La geometría política está de moda y surgen nuevos especialistas cuyos instrumentos de investigación están muy sencillos, si proponen ciertas cuestiones en torno a cuestiones de moral sexual y familiar, o si están de acuerdo con ciertas premisas de convivencia social están en la derecha o en la izquierda. El empleo de lenguajes incluyentes o excluyentes pueden constituirse en elementos diagnósticos inapelables y lo más peculiar, significativos en tanto no necesitan mayor demostración.
Probablemente no sea útil una polémica sobre estos conceptos, sino que me parece más interesante estudiar las razones del éxito político de la derecha y la ultraderecha. ¿cuáles son los resortes culturales que les permiten posicionarse constantemente en los procesos electorales, que son evidentemente resultantes de procesos culturales profundos, con particular éxito en la clase obrera, sectores pobres de las grandes ciudades y personas con alto nivel educativo. El paradigma de que los pobres, los universitarios y los trabajadores son de “izquierda” está severamente cuestionado.
El caso más sugerente es los Estados Unidos, un país resultado de procesos migratorios que le dieron una particular configuración cultural y donde la persecución a los migrantes se ha transformado en estrategia exitosa de campaña electoral. Un aspecto más interesante es la relación que tienen los migrantes con los creyentes, las religiones y las iglesias, que cómo veremos no es lo mismo.
En el continente europeo el asunto toma constantemente un cariz de alta complejidad, pues hasta la primera mitad del siglo XX, Europa expulsó población hacia el continente americano y también generó las elites coloniales en Asia y África. Finalizada la Segunda Guerra Mundial se iniciaron dos procesos divergentes, por una parte, la Unión Soviética y los Estados Unidos iniciaron la Guerra Fria, en paralelo, muchos pueblos desarrollaron movimientos de liberación nacional con un fuerte cuestionamiento a las formas de colonialismo vigentes. China, Corea y Vietnam le apostaron al desarrollo de formas peculiares del “socialismo asiático” y la mayoría de los países de África y Asia se lanzaron al desarrollo de procesos de independencias nacionales que implicaban formas diferentes de organización política y de articulación a sus antiguas potencias coloniales.
La crisis de los proyectos civilizatorios del Primer Mundo se expresa en diferentes variables, la incapacidad para proporcionar trabajos adecuados y bien remunerados a la mayoría de la población, a esto se le agrega la crisis de las economías de los pueblos del Tercer Mundo que tampoco logran mejorar las condiciones de vida de sus poblaciones, pues el desarrollo de las industrias maquiladoras generaron contradicciones al interior de las sociedades, generando una nueva “clase social” de trabajadores para la maquila de exportación, que es explotada, pero a su vez envidiada por los trabajadores tradicionales. Simultáneamente los llamados “tigres asiáticos”, como Corea del Sur, Japón y Singapur, más China y Vietnam lograron procesos de desarrollo que cuestionan la economía del Primer Mundo. También es importante agregar algunos países latinoamericanos que lograron desarrollar importantes economías de escala como México y Brasil.
Evidentemente los beneficios económicos son escasos y la mayoría de la población toma conciencia de la imposibilidad de mejorar sus condiciones de vida y se lanza a la búsqueda de oportunidades en los procesos migratorios, esto lleva al conflicto pues la masa de migrantes tiene visiones del mundo y creencias religiosas distintas a los países receptores, los cuales su vez perciben las diferencias culturales y religiosas como un refugio identitario, un marcador étnico nacional que es manejado por los partidos conservadores como una estrategia electoral que le permita conservar sus posiciones de status frente al crecimiento migratorio. Los “nativos” perciben el fracaso de sus proyectos nacionales y por su parte los migrantes están convencidos (y con razón) que estarán mejor que en sus países de origen.
El choque es cultural, religioso y social, la crisis de los proyectos culturales y sociales de los países del Primer Mundo hace que estos no están en condiciones de incorporar a los migrantes, generándose enclaves culturales y religiosos que los países receptores identifican como amenazantes para su estilo de vida, los medios de información hacen énfasis en el crecimiento de la inseguridad, descalificando masivamente a los migrantes como un peligro para la sociedad, los musulmanes migrantes son identificados como un riesgo para la estabilidad del sistema local y los “nativos” ven como una competencia laboral a los migrantes, dispuestos a aceptar cualquier trabajo con salarios bajos que perjudican a los trabajadores locales. También debemos agregar los comportamientos inescrupulosos de los políticos, quienes ubican la posibilidad de conseguir votos sin proponer mejoras económicas con un impacto presupuestal, basta con gestionar “chivos expiatorios” que no ejercen el voto, a la vez que se descalifica a minorías inconformes.
Lo más notable es que todos estos movimientos se hacen con proclamas de reconstrucción de naciones cristianas, sociedades más seguras y un fortalecimiento de la “vida democrática”.
Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH
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