Recurro a la expresión metafórica “destello” para describir las ráfagas de luz surgidas de la reunión denominada En Defensa de la Democracia efectuada en Barcelona el sábado pasado. Ráfagas que por definición se apagan pronto pero que por lo menos abren una ventana de esperanza para que gobiernos progresistas afirmen lazos de solidaridad y promuevan acciones efectivas para enfrentar las amenazas contra el orden internacional provenientes de las políticas militaristas que afectan la seguridad mundial.
Algunas ideas promisorias deben ser la base para actuar como insistió el presidente español Pedro Sánchez y no solamente observar los acontecimientos. Los ejes de la Reunión son altamente sugerentes: reestructurar el multilateralismo; crear una gobernanza digital democrática y combatir la desigualdad.
Compartieron los participantes una idea irrebatible: el orden mundial basado en reglas de convivencia pactadas multilateralmente después de la II Guerra Mundial, no existe más. Las acciones bélicas unilaterales contra Ucrania, Irán, Venezuela y el pueblo palestino han contribuido a su demolición. La inutilidad de la ONU frente a estos fenómenos fue puesta de manifiesto por Lula, de Brasil, en un discurso paralelo a la Cumbre en que reprochó a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad haberse tornado en “los señores de la guerra” en lugar de guardianes de la paz.
Especial satisfacción causa ver que México recupera el espacio que le corresponde en los foros internacionales, en los que la voz de nuestro país ha resonado con honor y dignidad en diversos momentos. A ellos aludió con fortuna Claudia Sheinbaum cuando mencionó la acogida de Lázaro Cárdenas a la emigración española desplazada por la dictadura, lo cual constituyó un elegante e incisivo comentario en favor de la importancia que México ha tenido respecto de las relaciones con España. Muy significativa fue también la referencia al momento en que nos mantuvimos firmes frente a las presiones estadounidenses para romper relaciones con Cuba. El discurso de nuestra mandataria fue impecable. Manejó con gran acierto los calificativos aplicables al efecto que causó en los pueblos originarios la dominación colonial y expresó con claridad los principios constitucionales que rigen nuestro actuar en el ámbito global. Su propuesta sobre la reasignación del gasto militar tiene pocas posibilidades de prosperar, pero apunta a un tema vital para la protección del ambiente: la reforestación, para la cual debería crearse, de un modo u otro, un fondo al que contribuyan todas las naciones. Ojalá siquiera para eso pudiera servir la ONU.
La propuesta de una declaración conjunta contra la intervención militar en Cuba obtuvo el apoyo de España y de Brasil. También fue un acierto proponer que nuestro país sea sede de la próxima reunión a efectuarse el año próximo. Así se fortalece el protagonismo en la escena mundial que nunca debimos de perder.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

