Los años veintes

David Huerta

Adviértase que la letra ese en “los años veintes” es clara señal, perfectamente visible y legible, que modifica el singular, convirtiéndolo así en plural: esos años, más de uno, sin la menor duda, que van de 1921 a 1930

Hace unos días, en una reunión pública, dije en voz alta la frase “los años veintes”. Una fracción de segundo después de que las palabras me salieron de la boca, me surgió la duda de si aquello era correcto. ¿Los años veinte o los años veintes? ¿Cómo demonios se dice?

Ante asuntos tan graves como los que agobian a la República, mi duda era nada, menos que nada. Pero era mía y quise enfrentarme al dragón infinitesimal que representaba; no debía hacerlo desarmado, sin embargo, y por ello me armé con una consulta en forma de pesquisa; había que ir a uno de mis libros de cabecera: la Suma de minucias del lenguaje, del maestro José G. Moreno de Alba, libro publicado en 2003 por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

Moreno de Alba murió en 2013 a los 73 años de edad. Era un hombre gentilísimo y un auténtico sabio, lleno de afabilidad, lo que significa que podía uno trabar con él una buena conversación sin que se diera humos de ninguna clase; por eso mismo conseguía ayudar y orientar con aplomo socrático a quienes, como yo —lector de a pie, nada lingüista ni gramático—, le hacíamos consultas intempestivas. Yo lo hacía siempre que me lo encontraba; por ejemplo, en las reuniones que había en el FCE de ciertos comités hoy impensables, grupos en los que se trabajaba en serio por la editorial, por los lectores, por los libros.

La Suma… de Moreno de Alba me aclaró mi duda y aun así dejó volando posibilidades interesantes. Véase, si no, cómo concluye el artículo sobre este asunto (páginas 432 y 433 del libro): “Todo ello (lo que se ha explicado anteriormente) me lleva a pensar que veintes en ‘los años veintes’ está funcionando como sustantivo (en aposición) y que tal vez debería pluralizarse.”

Esa conclusión me animó pues parecía darme la razón, pero dejó abiertas otras posibilidades debido a esa restricción adverbial: “tal vez”. Las dos apretadas páginas de Moreno de Alba sobre todo esto no tienen desperdicio y aquí las comento y las celebro.

Lo bueno de un libro como ese es que utiliza términos técnicos (gramema, desinencia, aposición), pero no intimida ni obstaculiza realmente la lectura; ante esos vocablos, queda siempre la posibilidad de aclararlos con un buen diccionario, despejar la bruma de la propia ignorancia y seguir adelante. Moreno de Alba discurre con precisión en torno a la naturaleza de las palabras “años” y “veinte”; muestra la diferencia entre “los veinte años” y “los años veintes”, frases semejantes pero de sentido muy diferente. Adviértase que la letra ese en “los años veintes” es una clara señal, perfectamente visible y legible, que modifica el singular “veinte”, convirtiéndolo así en plural: esos años, más de uno, sin la menor duda, que van de 1921 a 1930.

Me quedé tranquilo luego de leer esas paginitas de la Suma de minucias del lenguaje. Ni siquiera llegué a abrir, como me lo había propuesto, el Diccionario panhispánico de dudas. Será en otra ocasión.

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