El fatídico atentado en Teotihuacán nos recuerda que vivimos en un país con mucha violencia e inseguridad que se manifiesta cada vez más a menudo incluso en espacios muy concurridos. Ahora tocó en una zona arqueológica, la segunda más visitada de México... El atentado se da en el contexto de una crónica reducción presupuestaria que ha sufrido el INAH desde el sexenio pasado, y no perdamos de vista que esa austeridad también ha mermado las responsabilidades del INBAL. Al menos desde 2022 ha habido cíclicas crisis por amagos y recortes a los presupuestos para seguridad en las dos grandes instituciones que resguardan el patrimonio cultural del país. Pensábamos que los recursos insuficientes podrían tener como consecuencia la pérdida de patrimonio en un robo o saqueo, pero los recientes hechos superan todo: lo que se perdió fue una vida y la tranquilidad de visitar espacios culturales. ¿Ahora qué hará la Secretaría de Cultura para que los visitantes sientan confianza y seguridad en los museos, salas de conciertos y otros espacios que administra? El Mundial es lo de menos, la seguridad debe ser efectiva y permanente. (Escríbanos a columnacrimenycastigo@gmail.com)
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