultura del arma de fuego que día tras días se cierne contra las mujeres, las familias, la gente de bien (y de no tan bien.)

Cultura de la barbarie volcada sobre tantos muertos inocentes.

Muertos sin sepultura, con el honor tirado en el fondo de la fosa.

¿Qué le pasó a mi país que no los atiende y no los mira?

¿A dónde llevaremos el espanto de tanta desaparición?

¿Hasta cuándo habremos de llorar a quienes mueren humillados, a balazos o por la cruenta imparable enfermedad?

Google News

TEMAS RELACIONADOS