El canciller Marcelo Ebrard acababa de llegar de una gira por el exterior. Como punto de encuentro, él eligió la casa de un empresario amigo de confianza. Solo había una regla: prohibidos los celulares. Una filtración o imagen rompería cualquier relación o intento de crear lazos.

En la mesa estaban alrededor de 15 personajes. Los encabezaba Claudio X. González padre, uno de los empresarios más atacados por el presidente López Obrador. También había un representante de la familia Slim, dos del llamado Grupo Monterrey, una mujer y un empresario lechero.

Marcelo Ebrard soltó el primer dardo: “En estas circunstancias a mí no me alcanza para arreglarles ningún problema, si creen que sacarán algo de mí, están equivocados”. En respuesta, los empresarios le dijeron que la reunión era para que estuviera con gente que quería diálogo y que tenía preocupación rumbo a 2024. Luego ellos aventaron el segundo dardo: “Todos asumimos que la candidata será Claudia y que nuestra relación con ella, si gana, será una calca de la relación tensa con el presidente López Obrador”.

Marcelo les reconoció su análisis y de nuevo disparó: “Nadie de ustedes me suma, en estos momentos me ayudan estando lejos, no necesito dinero ni espacios”. Los empresarios regresaron con una pregunta: ¿Qué va a pasar si la encuesta favorece a Claudia? El secretario de Relaciones Exteriores presentó dos escenarios: “Si me gana a la buena, me ajusto y veré qué me conviene. Si me mina y me gana a la mala, me iré, analizando para qué me alcanza”.

En ese momento, el grupo de empresarios reveló la primicia del encuentro: “A nosotros nos alcanza para que seas el candidato contra Claudia”. El ofrecimiento no fue recibido con mucho entusiasmo. Ebrard dejó en claro que ese sería el escenario más lejano y que de llegar a concretarse, habría que considerar como condición incluir a Movimiento Ciudadano y a una fracción del Partido Verde.

Finalmente, uno de los empresarios le preguntó si no le afectaba continuar en la cancillería en lugar de ya enfocarse en su campaña. Ebrard respondió que no, que si dejaba al gobierno corría el riesgo de que el Presidente le tomara rencor y que estar fuera abriría las puertas para los ataques de Sheinbaum, con un menor margen de maniobra.

Antes de levantarse de la mesa, Marcelo reiteró que con él habría espacios para el diálogo, la inversión y apoyo. La reunión terminó.

Para la elaboración de esta columna busqué a Marcelo Ebrard, a través de dos personas de su círculo de mayor confianza. Las dos veces me respondió con dos palabras: es falso.

Stent:

Las encuestas semanales que hacen en Palacio Nacional revelan que en semanas recientes, la brecha entre Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard se acortó al grado de un empate, pero la jefa de gobierno sigue liderando para ser la candidata morenista. Esas mismas encuestas revelan que Cuauhtémoc Blanco arrasaría en la Ciudad de México con un 2 a 1.

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