Rostros de la corrupción

Editorial EL UNIVERSAL

Cuando se menciona la palabra corrupción, la mayoría la asocia únicamente con el enriquecimiento ilícito de algún funcionario o con el mal uso de fondos públicos. La conducta corrupta, sin embargo, es más amplia.

En referencia a México, un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos menciona que la corrupción en el país se manifiesta “en formas complejas de relación entre el aparato estatal y el crimen organizado”. El ejemplo evidente es la desaparición de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, en 2014, cuando la asociación entre agentes del Estado y bandas delictivas tuvieron un grave impacto en los derechos humanos de los estudiantes, sus familias y la sociedad en conjunto.

El documento destaca la necesidad de atacar los distintos rostros que adquiere la corrupción: desde el tráfico de influencias y el abuso de funciones hasta el encubrimiento y la obstrucción de la justicia. Propone además establecer plazos amplios de prescripción y la posibilidad de que dicho periodo se interrumpa cuando el presunto delincuente eluda la acción de la justicia. Evitar la impunidad de quien ha cometido actos de corrupción debe ser prioritario.

Como parte de las acciones centrales en el combate a la corrupción, el texto señala que hay elementos que deben considerarse fundamentales; entre ellos, la protección de los denunciantes y los testigos. Si no se garantiza la seguridad de quienes han presenciado actos ilícitos, no podrá generarse una cultura de la denuncia en este tema.

Otro factor clave es la participación de diversos sectores: el sector público —obligadamente—, pero también el sector privado y la sociedad civil.

En México, las acciones para alcanzar un ambiente libre de corrupción no han terminado de consolidarse y no será suficiente la voluntad presidencial para lograrlo. El andamiaje legal y la participación de los distintos sectores de la sociedad son indispensables, nadie debe quedar fuera, todos pueden aportar.

Expertos y organismos nacionales e internacionales —ahora la CIDH— han señalado de manera puntual las formas que adquiere la corrupción y las medidas que pueden adoptarse para combatirla. La ruta la han trazado muchas instancias, no debería ser complicado seguirla.

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