Amables lectores, lectoras: se acerca el cumpleaños, otra vez y, ahora sí, son oficialmente muchos. Y me cuestan trabajo, ya son números serios, cargados, de esos de los que jamás hubiese pensado en mi adolescencia, un cálculo de años y eventos inconcebibles en aquellos años mozos. Hasta los Beatles escribieron una canción. Pero yo tranquila, agradecida y afortunada.
Entre las ventajas de la edad, que son muchas, existen ciertos elementos que una puede tomar o dejar a según. Por ejemplo, pintarse el pelo. Aunque es una costumbre principalmente femenina, nunca falta el caballero que quiere aparentar menos edad tapándose las canas de cabeza o barba con pintura especial con resultados por lo general obvios y tristes pero, cada quien. Un hombre con canas siempre se ha considerado atractivo, distinguido, seguro de sí mismo y cuyo distintivo cabello lleva con el orgullo y la autoridad que le otorgan. En cambio, hasta hace no tanto una mujer con pelo al natural y canas a la vista era como una bruja en todos sentidos, el sólo hecho de atreverse a no seguir con el convencionalismo de esconderlas la colocaba inmediatamente en el grupo de mujeres descuidadas, desaseadas, con tubos en la cabeza y cigarro entre los labios. Mejor evitarlas. 2026 y nada más lejos de la verdad. Las canas femeninas han alcanzado el mismo estatus que las masculinas, por lo que reinas de belleza como Andie MacDowell o Paulina Porizkova las portan con orgullo. Y ni se diga de la generación X y los últimos boomers, que se mezclan y confunden por igual; la generación a quien nadie hizo caso hasta que empezaron a cumplir los 50 y ahora no los calla nadie. Pero esa es otra historia. A lo que voy es que yo admiro a las valientes y empoderadas que se dejan las canas, las miro con cierta envidia y vergüenza de que yo no estoy lista ni lo estaré, así como mi madre a sus ochenta y tantos no lo está y, mi abuela qepd tenía el pelo perfecto, siempre, sin una sola cana a la vista.
No es sólo el patriarcado sino nociones culturales y de género muy arraigadas en las sociedades occidentales modernas y posmodernas. Son cuestiones de estética y autoestima muy subjetivas; lo que para mí es de mal gusto puede ser lo más codiciado para otra persona. El pelo largo, por ejemplo, tanto en hombres como en mujeres de cierta edad, que si muy largo para ella y demasiado corto para él. Ojalá y todo fuera como el pelo, que crece. Lo que es preocupante es la demanda y familiaridad con que la sociedad ha adoptado y abusado de la cirugía plástica y estética, el marketing de los productos, ungüentos y pociones mágicas para reprimir la imposible carrera contra el tiempo, ese afán de no dejarnos envejecer en paz. Más bien creo que la prolongación de la vida gracias a las nuevas tecnologías, etc., da a veces la impresión de que la vida tiene prórroga y por lo mismo hay que vivir aprovechando todo nuestro potencial y buscando ser la mejor versión de una misma, o algo así. De cualquier manera, la presión es real, si no pregunten a Cameron Diaz, Lisa Kudrow, Jodie Foster, Naomi Watts. La proteína, el carbohidrato, el péptido, el plato de colores, pasta de calabacita o salmón, tanta exigencia y, tomar agua todo el día, electrolitos, cafeína. Luego la arruguita, el ácido, el Botox de ley, el láser de vez en cuando, pero hasta ahí. Como a ellas, me gusta mi cara, cada arruga, cada cicatriz; no me interesa tener otra.
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