En un artículo reciente comenté sobre el programa de la SEP conocido como Aprender-en-casa, que tuvo el propósito de compensar la pérdida de una tercera parte del ciclo escolar, causado por el confinamiento de los estudiantes para evitar el contagio del COVID-19. Este programa contempló el uso de programas de televisión, Internet y la plataforma Google/Classroom. Para ello, la SEP tuvo que hacer uso de todos los recursos digitales disponibles, entre ellos los propios, los elaborados en otros países y los de Google. La estrategia suponía el regreso a clases el 1º de junio y el reforzamiento escolar durante mes y medio. Desgraciadamente esto no ocurrió, pues la curva de infectados no solo no se aplanó, sino que se aceleró. Ante esta realidad, la SEP anunció que el ciclo escolar se daba por concluido y que todos los alumnos serían promovidos al siguiente grado escolar, sin mediar evaluación alguna.

No tenemos idea del éxito de este programa, lo que sólo se podría saber si se evaluaran los aprendizajes de los escolares a principios del próximo ciclo escolar, con la prueba Planea (que diseñó el extinto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, INEE). Por ahora, solo nos queda especular sobre los efectos que tendrá el confinamiento de los alumnos. De principio, diría que los aprendizajes esperados disminuirán y que se ampliarán las brechas de aprendizaje entre distintas poblaciones de estudiantes, según: tengan un estatus socioeconómico alto o bajo; pertenezcan, o no, a una comunidad indígena; habiten en una zona urbana o rural; padezcan, o no, una discapacidad física, emocional o mental; tengan, o no, un rezago educativo; necesiten, o no, trabajar para subsistir, etc. En otras palabras, el COVID-19 no afectará por igual a los estudiantes. Se ensañará con los más débiles, vulnerables y desprotegidos; con aquellos que más necesitan de un recinto escolar para compensar las carencias económicas y educativas del hogar de procedencia.

Lo anterior se puede suponer si tomamos en cuenta los datos nacionales sobre el acceso que tiene la población mexicana a las nuevas tecnologías digitales y su disponibilidad en los hogares mexicanos; información que podemos extrapolar para quienes estudian la educación básica. Sabemos que 10% no tienen televisión (cerca de 2.5 millones de escolares), que 50% no tienen una computadora conectada a Internet (cerca de 12.5 millones de estudiantes). También conocemos de la gran limitación que tienen los docentes para utilizar las computadoras con fines pedagógicos, así como de la carencia de “objetos de aprendizaje” y de materiales didácticos disponibles para estudiantes y docentes, en diversas asignaturas y grados escolares.

Si juntamos los factores que favorecen el aprendizaje en casa y los ponemos en una ecuación, veremos que los estudiantes que podrán aprender durante su confinamiento son aquellos que reúnen las tres siguientes condiciones: disponer de una computadora con Internet para su uso personal (en una buena parte del día); tener un docente que sepa utilizar la tecnología digital y que disponga de los recursos pedagógicos correspondientes; y, tener familiares con el nivel educativo y tiempo necesarios para ayudarles en su aprendizaje digital. Sería difícil calcular la proporción de estudiantes que cuentan con estos tres elementos, pero es fácil saber que serán muy pocos y que se concentrarán en aquellos que gozan de condiciones privilegiadas. Aunque no es una regla directa e infalible, puedo decir que entre mayores sean las condiciones favorables para el aprendizaje en casa, mayor es la probabilidad de que los estudiantes aprendan.

En consecuencia, estas condiciones de aislamiento harán más pobres los aprendizajes y agrandarán sus brechas, ya de por sí lastimosas. Doy los siguientes datos para ejemplificar lo anterior. El INEE demostró que, al término del tercer grado de primaria, cerca del 70% de alumnos que asisten a escuelas indígenas (los más vulnerables) no logran adquirir las competencias básicas de aritmética, mientras que solo 13% de los alumnos que asisten a escuelas privadas (los más privilegiados) padecen del mismo problema. Es decir, la brecha entre ambos grupos de estudiantes es superior a 500%. Algo similar sucede en secundaria, donde los estudiantes de escuelas públicas que terminan el tercer grado muestran un nivel de comprensión lectora igual o menor a los estudiantes de escuelas privadas que concluyen la primaria. La brecha aquí es de tres grados escolares.

Desafortunadamente, las brechas de aprendizaje van creciendo con el paso del tiempo, ya que este fenómeno es acumulativo y no es posible recuperar el tiempo perdido (o no ganado). El efecto real del COVID-19 en educación no lo sabremos con precisión, ya que el gobierno de la 4T, además de desaparecer al INEE, canceló las pruebas de aprendizaje con las que se medía el logro escolar. Ante la falta de información del gobierno, destaco la importancia del proyecto Signos Vitales (www.signosvitalesmexico.org.mx), cuyo propósito es fomentar la generación y uso de la información en todos los ámbitos sociales, entre ellos, el educativo.

Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A. C.

@EduardoBackhoff

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