El acoso sistemático y la calumnia son ya una práctica indispensable para la oposición. No hay propuestas, no hay agenda más que el show basado en hostigamiento, en eso basan su proyecto. Ya hoy no se trata de que todos prosperen y salgan adelante sino que pretenden que el origen sea destino. ¿En qué momento la aspiración de bienestar y de prosperidad de una nación se convirtió en el agravio de una minoría? Lo que hoy observamos en el discurso de la ultraderecha mexicana no es una propuesta política, sino el asomo de una patología social que busca instaurar un sistema de segregación ideológica que bien podría, si lo permitimos, equipararse a aquella de los años 40’s y hoy llamarse el PRIANpartheid
Y es que, muy similar a aquel sistema oscuro de la década de los 40, hoy resurge con fuerza la idea de que los derechos humanos no deberían ser universales, sino que se señalan o se tachan como accesorios de lujo que deben otorgarse según la ideología, el estatus económico o el abolengo, para nada cuestionable si es que alguien del PRIAN goza de ellos, porque para esa casta si se les tiene permitido. Pretenden colocar en la narrativa un modelo de país donde la marca de la ropa, el lugar al que se vacaciona o la asistencia a un partido se permita o no, según se milite.
Es hora de que desde todas las trincheras se haga un análisis crítico del por qué la oposición monta su agenda en el hostigamiento a las personas que pueden gracias a su trabajo y esfuerzo acceder a lo que creían que eran sus feudos. Esta supuesta casta prianvilegiada se estremece, se desquicia por el hecho de que una persona con determinada ideología disfrute de la misma gastronomía que disfrutan ellos, que entre a un restaurante que creen que es área exclusiva para ellos, que ocupe un asiento en un estadio de futbol como lo ocupan ellos o viaje por el mundo como viajan ellos, porque ahí los encuentran en ni más ni menos que los mismos lugares a los que creen que solo ellos pueden estar o disfrutar, para ellos resulta una verdadera invasión, aluden a una supuesta incongruencia o a la austeridad distorsionando el propio principio. La austeridad en la vida pública es un llamado a no hacer lo que hacían ellos, o sea usar el recurso público para beneficios personales, a no gastar el dinero del pueblo en los gastos personales de las y los servidores públicos, así como lo hacían precisamente los del PRIAN.
Pero el síntoma más peligroso, más alarmante de este PRIANpartheid no es el retorcido clasismo culinario, turístico o social, sino su atentado frontal contra la democracia, así, sin el menor pudor sus representantes hoy ya cuestionan la validez del voto popular. Bajo el disfraz de la meritocracia o las credenciales escolares deslizan la idea de que solo ellos deberían tener el derecho a decidir el rumbo del país; nada más ruin. Bajo esa lógica, qué seguiría, ¿acaso restringir el voto a quienes posean propiedades como en el siglo XIX?
Su proyecto, no es más que un modelo de separación social, clasista y eso sería un retroceso cavernario, primitivo, pero ¿cuánto habría qué ceder y hasta dónde estamos dispuestos a permitir que los derechos se conviertan de nuevo en privilegios? El disfrute de la vida, con todos sus elementos y componentes, el descanso, el turismo, la prosperidad y la democracia misma no pueden tener dueños ni ser exclusivos; el PRIANpartheid es el anhelo de una élite que, al haber perdido privilegios y no poderlos recuperar en las urnas con propuestas, programa ideas, pretende anular al prójimo por decreto de clase. No, la libertad no es exclusiva de una determinada ideología; si no es para todos, simplemente es opresión con otro nombre y eso es lo que pretende, de fondo, ganar la oposición.
Maestra en Derecho Constitucional y Derechos Humanos. @DanielaCordAre
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