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25/01/2020
05:55
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La difusión de información falsa siempre ha existido y, debido al internet, esta se ha propagado como nunca en la historia. Hay enfermedades infecciosas que estaban erradicadas y han vuelto, retrasos en el combate al cambio climático y gente ha muerto por intentar atender sus enfermedades con medios alternativos que no tienen sustento científico. Todo ello, debido a la propagación de información engañosa que ha causado mucho daño en la última década.

La verdad ha perdido respeto y valor entre la sociedad actual, lo cual se explica por varias causas. Para empezar, a mucha gente le conviene difundir mentiras y posicionar ideas de las que se beneficia, por lo que se atreven a manipular la información apelando a emociones y miedos individuales y colectivos.

Por ejemplo, la gente necesita esperanza de que estará mejor y hay muchos dispuestos a vender soluciones falsas para obtener un beneficio de manera fácil. Los manipuladores también pueden aprovechar el enojo de alguien para hacerlo creer en mentiras y sesgar significativamente su juicio.

Otras personas difunden información falsa para atraer una mayor audiencia. Muchos medios de comunicación difunden noticias sensacionalistas, con títulos muy llamativos, que aumentan el número de "clics" para visitar sus publicaciones. A este fenómeno se le llama "clickbait" y erosiona el respeto por la verdad. 

Es común encontrar "clickbait" en títulos que incluyen la frase "está científicamente comprobado que..." o "científicos descubren..." antes de una mentira. Los resultados de muchas investigaciones científicas no son tan atractivos pero algunos medios, políticos y líderes de opinión o influencers están dispuestos a engañar con tal de mejorar sus ingresos económicos, a costa del deterioro en la credibilidad de la ciencia y de la verdad.

A veces estamos tan polarizados en temas polémicos que nos importa muy poco verificar la veracidad de una nota y la difundimos dándola por buena. Pareciera que lo importante es imponer nuestra visión del mundo, reafirmar nuestras convicciones y cínicamente burlarnos de quien piensa diferente a nosotros.

Los humanos, por naturaleza, ponemos más atención en aquellas cosas con las que estamos de acuerdo o son cercanas a nuestras convicciones, preferencias y necesidades; descartamos con mayor facilidad lo que nos contradice. El mundo digital ha facilitado que nos cerremos en nuestras ideologías.

Esto ha sucedido en parte porque todos tenemos nuestras convicciones y nuestros sesgos ideológicos, e internet nos juntó con gente que piensa igual a nosotros aunque se encuentre en otras partes del mundo. Esto facilita dar prioridad a nuestra opinión por encima de la verdad. Además no nos sentimos obligados a demostrar nada, sólo a expresar lo que queramos.

En otras ocasiones empatizamos mucho con alguien a quien respetamos y admiramos, creyendo todo lo que dice. Es bueno empatizar con la gente pero nadie tiene el monopolio de la verdad y nadie es experto en absolutamente todo, por lo que no podemos sustituir el método científico y la confrontación de evidencia con la autoridad moral de alguien para determinar qué es verdadero o falso.

La verdad es muy valiosa. Los humanos no queremos que nos vean la cara o nos mientan con cosas tan delicadas como saber si realmente tienes una enfermedad mortal, si el tratamiento médico que te recomiendan te va a curar, si el dinero que estás invirtiendo efectivamente te ayudará a incrementar tu patrimonio o si el departamento que adquieres en verdad es resistente a terremotos. 

Pero la verdad, así como las libertades y los derechos, no son gratis, debemos defenderlas, especialmente ante los retos que plantea el progreso tecnológico, como en el caso de los llamados "deepfake", videos donde se observa a una persona haciendo y diciendo cosas que realmente no hizo ni dijo. Cada vez más personas tienen la capacidad de crearlos y con el tiempo se van haciendo más realistas y creíbles. 

La mejor manera de combatir la difusión de información falsa es trabajando juntos. Por ejemplo, en la Ciudad de México se difundieron mentiras en redes sociales de edificios que se derrumbaban  durante el terremoto del 19 de septiembre de 2017, por lo que muchos voluntarios se movilizaban a lugares donde no se necesitaba ayuda, lo que causó confusión y más caos.

Para combatir esto, algunas plataformas como Google Maps crearon mecanismos para diferenciar información falsa de la verdadera, pidieron a la gente que ayudara a verificar la información y a denunciar la que era falsa. 

En la actualidad, algunas redes sociales ya han implementado mecanismos para desincentivar la publicación de contenido que puede incitar al odio, a la discriminación o ser ofensivo. También están haciendo pruebas piloto para desincentivar la publicación de información falsa. Para esto usan inteligencia artificial y la colaboración colectiva. 

Otra forma de protegernos es revisar si el autor comparte sus fuentes y si facilita comprobar por ti mismo si lo que dice es verdad. Si debes creerle porque sí, es probable que sea información falsa. En cambio, si es transparente al exponer la fuente o metodología de cómo obtuvo lo que difunde y no tiene miedo a ser auditado, es más probable que sea verdadero, aunque persiste la necesidad de verificarlo.

En la última elección presidencial de Estados Unidos se compartieron más noticias falsas que verdaderas, por lo que estamos obligados a mejorar nuestros mecanismos contra la difusión de mentiras o seguiremos sufriendo las consecuencias. 

La verdad es implacable: a las enfermedades no les interesa nuestra opinión sobre los tratamientos médicos, las padeces o no y se logran combatir efectivamente o no. La fuerza de gravedad actúa, nos guste o no, por lo que los objetos se ven atraídos a la tierra. El clima no se rige por nuestras convicciones, por lo que la comunidad científica internacional coincide en que los efectos del cambio climático es la principal amenaza que enfrentamos como humanidad.

Nosotros somos quienes nos beneficiamos o perjudicamos de la verdad y por eso debemos revalorarla y defenderla para avanzar en la solución de los problemas que tanto nos afectan.

 

Enrique de la Madrid
Enrique de la Madrid Cordero es licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, con una Maestría en Administración Pública de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la...