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Dante en Campaldino

David Huerta

Esa noche fatal, Francisco Narciso de Laprida escapó apenas de sus asesinos, ya herido: dice que iba, desorientado, “huyendo a pie y ensangrentado en llano”

Francisco Laprida, héroe de la independencia de Argentina, fue “asesinado el 22 de septiembre de 1829 por los montoneros de Aldao”. Un ilustre descendiente de Laprida, el poeta Jorge Luis Borges, da esa noticia en el proemio sinóptico de su “Poema conjetural”, en el que imagina lo que aquel prócer civilista pensó “antes de morir”.

Esa noche fatal, Francisco Narciso de Laprida escapó apenas de sus asesinos, ya herido: dice que iba, desorientado, “huyendo a pie y ensangrentado el llano”. Esta frase es un verso de 11 sílabas, un endecasílabo perfecto; también es la trasposición de un verso que puede leerse en el Canto Quinto del Purgatorio de Dante Alighieri: “fuggendo a piede e sanguinando il piano”. Aun si se desconoce el italiano, puede uno darse cuenta de que el verso de Borges y el verso de Dante son el mismo. El argentino declara que a su antepasado le ocurre lo mismo que a aquel “capitán del Purgatorio”; así manifiesta con claridad la fuente de ese verso.

El 11 de junio de 1289, Dante Alighieri participó como soldado en la batalla de Campaldino. El combate fue librado entre los gibelinos de Arezzo y los güelfos de Florencia; a este último bando pertenecía Dante. El poeta de la Divina Comedia tenía entonces 24 años de edad. Giovanni Papini le dedica a ese episodio de la vida de Dante un capítulo de su libro Dante vivo: “El poeta batallador”. Ese “capitán del Purgatorio” se llamaba Buonconte de Montefeltro, gibelino de la ciudad enemiga.

Papini se pregunta la razón de que Dante la prestara tanta atención a este personaje. La respuesta a esa inquietud es medio espeluznante: atenido a la autoridad del dantista Nicola Zangarelli, Papini lo dice con todas sus letras: Dante mató a Buonconte de Montefeltro en Campaldino. El mayor poeta de la Cristiandad tenía las manos ensangrentadas; si se quiere, todo ello sucedió en una batalla, pero la conjetura (palabra muy de Borges) de Papini y Zangarelli queda allí, y no parece ninguna exageración.

Hay otros detalles, uno mucho más importante que otro. El último verso del “Poema conjetural” dice “el íntimo cuchillo en la garganta”. Es decir, Laprida está en ese momento muriendo; por eso el poema concluye, dice Borges, pues “la conciencia del protagonista concluye”. En cuanto a Dante y lo sucedido en Campaldino, Zangarelli dice que “tal vez él mismo (Dante) aseguraba que le había dado una estocada en la garganta”. Buonconte murió igual que Laprida. Una cuchillada y una estocada dibujan la repetición de los destinos.

El último detalle del que aquí me ocupo es una curiosidad de los guarismos y las fechas: los años 1289 y 1829 comparten los mismos números; las dos cifras de en medio intercambian sus lugares. Me apresuro de decir que esto no debe significar nada.

540 años separan la muerte del capitán gibelino y del prócer argentino. La poesía envuelve en el tiempo, y más allá del tiempo, esas dos muertes trágicas.

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