El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente ha vuelto a sacudir los mercados energéticos globales, llevando el precio del petróleo a niveles cercanos a los 100 dólares por barril, un incremento superior a 50% en pocas semanas. En México, este fenómeno ya se traduce en aumentos visibles: la gasolina ha subido 7.3% y el diésel 8.7% en apenas un mes. Lo que parece un problema externo comienza a sentirse como un golpe directo al bolsillo.
Los datos recientes confirman la presión inflacionaria. En marzo de 2026, la inflación anual en México alcanzó 4.59%, superando el objetivo del Banco de México (3% ±1). Este repunte está impulsado principalmente por energéticos y alimentos. La inflación no subyacente, que incluye combustibles y productos agropecuarios, se elevó a 5.05%, evidenciando que el encarecimiento del petróleo ya se está filtrando en la economía cotidiana.
El mecanismo es claro: el diésel es la columna vertebral del transporte de mercancías. Su aumento impacta directamente en los costos logísticos, que tarde o temprano se trasladan al consumidor final. Así, el precio del pan, las frutas o los productos básicos comienza a subir. A esto se suma el efecto en la producción agrícola: México importa cerca de 75% de sus fertilizantes, cuyo costo depende del precio de los hidrocarburos. El resultado es un efecto en cadena que convierte al petróleo caro en un “impuesto invisible” para toda la economía.
Ante esta presión, el gobierno mexicano ha recurrido a medidas de corto plazo: subsidios, reducción del IEPS y acuerdos para contener los precios. Incluso se ha fijado un tope al diésel para evitar que supere los 30 pesos por litro. Estas acciones son efectivas en lo inmediato, pero tienen un costo elevado. En 2022, los subsidios a combustibles representaron cerca de 397 mil millones de pesos, equivalentes a 1.4% del PIB. Es decir, se trata de un alivio temporal que eventualmente se paga con menor gasto público o mayor endeudamiento.
La historia reciente confirma los riesgos. En 2017, el llamado “gasolinazo” provocó aumentos abruptos de hasta 20% en los combustibles, detonando inflación y descontento social. Más tarde, en 2022, la guerra entre Rusia y Ucrania volvió a presionar los precios energéticos, obligando nuevamente al uso de subsidios. Cada episodio deja la misma lección: cuando el petróleo sube, México resiente el impacto de forma casi inmediata.
El problema de fondo es estructural. A pesar de ser un país productor de petróleo, México sigue dependiendo en gran medida de la importación de gasolinas y de insumos clave como fertilizantes. Esta vulnerabilidad amplifica cualquier choque externo. Por ello, limitarse a subsidios no resuelve el problema, solo lo pospone.
La respuesta debe ser integral. En el corto plazo, es razonable mantener apoyos focalizados, especialmente en el diésel, por su impacto en la cadena productiva. También es necesario que el Banco de México ajuste la política monetaria para contener las expectativas inflacionarias. Sin embargo, estas medidas deben aplicarse con prudencia para no comprometer las finanzas públicas.
En el largo plazo, la única salida sostenible es fortalecer la independencia energética. Esto implica diversificar la matriz energética hacia fuentes renovables, impulsar la refinación nacional para reducir importaciones, modernizar el transporte y fomentar la producción interna de insumos agrícolas. Son decisiones que requieren inversión y visión estratégica, pero que permitirían reducir la exposición del país a la volatilidad internacional.
El aumento del petróleo es un fenómeno externo e inevitable, pero su impacto no tiene por qué ser devastador. México puede amortiguar el golpe si combina disciplina fiscal con reformas estructurales. De lo contrario, cada crisis energética seguirá traduciéndose en inflación, menor poder adquisitivo y mayor incertidumbre económica.
En síntesis, contener los precios hoy es necesario, pero no suficiente. El verdadero reto es evitar que el próximo shock vuelva a tomar al país en la misma posición de vulnerabilidad. Solo así se podrá proteger de manera efectiva el bolsillo de los mexicanos.
*Académico de la Universidad del Valle de México Campus Zapopan
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