Uno de mis parientes ha sido atacado por Cupido. Esta es noticia porque es la primera vez que se le conoce pareja en sus tiernos 26 años. Se les desea lo mejor y explico por qué viene al caso. Desde hace un par de años leo, escucho y escribo de las diferencias entre los sexos. Que si la crisis de masculinidad, que si las feminazis, que si el desamor. Muy poco he mencionado cómo son las mujeres quienes hoy en día “abandonan el hogar, deshacen la familia, piden la separación o el divorcio” etcétera y, por supuesto, siguiendo la tradición, acaban siendo las malas del cuento. Es aquí donde me hago mil preguntas además de que, con todo y a pesar de la experiencia y sentido común, yo insisto en seguir a Cupido y acabo dándome golpes contra la pared.
Creo firmemente que hombres y mujeres somos una especie cuya diferencia es un cromosoma, también por eso nuestro enorme parecido con varios primates, pero esa es otra historia. El caso es que por años hemos mal que bien convivido y esperamos seguir en estas por muchos siglos más, aunque algo tendrá que cambiar. Tengo la impresión de que para mi generación y aquellas cercanas a mí, algo de Gen X, los Jones, algunos boomers, ya no hay remedio, las tradiciones de nuestros padres y hermanos o primas mayores ya no aplican y tampoco es posible seguir con viejos estereotipos y expectativas. Es curioso o es lógico, no estoy segura, que en 2025, por ejemplo, un 60% de los divorcios fueron iniciados por mujeres tanto en España como en México (INE e INEGI respectivamente). Los hombres buscan una mujer tradicional, muchas mujeres queremos más que jugar a la casita, un juego por cierto bastante complicado en el que no me alcanzan las palabras. Y es que conforme pasa el tiempo y los hijos se vuelven más independientes, las rutinas cambian, los anhelos, los sueños, las desilusiones y emociones también se absorben -o no. Y de pronto no hay con quien siquiera comentar estos cambios, se siente una ausencia intelectual y emocional que deja a las mujeres con ganas y necesidad de más atención, comprensión, apoyo. En mi generación ya no sabemos cómo va el juego del amor o, si es un deporte, algún tipo de competencia o qué. El amor romántico, el de las flores y chocolates y abrir la puerta y caminar del lado correcto de la banqueta no aplica y muchas veces es por temor a quedar mal, parecer cursi, y lo que más escondemos: el temor al rechazo. ¿A quién no le ha pasado? Y así como de pronto nos advierten: “¡No le vayas a escribir!”, yo digo ¿qué puede pasar si a mitad del día me acuerdo de él y le mando un meme? ¿Que piense que ya caí? ¿Que asuma que soy demasiado pegajosa, necesitada, latosa? Por supuesto que existe el riesgo de sentirse ridículo… Creo que en el fondo muchos hemos quedado curados de espanto.
Todo lo anterior me remite a mi pariente. Su noviazgo se ha ido forjando sin prisas, a la antigüita, con paciencia y esperanza de que su crush se convirtiese en amor correspondido. Conoció a los padres, los seis hermanos, hizo amistad con el perro. Creo que no hubo gallo, tengo entendido que lo de hoy es irse juntos a correr a las cinco de la mañana. Bien podrían llevar los Romances de Luis Miguel en sus pods. A la santa pareja ya le tocó cumpleaños y a pasos agigantados se encamina la boda (de la cual ya les he platicado y para la que estaba yo buscando +1 pero finalmente he decidido ir sola) y, bailaré con ellos. Ahí le tocará conocer a toda la familia.
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