El sistema político mexicano está diseñado para que sea poco competitivo y el voto se concentre en los grandes partidos nacionales, simultáneamente dificulta en forma contundente las posibilidades de consolidar propuestas locales, grupos de vecinos y propuestas que podrían surgir de la sociedad civil. Esta situación implica que se consolide una elite política, que en forma generosa se podrían llamar políticos profesionales, un conjunto de expertos cuya capacidad no está necesariamente en su vocación de estadista que busca el bien de la comunidad, sino que necesita asegurarse una posición en el próximo período de gobierno, pues salvo honrosas excepciones, es lo único que sabe hacer y es consciente de que nadie lo contrataría en la iniciativa privada o dentro de la esfera pública en posiciones que impliquen un nivel operativo de gestión.
La consolidación de los estados nacionales en el siglo XIX y principios del siglo XX implicó la consolidación de grupos de políticos expertos formados en grupos selectos, los liberales en las logias masónicas y los conservadores en los grupos de laicos relacionados con la Iglesia Católica, como los Caballeros de Colón o más conspirativos en sociedades secretas de creyentes, interesados en frenar el avance de los liberales, quienes cuestionaban con éxito las perspectivas teocráticas de esas épocas. Hacia los años 30 se habían consolidado los estados laicos y la Iglesia Católica aplicó un conjunto de estrategias para consolidar partidos políticos. Estas propuestas se consolidaron después de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) con la fundación de partidos demócrata cristianos, que tomaban como base en la Unión Demócrata Cristiana de la República Federal Alemana, que se propuso con bastante éxito frenar la expansión de los partidos social demócratas y comunistas. Estas propuestas tienen todavía vigencia en varios países europeos e implica una cooperación eficiente entre católicos y protestantes conservadores.
En América Latina el proyecto fracasó pues la cuestión era más complicada y varios partidos demócratas cristianos no pudieron escapar a los procesos de radicalización política de la época, además que algunos que tenían posiciones relevantes se involucraron en golpes de estado, dictaduras militares y actividades políticas poco “piadosas” que los desprestigiaron rotundamente. En otros casos sufrieron procesos de radicalización política, influidos por sectores radicales católicos relacionados con la Teología de la Liberación. Simultáneamente algunos de estos sectores se involucraron y fueron la base de los partidos de ultraderecha.
Cuando muchos pensábamos que el triunfo de los estados laicos era definitivo, surgieron los proyectos políticos evangélicos, que tienen la peculiaridad de que su punto de referencia habitualmente está referido a una rama muy específica de las corrientes evangelicals blancas de los Estados Unidos, quienes habitualmente son aliadas del Partido Republicano. La prensa latinoamericana tiende a confundir a todos los protestantes (que derivan de la Reformas Luterana y Calvinista) con los evangelicals blancos. La diferencia es abismal, los protestantes en general separan radicalmente la Iglesia del Estado, en la perspectiva de dividir el mundo en distintas esferas y haciendo énfasis en el libre albedrío, y algo más preciso, los hombres no estamos en condiciones de definir la Salvación de los “otros” y probablemente menos la nuestra. Por el contrario, los evangelicals blancos norteamericano aspiran a construir una sociedad teocrática, donde todos los seres humanos tendrían que regirse por su particular y no compartida lectura de las Sagradas Escrituras, desde una perspectiva milenarista respaldan al Estado de Israel y su actual política pues están interesados en la Reconstrucción del Templo, para que tengamos el Advenimiento de Jesús y el Fin del Mundo y el Juicio Final. Estos son los mal llamados “cristianos sionistas” (sic).
La mayoría de los protestantes, e incluso los judíos, según las investigaciones de Pew R.C., separan cuidadosamente el antisemitismo, del respaldo a la existencia del Estado de Israel, aparte del apoyo o no al actual gobierno de Benjamín Netanyahu. En México se aceptaron dos partidos políticos, Somos México trata de configurarse como una alternativa opositora al Gobierno de la Cuarta Transformación (4T-AMLO-Sheinbaum), que supere el desprestigio de los partidos opositores. El detalle es que el nuevo partido tiene rostros demasiado conocidos de políticos profesionales. Lo mismo sucede con el otro, en este caso se reclama como evangélico (exPES, CSP-PAZ), pero que respalda la 4T. La mayoría de los evangélicos respalda a la 4T, pero lo hace a través de partidos no religiosos por su propia visión del mundo. Algunos se proponen un manejo clientelar de su feligresía y otros reclaman una república teocrática, que no son quienes votarían por ellos,
Estas son hipótesis, la prueba de las mismas serán en las elecciones intermedias de junio de 2017.
Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH

