Empresarios del delito

Editorial EL UNIVERSAL

Cantidades millonarias en ingresos por explotación de índole sexual y trata de personas son las que salen a la luz con la serie de 19 denuncias presentadas por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) contra diversos particulares, sitios de internet, redes de trata y establecimientos comerciales con actividades ilícitas.

Nombres que involucran los de casos lamentablemente célebres como los del empresario Kamel Nacif, el del establecimiento Solid Gold, el del sitio de internet Zona Divas y hasta agrupaciones religiosas como La Luz del Mundo, tienen en común el movimiento de grandes sumas de dinero en las que son varios los que se hacen millonarios hundiendo en una miseria económica y espiritual a niñas, niños y mujeres a las que esta forma de neoesclavitud les cambia para siempre la percepción de la vida y que les priva de efectuar actividades que deberían estar realizando como recibir educación, tener actividades sociales y recreativas o hacer vida familiar.

Son delitos en los que están siendo afectados menores de edad con diversos fines, de los cuales el de la explotación sexual es tan solo uno de ellos, pero que también incluyen otras prácticas ilegales como el trabajo pesado, la mendicidad forzada, el tráfico de órganos, la delincuencia callejera, el contrabando, el transporte de estupefacientes, el sicariato y actividades diversas al servicio del crimen organizado.

Para los menores de edad constituye una grave violación a los derechos humanos, sin olvidar las severas secuelas que dejan en su personalidad por verse forzados a ejercer la prostitución o participar en actos de pornografía, mientras que para las víctimas que ya son adultas, se ven inmersas en una red de la que difícilmente pueden escapar, ya que frecuentemente son objeto de maltratos, torturas, chantajes y extorsiones.

Ahora el golpe que desde el gobierno se da a estas redes significa también defender a grupos vulnerables (niños, mujeres, indígenas, migrantes, etc.), que son las víctimas frecuentes de los individuos que se dedican a estas actividades delictivas. También ayuda a cambiar la perspectiva que se tiene de estos empresarios del delito, que amasaron fortunas de dinero malhabido sobre el sufrimiento de otros seres humanos y que así, amparados por el poder del dinero, se sintieron alguna vez inmunes al alcance de la ley y ostentaban su impunidad.

Ojalá que continúen este tipo de acciones contra el delito de explotación y trata de personas, para acabar con este cáncer de la sociedad, por el bien de nuestros niños, niñas y mujeres.

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