El cambio climático y las energías renovables

Enrique de la Madrid

La energía es para la economía como el alimento es para el cuerpo: es el combustible que permite que funcionen y se desarrollen los países. Para que los mexicanos tengamos cada vez mejores servicios, mejor internet, educación, salud, alimentación, vivienda y mejores empleos, es necesario incrementar nuestra generación y consumo de energía.

Se estima que el consumo de energía en el mundo se duplicará hacia el 2050, algo que en parte será alimentado por el crecimiento de la economía digital, que es primordialmente eléctrica. 

Por un lado, muchos dispositivos, vehículos e instrumentos que no eran eléctricos ahora lo son, como los motores de autos, las estufas, los calentadores y todo tipo de herramientas de trabajo; además, el internet de las cosas propiciará que cada vez más artículos tengan microchips, que se comuniquen por internet y que se alimenten de energía eléctrica.  

También debemos considerar que la pandemia del covid-19 ha impulsado el teletrabajo, el comercio electrónico, la educación en línea, entre otras tendencias virtuales, por lo que hay y habrá, cada vez más, una mayor demanda de energía eléctrica.

La forma más barata de producir electricidad es mediante fuentes renovables. En el caso específico de México, producir electricidad por medios sustentables es hasta tres veces más barato que con combustibles fósiles, como el combustóleo y el carbón, de acuerdo con los datos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y no ponen en riesgo la estabilidad ni la seguridad del Sistema Eléctrico Nacional.

Además, debido al cambio climático, que es el reto más importante que enfrenta nuestra generación, producir energía de manera tradicional significa un suicidio para el planeta Tierra. Si no reducimos drásticamente nuestras emisiones de gases contaminantes, la temperatura promedio del planeta subirá más de 2 grados centígrados, lo que significa una catástrofe y un cambio radical en el estilo de vida que conocemos.

Cómo me comentó el doctor Mario Molina en una de sus últimas entrevistas, “ya no sólo está cambiando el clima, sino que ya vivimos una emergencia climática”, y “sería una irresponsabilidad gigantesca dejarle a las próximas generaciones un clima en el que no podrían tener la calidad de vida que tenemos hoy”.

También me dijo que “ahora mismo se está planeando el uso de combustibles fósiles, como si se fueran a seguir empleando hasta finales de siglo y eso es un grave error”. Coincido plenamente. Esto es especialmente grave en países como el nuestro, donde tenemos enormes recursos energéticos renovables que estamos desperdiciando.

Entre las principales afectaciones que podríamos enfrentar en México y el mundo están las siguientes: una fuerte reducción de la fertilidad y productividad de algunas zonas agrícolas; inundaciones severas en algunas regiones costeras y asentamientos que ya se inundan con cierta regularidad; huracanes con mayor intensidad y frecuencia;  incendios más frecuentes e intensos; y migraciones forzadas. Incluso, la  comunidad internacional podría implementar sanciones económicas o políticas para aquellos países que mantengan elevados niveles de contaminación.

Tampoco debemos olvidar que la contaminación ya está propiciando muertes prematuras en nuestro país, así como una incidencia en el cáncer de pulmón, problemas cardiovasculares, aumento de la presión arterial, afectando también nuestra capacidad cognitiva.

México tiene todo para convertirse en una potencia energética mundial, siempre y cuando aprovechemos nuestros privilegiados recursos en energías limpias y renovables. Nuestro país ha sido uno de los 10 países más atractivos para la inversión en energías renovables y ello se debe, en parte, a nuestros privilegiados recursos solares, eólicos y geotérmicos; desafortunadamente, el gobierno actual no lo entiende y está minando la confianza de los inversionistas en nuestro país, pero lo más preocupante es que está atentando contra la salud de los mexicanos y contra nuestro futuro.

Por ello, es un tema que nos involucra y compromete a todos, pero sobre todo a la juventud de México y el mundo, quienes más futuro tienen por delante. Me gusta estudiar y entender la historia, pero más me apasiona poder transformar el futuro en uno mejor y eso es lo que está en juego. La mejor manera de enfrentar el futuro es imaginarlo y crearlo juntos. 

En este nuevo mundo, impulsar y defender las energías limpias y renovables no sólo nos conviene económicamente hablando, sino que procura nuestra salud y es sumamente importante para la viabilidad del planeta.

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