He escuchado tantas opiniones alrededor de la copa FIFA que, como cada cuatro años, ya hasta me hice fan. Confieso que vi el partido inaugural en un lugar público y sin sonido, por lo que antes de empezar el juego me sorprendió la presencia de Salma Hayek quien parecía estar dirigiendo unas palabras tanto a Gianni Infantino -presidente de la FIFA- como al público asistente en un Azteca a reventar. Sé que es embajadora de varios asuntos y orgullo de México tanto en Hollywood como en París, pero no logro entender qué hacía allí. Las malas lenguas dicen que Claudia y Clara se arriesgaban a ensordecedor abucheo, por lo que le cedieron la palabra a la actriz, pero ¿para qué hacerles caso? No voy a negar que me hubiese encantado estar en el estadio, haciendo la ola, con la cara pintada y camiseta verde de las de Tepito, compartiendo mi refresco con Merlín y su familia, dejándome contagiar de eso que sienten los fans de una copa mundial: camaradería, fiesta, apreciación por la cultura propia y ajena. Y, además, ya calificamos para la siguiente ronda.
Pero hasta aquí mi opinión con respecto a lo que debería ser el tema principal, el objeto de este Mundial, el juego, que en esta ocasión lo interpreto como guarnición, adorno, lo central esta en otro lado. Y no soy la única. De entrada, la FIFA y la avaricia que los distingue, quienes ya desde la copa pasada sacaron el cobre abiertamente con Qatar como anfitriones y futbol en el desierto. ¡Qué buena idea! Será por eso por lo que para la presente copa se ha implementado el tiempo o la pausa de hidratación llueva, truene o relampaguee en lo que puede ser un estadio abierto o uno cerrado con temperatura controlada. Yendo en el metro, dos caballeros justo se pusieron a hablar de eso y que si como en los Estados Unidos son cortes comerciales y que si se rompe el ritmo del juego y demás, nada contentos estos hombres y veo claramente por qué. Y como después de la copa de la paz ya era muy obvio el favoritismo hacia la administración de ese país de Norteamérica, ¿por qué no mejor de una vez repartir los juegos entre los tres países que la conforman? Al fin que la distancia entre las ciudades anfitrionas no es tanta, todas cuentan más o menos con las mismas facilidades y así no quedamos tan mal, decidió Infantino al organizar el Mundial. Sin embargo, creo que los japoneses no estarían muy de acuerdo, ya que según supe dejaron Monterrey y se fueron a entrenar a Nashville.
Qué gusto que siga la hermandad con los coreanos, como encontrar a un hermano perdido de padre distinto, pero hermano, al fin y al cabo. La próxima moda culinaria serán tacos de bistec con kimchi. Bonita idea esa de llevarle gallo a la selección. El Mundial es como una pausa, un paréntesis donde lo que pasa allá afuera no interesa porque lo que más importa es quién mete más goles y quién se divierte a costa de sí mismo como los daneses vikingos remadores o la ola naranja de los Países Bajos. Quien más me ha llamado la atención más que Sandra Cuevas es Lumumba Vea (nombre real Michel Nkuka Mboladinga), ese fan quieto como estatua con un brazo levantado que aparece en los juegos de la República del Congo. Desde 2013, este hombre representa al primer ministro que hubo en la república al separarse de Bélgica y su legado de independencia, dignidad y resistencia, Patrice Lumumba. Su calidad de héroe se recuerda en cada partido y, mientras sigan jugando como lo hicieron contra Portugal, aguas.
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