Cada 30 de abril se conmemora en varios países de América Latina el Día de las Infancias (anteriormente conocido como día del niño), una fecha que promueve y protege los derechos de niñas y niños, subrayando la importancia de garantizar un entorno seguro, saludable y propicio para su desarrollo integral. Esta celebración no solo es un momento para la alegría y la diversión, sino también una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que enfrentan las personas más jóvenes en nuestra sociedad.
Desde la entrada en vigor de la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989, los países firmantes se comprometen a garantizar el bienestar de niñas y niños, otorgándoles derechos fundamentales que deben ser protegidos y respetados. Sin embargo, a pesar de los avances legislativos, las brechas en la protección de estos derechos son alarmantes, la violencia, la pobreza, el acceso limitado a la educación de calidad y la explotación infantil, son realidades que afectan a millones de infantes en el mundo.
Este año, el Día de las Infancias se centra en el lema “Voces de la Infancia”, que busca empoderar a niñas y niños para que expresen sus opiniones y participen activamente en la toma de decisiones que les afectan, sin embargo, persiste una brecha que surge de la realidad social, donde sus opiniones suelen ser ignoradas. Particularmente en nuestro país es preocupante la situación de niñas y niños indígenas, quienes enfrentan múltiples capas de vulnerabilidad; a menudo viven en condiciones de pobreza extrema, lo que limita su derecho a expresarse y el acceso a servicios fundamentales como educación, salud y alimentación adecuada.
Por ello, es crucial abordar las desigualdades que perpetúan la vulnerabilidad infantil. La justicia social deberá ser una prioridad, implementando políticas que distribuyan equitativamente los recursos y garanticen que todas las niñas y niños, sin distinción, tengan acceso a oportunidades adecuadas para su desarrollo.
En este contexto el Día de las Infancias debe ser un llamado a la conciencia. Las comunidades, instituciones y familias deben unirse para generar ambientes en los que niñas y niños no solo sean escuchados, sino que también se sientan valorados y tomados en cuenta, para ello la educación constituirá el motor fundamental para este proceso, en la que el fomento al pensamiento crítico, la creatividad y la imaginación sean habilidades esenciales para que niñas y niños puedan expresar sus pensamientos.
En conclusión, el Día de las Infancias no es solo una celebración, sino un recordatorio de que la protección de los derechos de niñas y niños es una responsabilidad compartida; es un día para abogar por el futuro de nuestras sociedades en el que cada niño y niña cuente con la oportunidad de prosperar y ser escuchado. La promoción y defensa de sus derechos deben ser un compromiso diario que trascienda de simples fechas conmemorativas y se convierta en un pilar fundamental de políticas y acciones colectivas; solo de este modo podremos construir un mundo más justo y equitativo para las futuras generaciones. Es tiempo de mujeres.
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